¡Hola, queridas Ladies! Hoy paso por aquí con el corazón un poco más ligero para compartirles una parte de mi nueva realidad. Como mujeres, a menudo somos el pilar que sostiene la adaptación de toda la familia en tierras extrañas, y hoy quiero contarles cómo he encontrado un refugio de paz y crecimiento para los míos aquí en Brasil.
Mi Nuevo Hogar Espiritual: Encontrando Equilibrio en Brasil
Si me han leído anteriormente, ya saben que hace poco mi familia y yo llegamos a Brasil. Entre todo lo difícil que es el proceso de migración, la adaptación no es solo a un nuevo país, sino también a un nuevo idioma, lo que puede producir un fuerte choque emocional. No todos los migrantes logran adaptarse y pueden sobrevenir problemas de salud como la depresión y la ansiedad.
Como madre, mi mayor preocupación siempre fue la estabilidad emocional de mis hijos en este cambio. Sin embargo, fuimos bendecidos al ser aceptados en un lugar con preceptos de altruismo y compañerismo, enfocados en la superación personal a través del estudio, el trabajo, el deporte y, sobre todo, el cumplimiento de los 10 mandamientos.
¿Cómo sabemos que es el lugar correcto?
El estilo de vida de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días combina mucho con nuestra esencia: el crecimiento personal y profesional es el enfoque principal, así como la transmisión de valores a las generaciones que vienen detrás de nosotros.
Además, en lo personal, este cambio me impulsó a priorizar mi propio bienestar con tres ajustes vitales: dejar el café (que afectaba mi salud gástrica), comenzar a estudiar inglés (un reto académico y profesional) y salir más de casa para evitar el sedentarismo. Para mi familia y para mí, es el lugar correcto; sobre todo para mis jóvenes, quienes merecen vivir experiencias bonitas y tener las herramientas para construir buenos senderos.
Desde muy joven, incluso antes de ser mamá, he creído que la educación comienza en casa. Es nuestra responsabilidad como adultos asegurar que los niños crezcan con salud en todos los aspectos.
Cuidando a las nuevas generaciones
Una de las cosas que más agradezco de pertenecer a esta comunidad es el cuidado hacia los jóvenes. Desde los dos años cuentan con acompañamiento académico de maestras dulces que realizan actividades divertidas. A medida que crecen, se integran a clases de música con coros armoniosos, deportes semanales (voleibol, fútbol, ping-pong), cursos técnicos como administración o idiomas, y actividades recreativas al aire libre. Ver a mis hijos desarrollarse en un entorno tan sano me da una paz inmensa.
Una Casa de Colaboración y Crecimiento
Aunque dicen que la iglesia es como un hospital donde sanar lo que nos agobia, yo prefiero verla como una casa donde todos convergemos. En este poco tiempo, he visto cómo cada uno cuida del otro. Hay una colaboración hermosa y los jóvenes son motivados a ser personas útiles para sí mismos y para la sociedad, creciendo espiritual y personalmente.
Estar aquí es un compromiso con uno mismo y con Dios. Es un espacio de libre albedrío donde, aunque existen normas para la buena convivencia, cada quien decide su camino. E incluso si alguien decide irse y luego regresar, las puertas siempre están abiertas con apoyo para superar cualquier conducta inapropiada.
Además, el intercambio cultural es maravilloso. Compartimos con hermanos venezolanos, brasileros, uruguayos, argentinos y estadounidenses. Cada conversación es un aprendizaje nuevo.
Aún tengo mucho que aprender y paso a paso iré incorporándome a más actividades. El sistema es sumamente organizado, como si estuviese siendo orquestado con perfección.
Las fotos son de nuestro reciente paseo al Zoológico de Curitiba con los jóvenes de la iglesia.
Gracias por leerme y acompañarme en esta evolución.
Siempre con amor, Omidiero ❤️.
- Las imágenes son de mi galería.
- Portada realizada por Gemini.
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English Version
Hello, dear Ladies! Today I’m stopping by with a slightly lighter heart to share a part of my new reality with you. As women, we are often the pillar that supports the entire family's adaptation in foreign lands, and today I want to tell you how I found a haven of peace and growth for my loved ones here in Brazil.
My New Spiritual Home: Finding Balance in Brazil
If you have read my posts before, you know that my family and I recently arrived in Brazil. Amidst the difficulties of migration, adapting is not just about a new country but also a new language, which can cause a strong emotional shock. Not all migrants manage to adapt, and health issues like depression and anxiety can arise.
As a mother, my greatest concern was always my children's emotional stability during this change. However, we were blessed to be accepted into a place with precepts of altruism and fellowship, focused on self-improvement through study, work, sports, and, above all, the fulfillment of the 10 commandments.
How Do We Know It Is the Right Place?
The lifestyle of members of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints aligns greatly with our essence: personal and professional growth is the primary focus, along with transmitting values to the generations following us.
Furthermore, on a personal level, this change prompted me to prioritize my own well-being with three vital adjustments: quitting coffee (which affected my gastric health), starting to study English (an academic and professional challenge), and getting out of the house more to avoid a sedentary lifestyle. For my family and me, it is the right place; especially for my youth, who deserve to live beautiful experiences and have the tools to build good paths.
From a very young age, even before becoming a mother, I have believed that education begins at home. It is our responsibility as adults to ensure that children grow up with health in all aspects.
Caring for the New Generations
One of the things I am most grateful for in this community is the care toward the youth. From age two, they have academic support from sweet teachers who lead fun activities. As they grow, they join music classes with harmonious choirs, weekly sports (volleyball, soccer, ping-pong), technical courses like administration or languages, and outdoor recreational activities. Seeing my children develop in such a healthy environment gives me immense peace.
A House of Collaboration and Growth
Although some say the church is like a hospital to heal what weighs us down, I prefer to see it as a house where we all converge. In this short time, I have seen how everyone takes care of each other. There is beautiful collaboration, and the youth are motivated to be useful people to themselves and society, growing spiritually and personally.
Being here is a commitment to oneself and to God. It is a space of free agency where, although there are rules for peaceful coexistence, everyone decides their own path. And even if someone decides to leave and later return, the doors are always open with support to overcome any inappropriate behavior.
In addition, the cultural exchange is wonderful. We share experiences with Venezuelan, Brazilian, Uruguayan, Argentine, and American brothers. Every conversation is a new learning experience.
I still have a lot to learn, and step by step, I will join more activities. The system is extremely organized, as if it were being perfectly orchestrated.
Photos from our recent trip to the Curitiba Zoo with the church youth.
Thank you for reading and accompanying me in this evolution.
Always with love, Omidiero ❤️.
- Images are from my gallery.
- Cover made by Gemini.
- Translation made by Gemini.