Imagen propia generada con Gemini.ai
Revisando las justificaciones que mis alumnos de 'Espacio Urbano', una materia que imparto que una universidad, dieron a sus propuestas de ubicación para un parque que van a desarrollar a nivel conceptual, una palabra se repetía en estos, una y otra vez, y esa palabra es: estratégicamente.
Ejemplo: 'El parque se ubicará estratégicamente en el área de parejas jóvenes, al centro del proyecto'. Lo que es lo mismo que no decir nada. Porque a menos que sepamos cual es la estrategia usada, no podemos saber si en verdad la ubicación en cuestión es la más adecuada. Estratégicamente suena bien como palabra, da a entender que hay una estrategia, un razonamiento detrás, pero sino dices cual es esa estrategia, realmente la palabra se vuelve poco menos que un cascarón vacío.
Esta y otras palabras abundaron en las tareas que revisé, y denotaban una habilidad de mis alumnos, que si bien puede ser útil en ciertos contextos, en este no lo eran, ya que los estaba evaluando, y es el arte de decir mucho sin decir nada. La capacidad de articular frases rimbombantes y/o muy técnicas que carecen de fondo, y aparte de sonar bien, no sirven de mucho ante alguien que no es fácil de embaucar, en este caso yo, por ser su maestro.
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Apenas les pedía que me explicaran a que se referían cada vez que usaban una de esas palabras o frases, algo hacia corto circuito en ellos, y todo su discurso se desmoronaba, evidenciado sus carencias. Algunos mostraron aquí otra habilidad que también es valiosa en ciertos momentos, la de improvisar, pero solo si tienes la capacidad de hacerlo de manera coherente y con sentido, y aunque algunos me sorprendieron haciéndolo, pero la mayoría simplemente no fue capaz.
Los políticos y demagogos son especialistas en esto. Dan grandes discursos vacíos. Una consecución de frases apantallantes, y pronunciadas con contundencia, pasión, o ambas, que más allá de su deslumbrante forma, están más vacías que aquellos que las pronuncian.
En México hay un personaje que ejemplifica esto y lo llevó al nivel de arte: Cantinflas. Mario Moreno, el actor que lo creó y dio vida por décadas, era capaz de decir un montón de cosas sin sentido que divertían a los espectadores de sus películas, y fue tan popular en su momento, que incluso llegó a Hollywood. Cuando hablamos con alguien que le da vueltas innecesariamente a las cosas y no se da a entender, le decimos: '¡Deja de cantinflear!', haciendo referencia a la manera de hablar de este personaje del cine mexicano.
El arte de no decir nada no solo aplica a estos casos, también aplica a algo que detesto: la plática intrascendente y frívola. La clásica charla sobre el clima, las últimas noticias, y cualquier otra cosa irrelevante que se aborda como si fuera algo importante, y da soporte a charlas que pueden durar hasta horas.
Aquí la plática se llena de lugares comunes, repetición de cosas que se medio saben a oídas, pero que se presentan como verdades. Y así, sin decir nada de valor, sino simplemente repitiendo frases trilladas, hay gente que se puede pasar horas hablando, e incluso construyendo relaciones. Aquí no decir nada se refiere a no decir nada propio, nada de valor, o algo de sustancia. Se dice mucho, pero en realidad no se dice nada, porque la charla es una simulación de intercambio de información.
Aquí solo se recicla información, o en el mejor de los casos de discute sobre ella pero rara vez cuestionándola, rara vez poniéndola en tela de juicio. Aunque hay que reconocer que este comentario está sesgado por mi condición de hombre y ser quien soy, o sea, por mi personalidad, porque no para todo mundo hablar de este tipo de cosas es intrascendente.
Para muchos lo importante al hablar no es el intercambiar información, discutirla y/o profundizar sobre ella. Para muchos lo importante de hablar es precisamente eso: hablar, y conectar con el otro, u otros, en el proceso, más allá del tema del que se habla, trascendente o no; acá la información no es un objetivo, es un medio para un fin.
Pero volviendo a mis alumnos, creo que lo que hicieron es algo que denota un fenómeno cada vez más común en nuestra sociedad, y es la falta de fondo, de sustancia en nuestros intercambios, ya no solo de información, sino también emocionales, afectivos. Lo inmediato, lo breve y lo superfluo, han sustituido a lo que se construye poco a poco, con el tiempo, y que en el proceso echa raíces profundas. Y aquí podemos hablar desde un hobbie o hábito, hasta una relación de pareja.
No es por casualidad que cada vez hay más gente soltera a la par que más divorcios. No es casual que la verdad sea cada vez más irrelevante y le creamos cada vez menos a los hechos y más al 'algoritmo' que nos bombardea de lo que queremos creer, o algo o alguien más quiere que creamos.
Tristemente cada vez estamos más vacíos porque consumimos cosas cada vez más vacías, y aunque parece que vivimos en una época en que lo tenemos todo, de lo importante cada vez tenemos menos: pensamiento crítico, libertad real de pensamiento, relaciones interpersonales sólidas, valores fuertes y propios, autenticidad, y un largo etcétera.
Ahora todos consumimos lo mismo, y en consecuencia somos lo mismo. Repetimos las mismas frases vacías que nos llegan por todas partes, y suenan a una profundidad de la que carecen. Todo son recetas fáciles, o aparentemente fáciles para alcanzar el éxito, ser feliz, encontrar al amor de tu vida, etc, etc, etc. Y casi todas se resumen a consumir, o comprar algo.
Somos parte de una sociedad aspiracional, que no logra la satisfacción nunca, porque siempre hay algo mejor que lo que ya tenemos y que que creemos necesitar, o cosas nuevo todo el tiempo, que también hay que poseer. Creamos necesidades para seguir en esta ilusión de ascenso perpetuo hacia quien sabe dónde, pero ahí estamos todos construyendo una escalera sin fin para irla subiendo, también sin fin. Somos el burro y la zanahoria a la vez.
Lo vacío está de moda porque es nuestra nueva realidad, y eso aplica tanto a las palabras que usan mis alumnos sin entenderlas, como a los principios que rigen nuestras vidas, y que tampoco entendemos. Quizá la clave esté en, como dirían mis alumnos, ser estratégicos ¿no creen? Quien sabe que signifique eso, pero suena bien, y eso ya es un principio… o no. ¿Ustedes que opinan?
©bonzopoe, 2025.
Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.