Greetings, everyone.
I prefer working from home, . I always have.
I'm an editor. My job demands absolute concentration. I need silence to read texts, to correct structures, to find those errors that only become apparent when there's no distraction. That's why I prefer working from home.
Besides, doing that requires me to be comfortable, and there's nothing like home.
On the other hand, my ideal schedule is from four to eight in the morning. In an office, that would be quite difficult. No one opens their doors at that hour or accepts that kind of work pace from an employee.
At home, I don't have that problem: I get up, make coffee, and start working before the city has even begun to wake up.
Another advantage is that I don't waste time or money on transportation. There are no buses, no trains, no fuel wasted, and no hours wasted sitting in traffic.
That time belongs to me; it's on my side. I use it to work or to be with my family.
In that sense, I'm my own boss. I manage my own deadlines, choose the projects that interest me and those that don't, and decide how to organize my day. I wouldn't trade that autonomy for a job with fixed hours and constant supervision.
And then there's the most important thing: my family. I work from home, and that means I'm present. I see my children leave in the morning. I'm here when they come back. If someone gets sick, I don't have to ask for permission to be with them. I can also support my wife with daily tasks without everything turning into a logistical negotiation.
It's not a whim, it's not a fad: it's a way of working that suits who I am and what I value.
Leer en español
Saludos, estimadas.
Prefiero trabajar desde casa, . Siempre lo he hecho.
Soy editor. Mi trabajo exige concentración absoluta. Necesito silencio para leer textos, para corregir estructuras, para encontrar esos errores que solo se ven cuando no hay nada que interrumpa. Por eso prefiero trabajar desde casa.
Además, hacer eso requiere de que esté cómodo y no hay nada como el hogar.
Po otro lado, mi horario ideal es de cuatro a ocho de la mañana. En una oficina eso sería bastante complicado. Nadie abre sus puertas a esa hora ni acepta que un empleado tenga ese ritmo de trabajo.
En mi casa no tengo ese problema: me levanto, preparo un café y me pongo a trabajar cuando la ciudad aún no ha comenzado a despertar.
Otro punto a favor es que no pierdo ni tiempo ni dinero en transporte. No hay autobuses, no hay trenes, no hay combustible gastado ni horas muertas sentado en el tráfico.
Ese tiempo me pertenece, está de mi lado. Lo uso para trabajar o para estar con mi familia.
En ese sentido, soy mi propio jefe. Yo gestiono mis plazos, elijo los proyectos que me interesan, cuáles no, decido cómo organizar mi día. Esa autonomía no la cambiaría por un puesto con horario fijo y supervisión constante.
Y luego está lo más importante: mi familia. Trabajo desde casa y eso significa que estoy presente. Veo salir a mis hijos por la mañana. Estoy aquí cuando regresan. Si alguien se enferma, no tengo que pedir permiso para estar junto a ellos.
También puedo apoyar a mi esposa en las tareas diarias sin que todo se convierta en una negociación logística.
No es un capricho, no es moda: es una forma de trabajar que se adapta a lo que soy y a lo que valoro.