Son aproximadamente las nueve de la noche. Hace un momento puse algo de música para relajarme después de un día —y una semana— que resultó ser bastante pesada, y sin darme cuenta casi me quedo dormido, lo que me puso a pensar en lo poco, que por lo general, escuchamos a nuestro cuerpo.
Muchas veces, aunque sea temprano, siento la necesidad de dormir, y curiosamente es casi siempre en esos días en los que no he parado, y el cansancio se me ha acumulado sin que me de cuenta. El problema es que, por no hacerle caso al cuerpo —pensando que "aún es muy temprano para dormir"—, prefiero ponerme a ver una película o cualquier otra cosa.
La consecuencia es que entonces se me pasa el sueño, termino acostándome mucho más tarde y, por supuesto, no logro descansar lo suficiente, lo que hace que al día siguiente amanezca peor. En cambio, cuando sí escucho esa señal y me permito descansar sin importar la hora, despierto renovado, con energía para sacar adelante todos mis pendientes.
Creo que vivimos en una época donde el tiempo se ve como un bien que no podemos "desperdiciar". Dormir temprano o simplemente dejar pasar los minutos sin un propósito claro se han vuelto actividades que no valoramos, y creo que eso es un error. Deberíamos darle más peso a lo que hemos ignorado por perseguir esa "mejora continua" que nos hemos autoimpuesto como sociedad.
Muchas veces, si no estamos "produciendo", nos sentimos culpables de no estar aprovechando todo nuestro potencial, y esto nos lo han repetido tanto en los últimos años, tanto por los medios de comunicación como por la sociedad en su conjunto, que hemos acabado creyéndolo.
Lo mismo pasa con la comida. A veces tengo la impresión de que desayunamos, almorzamos y cenamos por puro hábito, no por hambre real. Nos programamos para comer a ciertas horas porque nos han vendido la idea de que, sin esas tres comidas estrictas, el cuerpo no tendrá energía. Pero la realidad es que el cuerpo sabe lo que necesita.
A veces, cuando estoy muy ocupado, se me pasa el tiempo sin darme cuenta y ni me acuerdo de comer; y lo que hago en estos caso que si noto que en realidad no tengo hambre, simplemente no como. Me parece lo lógico por hacer. Sin embargo, cuando me gana el miedo a enfermarme por "no haber comido", termino forzándome a ingerir algo solo porque "se supone que debo hacerlo". ¿El resultado? Subo de peso sin querer o me siento pesadísimo.
El sueño y la alimentación son pilares de nuestra vida, y deberíamos confiar más en lo que nuestra brújula interna nos dice al respecto. El descanso le permite al cuerpo recuperarse y regenerarse, y la comida nos da el combustible necesario para tener un buen “funcionamiento” y una buena salud, pero ambos deben ir en sintonía con lo que el organismo necesita y nos pide.
Y ahí es donde está el problema. Porque la realidad es que nuestra capacidad de escuchar a nuestro cuerpo ha disminuido cada vez más ante la avalancha de estímulos de todo tipo al os que estamos expuestos todo el tiempo, y ahora hacemos cosas no porque el cuerpo nos las pide, sino porque algo ajeno a nosotros, nos lo presenta como lo “correcto”.
Es curioso, porque a veces el hambre que sentimos es solo un reflejo de nuestra dieta, porque dedicamos mucho tiempo a aprender a hacer cosas para ser mejores en el trabajo, pero invertimos cero tiempo en aprender cómo cuidarnos más, y parte crucial de ello es nuestra alimentación.
Consumimos alimentos que nos dan un pico de energía muy rápido y, cuando viene el bajón, el cuerpo pide más, no porque necesitemos más combustible, porque a veces tenemos reservas de sobra en forma de grasa que el cuerpo podría quemar, sino porque no lo hemos “entrenado” para a hacerlo, y eso tiene que ver con nuestros hábitos alimenticios.
Parece que los tiempos actuales, donde todo pasa rápido casi por default, nos han convertido en extraños habitando nuestra propia piel. Hemos aprendido a obedecer al reloj de la pared y a las expectativas del entorno, pero hemos olvidado cómo interpretar el lenguaje de nuestro propio organismo.
Quizá el verdadero "aprovechamiento de nuestro potencial", o el desarrollo personal, no consistan en hacer más, sino en tener la sabiduría de parar cuando el cuerpo lo pide, y en darle lo que necesita cuando lo requiere.
Escucharnos no es una pérdida de tiempo; es, posiblemente, la inversión más inteligente que podemos hacer para que la máquina que habitamos y que somos, y que al final es la que nos permite crear y vivir, no termine por romperse. Como siempre muchas gracias por leerme, y hasta la próxima.
©bonzopoe, 2026.
Nota: Todas las imágenes contenidas en esta publicación fueron generadas con Midjourney.
Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.