Acabo de terminar de leer el cuento "Chicos y chicas" del primer libro de la escritora ganadora del Premio Nobel, Alice Munro, y además de ser el segundo cuento que realmente disfruto del libro, me ha dejado pensando.
El cuento, narrado en primera persona desde la perspectiva de una pre-adolescente, nos cuenta el día a día de una familia de 4 integrantes, padre, madre, hija mayor e hijo menor, qué viven en un entorno rural y se dedican principalmente a la cría de zorros y la venta de sus pieles.
La protagonista se siente muy apegada a su padre, y a las actividades de índole tradicionalmente masculina en las que lo apoya, y le molestan los comentarios de su madre, su abuela, y su contexto social en general, que todo el tiempo le hacen ver que no se comporta como una 'chica'.
El cuento se desarrolla en un período de transición de la protagonista y su hermano menor, que todos esperan que crezca para que pueda hacer las labores que ella hace ahora, y ella pueda dedicarse, finalmente, a las labores 'propias' de una chica, apoyando a su madre en las labores domésticas que el propio cuento presenta, al menos para el contexto en que se desarrolla la historia, como muy pesadas.
Muy sutilmente el cuento nos presenta una dicotomía entre lo que la protagonista quiere, y lo que siente, y como esto va cambiando conforme crece y entra a la adolescencia. Sin darse cuenta comienza a darle más peso a la apariencia de la mitad del cuarto que comparte con su hermano menor, y que le corresponde, y descubre como este último, de ser su incondicional, poco a poco se convierte en alguien distinto a ella, e incluso comienza a desafiarla y hasta superarla en ciertas cosas.
La historia, en su parte final, nos presenta una situación que sirve de cierre a esta transformación, en la que ella, sin saber porque, deja escapar a una yegua que iba a ser sacrificada por su padre. En esta escena ella tiene la oportunidad de cerrar el corral para que no escape la yegua, y quedar bien con un padre que idolatra, pero se deja llevar, aparentemente por el sentimiento, y simplemente no lo cierra y se hace un lado para que la yegua escape, sabiendo que eso no cambiará su destino, y solo le generará más trabajo a su padre.
Al final, durante la cena de ese mismo día, cuando su hermano menor la delata, algo que nunca hubiera hecho antes, y habla de su nueva independencia respecto a ella, ella no dice nada, y mientras se le salen unas lágrimas de las que se mofa su hermano, se sorprende al no recibir el regaño que esperaba de su padre.
Este se limita a decir una frase que la absuelve, pero a la vez la excluye de un ámbito del que ella se había sentido parte, y esa frase es: "Es solo una chica". Ella, contrario a lo que uno esperaría, no protesta, ni siquiera para sus adentro, y piensa: "Tal vez sea cierto".
Si bien el cuento fue escrito en los 60's, plantea temas que son muy actuales sobre algunos de los dilemas de las mujeres. Entre líneas se pueden hacer muchas lecturas y derivar discusiones de lo más interesantes. Desde las dicotomías entre razón y sentimientos, sociedad e identidad, herencia biológica vs libertad de decisión, y un largo etcétera, hasta la doble moral, que afortunadamente no todas las mujeres asumen, de ser solo una chica cuando conviene, y no serlo cuando acomoda.
Vivimos una época muy compleja en cuanto a cuestiones de género, y la identidad de la mujer es en cierto sentido el campo de batalla principal, seguido muy de cerca por el del hombre y las nuevas masculinidades. El cuento tiene como eje los roles tradicionales de género, pero no solo desde el punto de vista de la sociedad, sino también desde nuestras características intrínsecas como hombres y mujeres, construidas a lo largo de siglos de evolución.
Puede que estos roles ya no se adecuen a la realidad actual, lo que es otro tema de debate, y uno en que no vamos a ahondar ahora, pero creer que podemos modificar siglos de condicionamiento evolutivo en una generación me parece poco realista, y a veces pareciera que esa es la meta de ciertos grupos radicalizados.
Pero más allá de polémicas, el cuento, que llegué a disfrutar bastante, tuvo un cierre que me dejó un mal sabor de boca, y no por estar mal escrito, sino por todo lo contrario, por abrir la puerta a la reflexión difícil. ¿En realidad la protagonista era solo una chica, y por ese hecho se le podía disculpar por lo sucedido? No lo creo. ¿Debía conformarse con ese juicio de valor por parte de su padre, que implícitamente le denigra en cierto modo? Tampoco lo creo... y así como estas preguntas muchas más vienen a mi mente.
La literatura tiene esa magia de poder hacernos pensar a la vez que entretenernos, y Alice Munro, con su cuento "Chicos y chicas" lo ha logrado, al menos en mí. Y tu, ¿eres solo un chico, o solo una chica? Espero que no. Muchas gracias por leerme y hasta la próxima.
©bonzopoe, 2023.
Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.