Oye, sé que suena cool decir que tienes un mono digital en tu billetera blockchain o que pasas horas en el metaverso como si fueras el prota de Ready Player One. Pero vamos, ¿alguien ha parado a pensar en lo que hay detrás? Te lo cuento sin filtros: mintear un NFT en Ethereum (antes de que se volviera un poco más verde) gastaba más energía que un país pequeño. Sí, como lo oyes. Y aunque ahora algunos blockchains son más eficientes, la moda de los NFTs ya dejó una huella de carbono que haría llorar a Greta Thunberg.
Y no me vengas con que "es arte moderno". ¿Arte? El 95% de esas imágenes pixeladas hoy valen menos que un chicle pegado en un parque. ¿Recuerdan los Squid Games Token? Pum, estafa. ¿Los Bored Apes? Muchos millonarios, sí… pero más gente perdiendo ahorros en proyectos que colapsaron más rápido que un castillo de naipes en un huracán.
Ahora, el metaverso… Meta (antes Facebook, que por algo se cambió el nombre) invirtió 10 mil millones en esto mientras despedía a miles. ¿Ironía? Total. Y no hablemos de la salud mental: hay estudios que dicen que pasar horas en mundos virtuales puede aislarte más que una cuarentena en 2020. ¿En serio queremos que los adolescentes vivan más en avatar que en la vida real?
Pero ojo, tampoco soy un hater sin remedio. Los NFTs le dieron voz (y dinero) a artistas que nunca hubieran vendido en una galería tradicional. Y el metaverso podría ser útil para cosas serias, como entrenamientos médicos o conciertos globales sin huella de carbono. El problema no es la tecnología, es que la usamos como niños con un lanzallamas: sin control y por puro hype.
Al final, la pregunta es: ¿vamos a dejar que el capitalismo de los criptobros convierta todo en especulación y humo digital, o aprendemos a usar estas herramientas sin quemar el planeta y nuestras cabezas? Y tú, ¿comprarías un NFT sabiendo que, probablemente, en dos años valdrá lo mismo que un screenshot de Instagram?"**