Una de las voces femeninas más importantes de la poesía uruguaya, junto a Ida Vitale, es la de Idea Vilariño, nacida en Montevideo el 18 de agosto de 1920. Además de poeta, fue ensayista, compositora, profesora de literatura y traductora (sus traducciones de Shakespeare son muy reconocidas). Perteneció a la llamada Generación del 45, en la se incluyen los nombres de Juan Carlos Onetti, Ida Vitale, Mario Benedetti y Ángel Rama, por nombrar solamente a cuatro destacados integrantes. Tuvo una relación amorosa con el escritor Juan Carlos Onetti, que, según sus biógrafos, la marcó definitivamente.
Su obra poética, compuesta de unos 12 libros publicados en vida, tiene al amor como uno de sus principales motivos. Es emblemático su libro Poemas de amor, de 1957.
Reproduciré a continuación una pequeña muestra de sus poemas, para la cual escogí algunos breves.
Buscamos...
Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.
Comparación
Como en la playa virgen
dobla el viento
el leve junco verde
que dibuja
un delicado círculo en la arena
así en mí
tu recuerdo.
Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos...
Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.
Mediodía
Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta...
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
Ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.
Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.
Ya no será...
Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.
Estamos ante poemas de una sensibilidad muy aguda, de bellas y sencillas imágenes (como la del “leve junco verde”), que nos conecta con un sentido de la existencia necesitado, requerido, sobre todo, por el amor. Este, como el mar –otra de las imágenes nucleares–, está ensimismado, es decir, inmerso en su deseo y su recuerdo, o su ausencia. En él se prefigura también la muerte, que es la pérdida, el abandono, el desconocimiento, la privación.
Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Idea_Vilari%C3%B1o
http://amediavoz.com/vilarino.htm
