Imagen propia generada en Gemini
Son más de las 10 de la noche. He puesto una lista que he bautizado "Favs Smooth" de pura música tranquila que me gusta poner para relajarme. Tiene básicamente a cantantes de jazz y música acústica, aunque como casi todas mis playlists es una mescolanza de cosas que sin embargo se escuchan bien juntas. Se me antoja un café pero ya es un poco tarde para eso, así que quedará para otra ocasión.
Ha comenzado a sonar 'Englishman in New York' de Sting, de su segundo disco como solista, ya a sus anchas y sin sus maravillosos compañero de The Police, dando rienda suelta a todas sus influencias y sin la atadura del rock, si se le puede llamar así a lo que tocaba antes con The Police.
No tengo nada en particular sobre que escribir, simplemente me nació hacerlo, y con esa música de fondo me siento como el escritor japonés Haruki Murakami, que siempre menciona canciones, sobre todo de jazz y música clásica, en sus libros. Hay algo con la música que es difícil de explicar, quizá por eso nos gusta tanto a quienes escribimos. Es como una alfombra mágica que te recoge del suelo y te lleva de viaje sin que te muevas… como los libros que te transportan a otros mundos sin que te des cuenta.
Suena ahora 'Alicia Ross' de la cantante Kathleen Edwards, y casi puedo sentir como mi presión sanguínea baja. No sé si tú que lees esto tienes algo que te provoque alguna sensación similar, si es así pueda que me entiendas, y porque valoro tanto estos momentos en que me desconecto del mundo y me conecto a mi mundo.
Pensé que comenzaría este año escribiendo mucho, y aunque tengo muchas cosas a medias, el tiempo y las obligaciones no perdonan, y no he tenido tanto tiempo como pensé que tendría para hacerlo, y en parte es porque no puedo renunciar a espacios como este en que el silencio y la oscuridad de la noche sirven de marco perfecto para sentarme a escuchar música mientras leo un libro o escribo algo que muchas veces no llega a nada.
Si algo he aprendido a apreciar desde hace algunos años es el tiempo para mí. Un tiempo en que hago lo quiero sin preocuparme por nada más, y ese tiempo últimamente se ha enfocado a escuchar la que es quizá la primera de mis muchas pasiones: la música.
Cuando tengo días en que no puedo parar más que para comer y dormir, estos tiempos libres en que, en teoría, debería escribir, me descubro cada vez más escuchando música, y descubriendo sonidos en ella que no había notado por tenerla casi siempre de fondo. Como el rasgueo de las uñas de quien toca la guitarra de fondo en "Only" de RY X en vivo en el Royal Albert Hall, que escucho justo ahora. Puedo notar como se arrastran sus uñas sobre las cuerdas, y casi me lo imagino sentado con la guitarra apoyada en una de sus piernas.
A veces tenemos tan poco tiempo que lo dedicamos a todos menos a nosotros mismos. Y no es para sonar egoísta, pero lo más importante siempre somos nosotros, pero olvidamos eso con tanta frecuencia que pareciera que no nos queremos mucho a nosotros mismos. Y el tema es que si no estamos bien nosotros, ¿cómo poder estar bien con los demás?
Al final acabamos existiendo a través de los otros más que a través de nosotros mismos. Nos volvemos el esposo de, el hermano de, el hijo de, el empleado de, el jefe de, y dejamos de ser nosotros, para ser ese que los demás dicen que somos. Mucha gente vive así y un día se da cuenta que no sabe quién es, ni que quiere, y que ha vivido su vida siendo lo que los demás dicen, necesitan o quieren que sea. Ese momento debe ser muy triste, y no lo quiero vivir.
Por eso trato de estar de manera consciente conmigo mismo tanto como puedo. Por eso amo tanto mi soledad, porque en realidad nunca estoy solo, porque estoy conmigo. —Hice una pausa para escuchar el solo de guitarra de Nils Cline de la banda norteamericana Wilco, en la canción 'Impossible Germany'. El solo es maravilloso y dura casi toda la segunda mitad de la canción.
Pero como les iba diciendo me gusta pasar tanto tiempo conmigo como puedo. Tal vez sea porque soy alguien introvertido, pero en realidad lo disfruto, y hasta cierto punto lo necesito. Cuando paso mucho tiempo rodeado de gente, estar solo es de lo que más deseo. Y no es que no quiera estar con otros, pero siempre necesito tiempo para reconectar conmigo mismo.
Hay gente que le teme a la soledad, pero yo me debo a la soledad. Soy quien soy, y creo saber quien soy, gracias a la soledad. Es mi compañera fiel, mi base, mi ancla. Mi destino y mi punto de partida. Mi origen, y seguramente también mi final. Por quien soy, y como soy, he crecido abrazando mi soledad, en vez de evitarla, de rechazarla como hacen muchos.
Y la he aceptado a tal grado que ahora es parte de lo que soy. Cuando dejas de verla como te la pintan los demás y la vez con tus propios ojos, libre de prejuicios y expectativas, te das cuenta de que la soledad pueda ser muchas cosas, pero rara vez es lo que te dicen los demás. Yo creo que es algo diferente para cada quien, como nuestras huellas dactilares que son únicas e irrepetibles, pero le tenemos tanto miedo por lo que nos han dicho de ella, que no nos tomamos el tiempo de conocerla, descubrirla, y descubrirnos en el proceso.
Aquí, acompañado de "Patience" de Guns & Roses, y esta computadora en la que escribo algo que no sabía que iba a escribir, puedo afirmar que la soledad es mi mejor amiga. Ojalá y lo siga siendo por mucho tiempo, y no se convierta en algo más. Ojalá nunca descubra que los demás tenían razón y he vivido todo este tiempo una ilusión. Mientras eso sucede, si es que sucede (ojalá que no), trataré de seguir cultivando momentos como este, en que estando a solas conmigo mismo, pueda sentirme pleno, feliz, y en paz. Por lo pronto muchas gracias por leerme y hasta la próxima.
©bonzopoe, 2025.
Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.