“Posiblemente no estemos donde queremos, pero no estamos donde comenzamos”.
A veces me pierdo en la cuenta de lo que falta. Me descubro midiendo la distancia entre mis manos y los sueños que todavía cuelgan lejos, y en ese ejercicio, el pecho se me llena de una nostalgia extraña por lo que no fue y una añoranza casi física por lo que aún no llega. Es una forma de habitar el tiempo que no siempre es amable; es enfrentarse cara a cara con la versión de uno mismo que se exigió demasiado y hoy se siente, de pronto, en un lugar que no reconoce.
Hay una desesperación muy particular en el "todavía no". Pero justo en medio de ese ruido, cuando el sentimiento de no haber alcanzado la meta se vuelve más pesado, encontré un pensamiento que no me angustia, sino que me sirve de ancla: "no estoy donde quiero, tampoco dónde comencé".
Esa frase me calma porque me obliga a mirar el suelo que ya he pisado. Si miro hacia atrás, ya no estoy en el punto de partida; mis pies han ganado cicatrices, pero también firmeza. Esta historia no ha bajado el telón. Todavía queda aire para aspirar a esa cumbre de la experiencia, ese peñasco que hoy se ve envuelto en bruma e inalcanzable, pero que está ahí, esperando.
Sé que no es solo cuestión de desearlo, sino de la praxis correcta, del paso constante y consciente. El viaje sigue, y mientras haya camino, hay posibilidad. No estoy en la cima todavía, pero definitivamente, ya no soy quien era cuando todo esto empezó. Lo que un día soñé no ha desaparecido, solo se está cocinando a fuego lento.
Cuando empecé a realizar contenido para divulgar la psicología como ciencia.
Cuando estuve apartado de las ciudades y medite en el bosque por medio de un campamento de jóvenes.
Y sonrió porque la vida es buena y nunca me ha faltado una cena, aunque todo salga mal nunca me puedo quejar.
"A veces nos castigamos por lo que falta, olvidando lo que ya hemos caminado. Y tú, cuando miras hacia atrás... ¿puedes ver cuánto has avanzado desde que comenzaste, o todavía te pesa más la sombra de lo que falta por lograr? Me encantaría leer tu perspectiva en los comentarios."
Contenido original
Sometimes I get lost counting what’s missing. I find myself measuring the distance between my hands and the dreams that still hang far away, and in that exercise, my chest fills with a strange nostalgia for what wasn't and an almost physical longing for what has yet to arrive. It is a way of inhabiting time that isn't always kind; it’s facing head-on the version of myself that demanded too much and today feels, suddenly, in a place I don't recognize.
There is a very particular despair in the "not yet." But right in the middle of that noise, when the feeling of not having reached the goal becomes heaviest, I found a thought that doesn't distress me, but serves as an anchor: Posiblemente no estemos donde queremos, pero no estamos donde comenzamos.
That phrase calms me because it forces me to look at the ground I’ve already trodden. If I look back, I’m no longer at the starting point; my feet have gained scars, but also firmness. This story hasn't lowered the curtain yet. There is still plenty of air left to aspire to that peak of experience, that crag that today looks shrouded in mist and unreachable, but is there, waiting.
I know it’s not just a matter of wanting it, but of the right praxis, of the steady and conscious step. The journey continues, and as long as there is a path, there is possibility. I’m not at the summit yet, but I’m definitely not who I was when all of this began. What I once dreamed hasn't disappeared; it’s just simmering.