Mi Infancia es un tema que no suelo tratar y sinceramente no recuerdo casi nada de ella, pero en algunas ocasiones llegan recuerdos fugaces a mi memoria de momentos muy bonitos donde siento que realmente era feliz; sin embargo, en este post no les hablaré sobre esos momentos, sino que les contaré una anécdota de cuando era muy pequeña y aunque al contar la historia suene trágica, en mi inocencia en ese momento sentí un momento de liberación y a día de hoy cada que mi familia cuenta lo que sucedió, las risas no faltan y creo que pasara muchos años y las risas siempre estarán al momento de contar este recuerdo extraño.
Desde que nací siempre me acostumbraron a mí y a mi hermano a ir todos los años sin falta a la playa y eso se convirtió en una tradición familiar e incluso muchos vecinos iban con nosotros a esos viajes, recuerdo que fuimos un septiembre del año 2011 a una playa increíble de Venezuela, Yo tenía 11 añitos y estábamos muy emocionados por estar en el mar y al llegar mi bisabuela tenía un presentimiento extraño y estaba más sobre protectora de lo normal con todos.
Ese día simplemente llegamos y nos lanzamos al agua todo el santo día, salíamos a comer y luego al agua otra vez, el mar estaba tranquilo, pero lo extraño es que llegaba una frialdad en los pies y era algo que nosotros no le prestábamos atención a pesar de ser la primera vez que sucedía, pero mi bisabuela decía que no era normal, asi que de un momento a otro ella comenzó a sacarnos uno por uno del agua aun siendo bastante temprano para partir.
Recuerdo que yo estaba super molesta porque quería estar más tiempo en el agua y estaba mirando fijamente a la lejanía, de un momento a otro vi cuando mi tía junto a su marido salieron del agua y es en ese momento donde el Mar decide recogerse, yo miraba fijamente como el agua retrocedía cada vez más y de un momento a otro comenzó a sonar algo muy fuerte.
Tanto mi familia como yo pensamos que ese sonido era generado por algún barco cerca, pero en ese momento ningún barco y ningún yate estaba pasando; ese sonido era como de tambores y la arena comenzó a hundirnos, cuando comenzó a ocurrir esto los salva costas y militares enloquecieron y comenzaron a sacar a las personas que estaban en el agua. El Mar enfureció y la tierra comenzó a temblar, las olas crecieron y yo simplemente me quede con la vista fija en él, viendo como todo se salía de control y la gente corría intentando alejarse lo más que podían de ese Mar enfurecido.
Fue en ese momento donde mi alma se sintió liviana, no sé cuanto tiempo duro el temblor, pero yo lo sentí como si hubieran pasado horas. Recuerdo que mis vecinos entraron en pánico y salieron corriendo, pero mi familia se mantuvo unida y serena, viendo como todo se salía de control mientras nosotros esperábamos a que el temblor se calmara, no sé por qué no entramos en pánico como las demás personas, quizás hemos visto tantas películas de catástrofe que ya sabemos que el correr no solucionara absolutamente nada.
Sé que este recuerdo no es muy bonito, pero es uno que siempre está presente en mi memoria y después de muchos años mi alma no se ha sentido tan ligera como se sintió en ese momento, aún no entiendo el porqué sucedió, quizás fue el miedo y el shock lo que hizo que actuara de esta manera. Ya han pasado exactamente 11 años de este acontecimiento y cada septiembre vamos a la misma playa, cada septiembre estamos pendiente de señales que nos indique que pueda volver a ocurrir, pero, sin embargo, esto no opaca la felicidad que sentimos al volver cada año al Mar.
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