Un feliz día para los amigos de la comunidad #dogmingo y por supuesto a esas lindas personas, amantes de esos divinos animalitos que llamamos perros.
Hoy mi relato es muy distinto al de la semana pasada,ya que el protagonista de este es, como me lo presentara su dulce dueña: "El nuevo miembro de la familia".
Pues si señores, este adorable pekinés, es la mascota de mi amada nieta Caroline,
su papá (mi hijo)se lo llevó de obsequio en la víspera de la noche buena pasada.
Ella enseguida pidió le pusieran una llamada por cámara, para que yo pudiera conocer a la criatura que aumentó nuestra familia.
El dilema surgió a la hora de darle nombre, la mamá de la niña solo observa y rie ante el cómplice diálogo de hija y padre.
Quería darle un nombre que no tuviera la letra " r", pues ellos tienen dificultad para pronunciarla.
La propuesta que duró más tiempo como válida fue "Chase" pero al final, ella, con el peso de sus tiernos cinco años dijo que sería Firulais.
Le dije que en el nombre estaba la letra esquiva, pero se impuso su poder de convencimiento secundado por el amor cuando objeto: "Es que a él le gusta ese nombre, para que no resulte difícil le diremos Firu.
El travieso can, ya tiene en su historial pares de chancletas con un solo lazo, medias dispares por desaparecer una de ellas, cordones de zapatos trozados.
Su última hazaña fue bajar de la cama, parte de la ropa recién lavada que no dió tiempo a doblar, orinar y hacer popó encima de ella.
Pero siempre su dueña está lista en su defensa, alegando que " aún es muy bebé".
Igual me dijo de manera concluyente en cuanto a lo que le señalé del nombre anterior si era menos común, ese que escogió tiene plagada la actualidad de Firulais.
Respondió con firmeza:
" Si, abuela es verdad, pero él no es un Firulais cualquiera, es mi Firu.
A happy day to the friends of the #dogmingo community and of course to those lovely people who love those wonderful little animals we call dogs.
Today, my story is very different from last week's, as the protagonist is, as his sweet owner introduced him to me: "The newest member of the family."
Well, yes, ladies and gentlemen, this adorable Pekingese is my beloved granddaughter Caroline's pet.
Her father (my son) brought him as a gift last Christmas Eve.
She immediately asked for a camera call so I could meet the baby who has joined our family.
The dilemma arose when it came to naming him. The girl's mother just watched and laughed at the conspiratorial exchange between daughter and father.
I wanted to give her a name that didn't have the letter "r," as they have difficulty pronouncing it.
The proposal that lasted the longest was "Chase," but in the end, she, with the weight of her tender five years, decided it would be Firulais. > I told him that the elusive letter was in the name, but his powers of persuasion, supported by love, prevailed when I objected: "He likes that name, so it won't be difficult, we'll call him Firu."
The mischievous dog already has a history of pairs of flip-flops with only one bow, mismatched socks with one of them missing, and broken shoelaces.
His latest feat was getting out of bed, carrying some of the freshly washed clothes he didn't have time to fold, urinating and defecating on them.
But his owner is always ready to defend him, claiming that "he's still very much a baby."
He also told me conclusively that, as to what I pointed out about the previous name, if it was less common, the one he chose is plagued by the current Firulais.
He responded firmly:
"Yes, Grandma, it's true, but he's not just any Firulais, he's my Firu."
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