En el orden Neuroptera se encuentra la familia Chrysopidae (crisópidos o crisopas verdes o crisopas), que es la segunda familia más rica en especies del orden, con 1.416 especies agrupadas en 82 géneros, aunque periódicamente se describen nuevas especies y géneros. Esta familia se divide tradicionalmente en tres subfamilias existentes: Apochrysinae, Nothochrysinae, Chrysopinae y la subfamilia extinta Limaiinae. Las especies en cada subfamilia se distinguen por una combinación de venación alar (venas en las alas), cabeza y caracteres genitales. La mayor subfamilia es Chrysopinae, que incluye el 97 % de todas las especies de crisópidos, distribuidas por todo el mundo con más de 1.350 especies en unos 70 géneros. Esta subfamilia se subdivide en cuatro tribus, Leucochrysini, Belonopterygini, Ankylopterygini y Chrysopini. La tribu Chrysopini contiene la mayor diversidad.
Es de hacer notar que la taxonomía de la familia Chrysopidae no es muy estable, ya que muchas especies constantemente son descritas y las especies previamente descritas son reexaminadas, ocasionando asignaciones genéricas y reconociendo sinonimias, y aunque existen claves de determinación taxonómica para la familia Chrysopidae, la diferenciación de las especies requiere un examen cuidadoso pues algunos géneros son muy uniformes morfológicamente. En tal sentido, no logré determinar la especie de la crisopa que muestro en las fotografías, sino solo hasta el nivel de tribu. Taxonómicamente, la crisopa se encuentra en el orden Neuroptera, familia Chrysopidae, subfamilia Chrysopinae, tribu Chrysopini.
La mayoría de los géneros de la familia Chrysopidae están ampliamente distribuidos geográficamente y algunos tienen una distribución restringida dentro de una región biogeográfica concreta. También parece haber una fuerte división de géneros entre el Nuevo Mundo y el Viejo Mundo, con relativamente pocos géneros presentes en ambos, y muy pocos con distribuciones verdaderamente a nivel mundial.
En la familia Chrysopidae los adultos son insectos de tamaño moderado, con cuatro alas no iguales y las alas anteriores pueden medir entre 6 y 35 milímetros. Las especies de la familia se distinguen típicamente de otras familias de crisopas, por ejemplo, las crisopas pardas de la familia Hemerobiidae, por su coloración verde y sus grandes alas membranosas con una venación característicamente modificada. Cabe destacar que estos insectos son delicados.
Los huevos de los crisópidos son ovalados, blancos, amarillos o verdes, su tamaño oscila entre 0,7 y 2,3 milímetros y suelen depositarlos en el borde de un pedúnculo de seda que utilizan para protegerlos (a excepción de las especies que pertenecen al género Anomalochrysa, que ponen huevos sin usar un pedúnculo). Es de nacer notar que se supone que el pedúnculo desempeña una importante función defensiva o nutricional para la larva recién eclosionada y su longitud es una característica específica de la especie que puede variar de 2 a 26 milímetros y a su vez está influida por el tamaño corporal de la madre, así como por las condiciones ambientales.
La hembra suele poner los huevos solos o en racimos en la parte inferior (envés) o en la parte superior (haz) de las hojas o brotes, donde hay abundante alimento que facilita a larvas jóvenes su descubrimiento. Las larvas tienen 3 estadios larvarios y una vez completado el desarrollo larvario, la larva de tercer estadio completamente desarrollada hila un capullo y permanece en su interior hasta la emergencia del adulto. Los capullos suelen colocarse en la planta, en el interior de hojas enroscadas, sobre las hojas o en el suelo. El desarrollo del capullo suele durar 1 o 2 semanas.
Cabe destacar que entre los insectos, el hábito larvario de camuflar o proteger el cuerpo con material orgánico o inorgánico exógeno, es decir, el transporte de desechos, es un atributo de comportamiento elaborado. De esto existen ejemplos en una gran variedad de órdenes de insectos, como Hemiptera, Trichoptera, Lepidoptera, Coleoptera y Neuroptera. En el orden Neuroptera, dentro de la familia Chrysopidae, este comportamiento se da en la mayoría (aproximadamente el 65 %) de los géneros para los que se conocen las larvas, y parece estar estrechamente asociado con la diversificación evolutiva de la familia.
Las larvas de crisópidos pueden dividirse en 2 grupos en función de su morfología y comportamiento. En el primer grupo, las larvas que transportan desechos, restos o basura, recogen con sus piezas bucales varios trozos de material vegetal, exoesqueletos de artrópodos o presas muertas y los colocan en su dorso, formando así un pequeño “paquete de basura” que se supone las protege de las hormigas y otros enemigos naturales. En el segundo grupo, las larvas que no transportan desechos en el dorso, y en consecuencia, se consideran como “desnudas” o “no portadoras de restos”.
La tribu Chrysopini de la subfamilia Chrysopinae, que como comenté anteriormente, es la mayor y más diversa dentro de la subfamilia Chrysopinae, muestra una amplia gama de variaciones en los hábitos de las larvas como portadoras o transportadoras de desechos y en las modificaciones morfológicas asociadas. De los 27 géneros de la tribu Chrysopini de los que se conoce su condición de “portadores de desechos”, 17 están clasificados como “portadores de desechos”, mientras que los otros 10 géneros presentan larvas “desnudas” u ocasionalmente “portadoras de desechos”.
