Cada uno de nosotros avanza en su vida con miradas o perspectivas que ha ido forjando, producto de su aprendizaje y experiencia, eso nos hace tener una actitud, entendida como un comportamiento particular, que determina nuestra vida anímica. Como afirma la Dra. María Teresa Esquivias Serrano la actitud de los individuos es:
Algo que la hace distinta a los demás, incluso especial.
Sin embargo, muchos no logramos percibirlo y vamos por la vida "en piloto automático", viviendo por inercia, sin analizar qué lo determina, generándose frustración, cansancio o sensación de vacío.
De allí la pregunta del título: ¿cuál es nuestra actitud constante?, ya sea que queramos segmentarla: ante la vida, ante el aprendizaje, etc., o simplemente la generalicemos. Lo pregunto porque la actitud que tomamos nos encuadra ante lo que somos y con los demás, de allí la importancia de saber responder, para saber cómo existir y cómo coexistir.
Es decir, cuando asumimos una actitud, estamos externalizando motivos de acción ante la vida, ya sean estas de quejas, lamentaciones, agradecimiento o felicidad, por ello, saber cuál es nuestra actitud constante nos permitirá evaluar el estado anímico que proyectamos, el impacto social, afectivo o emocional que eso genera, hasta permitirá redireccionar aquello que no estamos haciendo de manera satisfactoria para nuestras necesidades.
Al no reflexionar sobre nuestra actitud, podemos caer en el error de pensar que estamos en final de nuestra historia, asumiendo un comportamiento conformista, justificador o cayendo en un círculo vicioso.
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