Ayer me descubrí de repente limpiando la casa, y disfrutándolo. Me di cuenta de que mi escritorio estaba un poco empolvado, así que le quite todo lo que tenía, lo limpié muy bien, y luego reorganice su contenido para tener todo más a la mano.
Después sin siquiera pensarlo me puse a barrer, limpiar y lustrar unos zapatos, reorganizar un librero, y para cuando me di cuenta de que estaba haciendo una de las cosas que más pesadas se me suelen hacer, y por lo tanto suelo postergar, ya llevaba más de un par de horas en ello, y sin darme cuenta del paso del tiempo.
Este hallazgo me pareció una excelente noticia, dado que he iniciado el año de manera titubeante, para ser honesto. Darme cuenta de que estaba haciendo una de las actividades que más suelo evadir, sin haberme puesto el objetivo de hacerla, y además lo estaba disfrutando, fue señal de que mi salud anímica estaba mejorando.
Y es que a veces sin que nos demos nuestro comportamiento cambia. Sin motivo aparente cambiamos de humor, para bien o para mal, sin saber el porque. Ese otro yo que es el subconsciente suele ser el culpable de ello. Es nuestro eterno vigía, y hasta cierto punto nuestra conciencia. Nada se le escapa, y pasa por encima de nosotros dictando nuestro comportamiento.
Por eso hay que saber escucharlo y hacerlo nuestro amigo, porque es sabio, y prácticamente nunca se equivoca. Es una brújula oculta que todos llevamos dentro y de la pocas veces somos conscientes. Las corazonadas, ese instinto que en cierta manera nos predice el futuro, es una de sus manifestaciones más evidentes, pero no la única.
Desafortunadamente como sociedad hemos dejado de prestarle atención, y no sabemos sacarle provecho; y no pocas veces a pesar de que nos grita que no hagamos esto o aquello,hacemos oído sordos y la ignoramos.
Creo que también solemos sobre-estimar nuestra parte racional, y olvidamos que también somos, como los demás animales, seres emocionales, intuitivos, y de instintos. A veces hay que dejar de lado lo que nos dice nuestro intelecto y hacerle caso a lo que nos dice nuestro cuerpo, nuestra entrañas, pero pocas veces lo hacemos.
Creo que encontrar un equilibrio, un balance entre lo que nos aportan nuestro intelecto y nuestra intuición es lo ideal, pero no es fácil. Si nunca lo has hecho, inténtalo, tienes de nacimiento todas las herramientas para lograrlo, solo hay que aprender a usarlas para lograr el objetivo.
Si no quieres o no puedes hacerlo, por la razón que sea, al menos se humilde y reconoce que hay veces que algo que no puedes explicar te dice que hagas o no hagas esto o aquello, y la próxima vez dale una oportunidad, puede que te lleves una grande y grata sorpresa, y te encuentres como yo haciendo algo que nunca pensaste que harías, y siendo feliz.
©bonzopoe, 2022.
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