En los géneros de la tribu Chrysopini “portadores de desechos”, todas las larvas tienen cuerpos engrosados o globosos y tubérculos laterales torácicos y abdominales bien desarrollados, pero no especialmente alargados. Normalmente, el metatórax tiene una hilera de 4 o más cerdas o pelos modificados que son prominentes, y cada uno de los 6 a 7 segmentos anteriores del abdomen tiene 2 a 3 hileras de cerdas dorsales que son ganchudas, o están modificadas de otra forma para sostener el material (los desechos se enredan en los tubérculos y las cerdas). A pesar de estas similitudes entre los géneros de la tribu Chrysopini que “transportan residuos”, existen diferencias notables. Por ejemplo, la forma del cuerpo larvario, en concreto, el grado de engrosamiento y la altura del mesotórax y el metatórax, así como el tamaño del primer segmento abdominal, varía notablemente entre varios géneros “portadores de residuos”.
Los géneros de la tribu Chrysopini “no portadores de desechos” o con larvas “desnudas”, suelen tener cuerpos estrechos y relativamente planos, y ocasionalmente los tubérculos laterales moderadamente engrosados están ausentes, son pequeños, hemisféricos o están bien desarrollados y son casi cilíndricos, y los tubérculos laterodorsales abdominales pueden estar presentes, estar reducidos o ausentes. Algunos géneros son consistentemente “desnudos” o “mayormente desnudos”, y algunas especies que a veces habitan en las flores pueden quedar "abundantemente salpicadas de polen". En algunos géneros el grado de desnudez varía entre especies y el estado larvario.
Las larvas de todas las especies, así como los adultos de ciertas especies de la familia Chrysopidae, son depredadores (arborícolas) de varios artrópodos de cuerpo blando, como áfidos (pulgones), cóccidos y ácaros, y debido a su importante papel en los programas de control biológico, las especies de la familia Chrysopidae son las más estudiadas entre los neurópteros (orden Neuroptera). Debido a sus hábitos alimenticios larvarios polífagos, los crisópidos se consideran importantes enemigos naturales de varias plagas además de los pulgones, cóccidos y ácaros, como las moscas blancas, cicadélidos (familia Cicadellidae), psílidos (familia Psyllidae), huevos y larvas de los órdenes Lepidoptera, Coleoptera, Diptera e incluso del orden Neuroptera. La localización de las presas suele ser aleatoria, pero también hay casos en los que ha estado mediada en cierta medida por la melaza producida por la presa.
Su eficacia como depredadores en parte es debido al “paquete de desechos” que sirve como camuflaje, permitiendo a las larvas acercarse más sigilosamente a sus presas, además de protegerlas físicamente de depredadores, parásitos y otras especies de su mismo género (congéneres). Cabe agregar, que la mayoría de los crisópidos adultos no son depredadores, no se alimentan de insectos sino de alimentos derivados de las plantas, como néctar y polen, así como de melaza de insectos (por ejemplo, la melaza de pulgones y cóccidos). Se han encontrado granos de polen en cantidades relativamente altas en el sistema digestivo de adultos en algunas especies y también esporas de hongos y levaduras. No obstante, se cree que algunas especies son carnívoras.
Por otro lado, las crisopas tienen 2 tipos de audición. El primer tipo es por la presencia de un órgano timpánico que se encuentra en la base de la vena radial de cada ala anterior. Ese órgano timpánico es el más pequeño conocido y se encarga de recibir las señales ultrasónicas de murciélagos insectívoros (funciona exclusivamente en la detección de murciélagos); lo que les permite no ser depredadas por ellos. Las señales ultrasónicas a baja frecuencia emitidas por los murciélagos insectívoros hacen que la crisopa detenga su vuelo y caiga, y a medida que el murciélago sigue acercándose, su señal aumenta de frecuencia; la señal de alta frecuencia hace que la crisopa abra las alas rápidamente y vuele, facilitando así su huida. El segundo tipo de audición, es la percepción de sonidos de baja frecuencia emitidos por el sustrato durante el cortejo que se realiza a través de órganos escolopidiales formados por unidades llamadas escolopidios, que son estructuras sensoriales complejas que tienen estos insectos especializadas en percibir cambios de presión y vibración del medio. Los órganos escolopidiales se encuentran en las patas.
Finalmente, los diferentes géneros de crisopas verdes utilizan una gran variedad de sonidos y vibraciones de baja intensidad para establecer una comunicación acústica. Unas especies usan la estridulación que se produce por causa de hileras de estrías en los márgenes laterales del esternitos abdominales (segundo y tercero) junto con una hilera de tubérculos verrugosos en la superficie interna de cada fémur posterior. Los movimientos verticales del abdomen hacen que las estrías rocen los tubérculos femorales, produciendo un sonido. Varias especies utilizan el aleteo de las alas durante el cortejo y el apareamiento. Este comportamiento parece ser consecuencia de una vibración abdominal particularmente vigorosa cuyo efecto es producir un crujido suave pero claramente audible. Otro tipo de comunicación acústica es la percusión, que consiste en producir zumbidos audibles, golpeando con fuerza contra el sustrato, los márgenes costales modificados de alas traseras vibrantes. En este caso, solo el macho tiene la celdilla en la parte externa del ala (pterostigma) engrosada en forma de martillo necesaria para la señalización o envío de la señal. Los machos llaman vigorosamente en presencia de las hembras, y son capaces de producir los sonidos aéreos más fuertes de cualquier neuróptero. También se pueden encontrar sonidos percusivos en crisopas que tiemblan; en estos casos, el abdomen tembloroso golpea periódicamente el sustrato, normalmente al final de un canto que consiste en una sola descarga larga o muchas descargas cortas. El sonido que se escucha es un tic-tac o traqueteo de baja intensidad. La forma predominante de comunicación acústica en las crisopas verdes es la tremulación o temblorosa vibración abdominal.
Existe un video compilado de la crisopa.