Acabo de perder unos seis párrafos de un texto, uno que se me ocurrió de repente y empecé escribir sin pensarlo mucho, solo fluyendo, en el autobús. Lo hice en una aplicación que suelo usar para tal efecto, y que tengo instalada en varios dispositivos, pero para mi mala suerte, al sincronizarse entre si, la aplicación no uso como referencia la última versión del archivo donde escribí esos seis párrafos, sino la anterior, así que los perdí.
He intentado re-escribirlos, pero es inútil, la espontaneidad que había en ellos no hay manera de replicarla. Me duele, porque aunque era un texto que aún no tenía un rumbo del todo definido, tenía unas frases y analogías que al momento de escribirlas me gustaron mucho, y le veía mucho potencial.
Esto me ha hecho pensar en el proceso, o diferentes procesos de la escritura. Hay textos que requieren de esa espontaneidad para sentirse auténticos y tener esa fuerza especial que no puede lograrse de otra manera, mientras que otros necesitan de un escritura más cuidada y reposada, incluso serena, para poder florecer.
Los primeros textos, los borradores, suelen tener más esa libertad del escribir como se sienten las cosas, y a veces editarlos de más puede matar esa frescura, esa autenticidad. Los segundos por el contrario si se escriben rápido pueden caer en imprecisiones e incluso contradicciones, y en ellos la edición es fundamental. En ellos cada palabra cuenta, y no pueden acelerarse, son como esos guisos a fuego lento a los que no puede subir la flama porque les matas el sabor.
Estamos hablando pues, de una escritura lenta y por lo general altamente emotiva, y un escritura lenta y por lo general sumamente intelectual y analítica. Ambas reflejo de aspectos de nuestra propia naturaleza. Por un lado tenemos lo emocional, y por el otro lado a la razón, al intelecto.
Ambos tipos de escritura requieren en cierto momento de la otra. Una escritura emotiva requiere de la fría e implacable herramienta de la edición, y la precisa y concienzuda escritura intelectual necesita del 'sabor' de lo emotivo para poder conectar mejor con el lector. Encontrar el balance, el equilibrio, es la clave, y no siempre es sencillo de lograr.
Por ejemplo mis párrafos perdidos son irrecuperables. Puedo escribir de nuevo lo que decían, pero no de una manera tal que transmitan lo mismo. La poesía tiene esa característica de expresar mucho más de lo que dicen las palabras que la conforman. Y un texto científico, si no tiene ese toque que le permita conectar con el lector, corre el riesgo de ser tan técnico que puede confundirse con un manual.
Así mismo, nosotros como personas, necesitamos ese equilibrio para poder 'funcionar' bien, socialmente hablando. Nadie quiere a alguien que no sea capaz de controlar sus emociones, pero tampoco a alguien que parezca carecer de ellas. Nadie quiere a alguien que sea puro intelecto, como tampoco a alguien con quien no se pueda razonar ni establecer un intercambio saludable de ideas.
Nuestra sociedad adolece de lo último recientemente, pero ese es tema para otro post. Lo que si nos interesa es que tenemos que aprender a lograr un balance entre ambas partes en nuestras escritura, y aprovechar las ventajas que nos ofrecen la escritura lenta y la escritura rápida. Tal vez el hacerlo nos ayude a lograrlo también con las dos mitades de nuestro ser, el emocional, y el racional, lo que es aún más difícil, pero no imposible.
Quieres expresar emociones, experiencias, reflexiones, puntos de vista, aprovecha la escritura rápida y después edita lo mínimo necesario. Quieres escribir un tutorial, una receta, un análisis, aprovecha la escritura lenta, y revisa de manera exhaustiva para que no se te escape nada y este lo más claro y fundamentado posible. Muchas gracias por leerme, espero que esta escritura semi-rápida les haya sido de utilidad, y hasta la próxima.
©bonzopoe, 2023.
Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.