Vivimos en un mundo donde lo visible y tangible tiene mucho más valor que lo no palpable, y esto se ha convertido en un gran problema de salud (física y mental), aunque a muchos les cueste entenderlo.
Por ello, las palabras, las emociones, y todo eso que no decimos terminan teniendo un gran peso en nuestras vidas, porque determinan en gran medida nuestro actuar hacia otros, así como con nosotros mismos. Esta iniciativa Lo que callamos, un peso en el alma y el cuerpo que nos ha traído en esta oportunidad es muy potente, porque nos permite analizar algunas cosas que debemos considerar y que es probable no nos hayamos detenido a observar.
Desde hace mucho tiempo tengo un especial interés en la salud mental, leo al respecto, y analizo situaciones que vivo a diario, y tengo plena convicción de que la Salud Mental es algo a lo que debemos prestar atención desde muy temprana edad, porque de no hacerlo terminaremos con muchos males físicos que -aparentemente- no tienen explicación lógica, bien lo decía Sigmund Freud:
"Lo que no se expresa con palabras, se expresa con síntomas."
Y es una gran realidad, lo dijo este psicólogo en el siglo pasado, pero ahora no deja de tener vigencia. Partiendo de todo lo anterior, poner en práctica el hecho de expresarnos libremente, para evitar acumular esa carga en nuestro cuerpo es un acto de autorresponsabilidad, pero es necesario que aprendamos a tener muy claro que no se trata de decir las cosas sin que me importe lo que otros sientan, sino de aprender a comunicarnos desde el respecto.
Si me ha llegado a pasar que en las noches por alguna razón me despierto en plena madrugada y a mi mente llega ese momento en particular que me generó alguna incomodidad, pero preferí callar, y mi mente se va a una hipotética resolución o de como debí dirigirme a determinada persona en ese momento, pero ya ha pasado, ya no hay vuelta atrás, pero si en plena madrugada eso llega a mi mente, quiere decir que tiene un peso emocional, y que así no nos percatemos, nos hace daño.
Hace unos 3 años, fui un día a prestar un apoyo voluntario en una actividad, iba con la intención de estar no más de 5 horas, porque tenía algo que hacer, pero la persona que organizó el evento de apoyo, donde iba como médico, prácticamente me comprometió delante de algunas personas a quedarme, con una frase de algo así como "no depende de mí, depende de él si quiere apoyarles o no", me sentí comprometido, porque en efecto, tuve la disposición de ir a apoyar sin ánimo de lucro, pero tenía un compromiso personal, razón por la cual no quería extender mi estadía en el evento.
Me causó molestia, porque siento que fue una manipulación pública, usando una estrategia que no me agradó en lo absoluto. Duré dos horas más de lo previsto, tuve que retrasar mi compromiso, y salí del lugar sin despedirme de esta persona que era mi enlace con ese evento. Luego de eso, me guardé mi incomodidad, no dije nada, pasé un año sin verle, ya que lo evité, pero sí que me generó incomodidad, hasta el punto de que no presté más apoyo de ese tipo.
Y casi año y medio después me lo encontré, se dio todo de manera tal que era imposible que no tuviera que escucharme lo que tenía que decirle. Le dije, desde el respeto, lo que había generado en mí con su actuar, le hice sentir mi molestia e incomodidad desde ese momento, aceptó que fue un error que el hiciera eso, pero debo decir que después de hablar con el me sentí mucho más tranquilo.
Por lo que puedo decir que soltar esas cargas emocionales que tenemos nos ayuda mucho, no es que no dormía por eso, o que no comía, obvio que sí, pero, aunque no era constante la molestia, estaba ahí haciendo lo suyo, incomodando y no fue sino hasta que lo solté que logré despojarme de ello. A veces me pregunto ¿cómo podemos contabilizar el daño que algo como eso nos produce en el cuerpo?
Siempre necesitamos números, datos, para poder saber resultados, pero en lo emocional es difícil hacerlo objetivo, llevarlo a números, por lo que puede restársele importancia, no podemos decir daño mi salud interna un 10%, ¿cómo obtenemos ese valor?, pero el hecho de que como seres humanos tengamos esa limitación de cuantificar no quiere decir que no nos hace daño.
Tal como lo ha escrito : "Aprender a expresar lo que sentimos, puede ser un proceso liberador, aunque asuste", y hay que hacerlo, hay que atreverse a desprenderse de lo que nos daña, y en el plano emocional es mucho lo que la mayoría debemos trabajar. La comunicación es la base de la interacción humana, entonces debemos prestar más atención a esto, cultivarla como un arte, porque en realidad lo es.