Hay en el folklore popular demasiadas frases que nos las enseñan desde niños y que se te quedan grabadas en el subconsciente, aunque nunca te hayas puesto a pensar detenidamente en lo que quieren decir. La frase "aunque la mona se vista de seda, mona se queda" es uno de esos dichos populares que todos hemos escuchado alguna vez. Hace poco me encontraba hablando con un amigo que es docente, y no recuerdo el porqué, pero tocamos el tema del significado de esa expresión.
Luego de un rato hablando llegamos a la conclusión de que la frase es una invitación a reflexionar sobre la superficialidad, las apariencias y la esencia. Pero, ¿Qué significa realmente y de dónde viene esta curiosa frase? Vamos a desmenuzarla un poco.
<<<<< Vayamos al origen de la frase >>>>>
Hay que entender que es una especie de refrán, que alude a algo más profundo que su simple significado literal. En pocas palabras, significa que no es una expresión que podamos o debamos tomar en forma literal, sino metafórica. Como tal, el significado de la frase se conecta con algo -una situación o cosa- que existe dentro del humano vivir.
Pero para poder hacernos con el significado metafórico de la frase, debemos entender lo que dice también en un sentido literal. Siendo así nos preguntaremos, ¿Qué es una mona? ¿Pero quién no sabe lo que es un mono? ¿Quién no puede entender que se refiere a un tipo de primate? Pero allí debe entrar el análisis, para percatarnos de que en el uso coloquial, el mono es sinónimo de alguien que puede hacer gala de un poco de torpeza o que no se ajusta a ciertos estándares.
La imagen de una mona vistiéndose con seda evoca graciosamente la idea de que, aunque intente verse elegante y sofisticada, en su esencia la mona es un animal que no cambiará, que siempre seguirá siendo y actuando como lo que es, porque está en su naturaleza y no lo puede evitar. La frase es usada mucho para hablar de lo que pasa cuando pones ropas elegantes a alguien que no tiene educación, ni cultura, ni buenos modales, ni clase. Pasa que no solo es anticuado, sino que es ridículo e inútil; a razón de que su esencia sigue siendo la misma; y los ropajes elegantes pueden hacerle lucir, más elegante, culto y refinado de lo que nunca podrá ser, por más que lo intente.
<<<<< Cambio superficial y cambio profundo >>>>>
No es lo mismo un cambio superficial que un cambio profundo; y es lo que ilustra jocosamente la expresión. Esta frase se usa a menudo para apuntar a que, sin importar cuánto esfuerzo gastes en vestirte o en presentarte de una cierta manera, si tu interior no ha cambiado, poco importará lo que lleves puesto. Será como un disfraz, que no se ajustará a lo que eres, solo te servirá para intentar camuflarte o mostrarte distinto ante los demás. Pero como sabemos, una persona puede disfrazarse de lo que sea, sin transformar quién realmente es. Viéndolo en contexto, es un recordatorio inapelable y fehaciente de que la autenticidad y la verdadera identidad son más importantes que las apariencias externas.
En la vida cotidiana vemos el significado de esta frase en plena acción con frecuencia. Supón que ves a alguien que siempre ha llevado un estilo de vida desordenado, pero que un día -por azares del destino o de repente- decide comprarse ropa de marca y salir a fiestas elegantes. Puede que la gente que le conozca se impresione momentáneamente por su nuevo look, pero al poco tiempo advertirán si en el fondo esa persona sigue siendo la misma o ha cambiado realmente y las ropas elegantes son la demostración de ese cambio más profundo. En lo que concierne a la mayor parte de las ocasiones, casi cien de cada cien veces, el cambio es superficial y no profundo.
Esto es que la persona ha cambiado su aspecto vistiendo con ropas finas, pero su manera de ser y actitud es exactamente igual a la que ha tenido en cualquier otro tiempo anterior de su vida. Sucede de esta manera porque las actitudes, comportamientos y valores son mucho más difíciles de cambiar que la ropa que llevamos puesta.
<<<<< La frase si la aplicamos en lo social, lo profesional y a la autoestima >>>>>
También podemos aplicar esta frase al ámbito social y profesional, por razón de que vemos que comúnmente las personas intentan crear una imagen que no se ajusta a ellas, ya sea en redes sociales o en su lugar de trabajo. Se visten de "seda", tratando de hacerse ver como alguien que no son, y aunque puedan obtener cierto éxito temporal, eventualmente su verdadera identidad y naturaleza tiende a salir a la luz. La verdad siempre es simple; por más que intentes aparentar, al final del día, siempre prevalece.
Como consecuencia, esto también nos dirige directamente a pensar en la importancia de la autoestima. En virtud de que vestirnos bien y cuidar nuestra apariencia se ha visto siempre como algo positivo, y lo es, pero lo será siempre y cuando no lo hagamos como un escudo para ocultar nuestras inseguridades. Por cuanto la verdadera belleza y confianza vienen de aceptarnos justo como somos.
Si bien es válido intentar mejorar nuestra imagen, no debemos olvidar que el valor real de una persona radica en su carácter y en cómo trata a los demás. Así que en toda ocasión que escuches "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda", recuerda que detrás de las apariencias, lo que realmente importa es la esencia. Así que, ¿por qué no darle más importancia a nuestro interior en lugar de preocuparnos tanto por lo exterior? Al final, lo que nos define son nuestras acciones y nuestra personalidad, no lo que llevamos puesto. ¡Seamos auténticos!