Hace unos días no podía publicar porque me quede sin internet, y estaba casi desesperado por hacerlo, pero ahora que tengo tiempo para hacerlo sencillamente la idea no me resulta tan atractiva como antes. Los seres humanos somos así, añoramos lo que nos falta, y no valoramos lo que tenemos.
Y parece que esta forma de ser tan nuestra, tiene orígenes biológicos y no es meramente una cuestión social. Necesitamos el estímulo de lo nuevo todo el tiempo, y tendemos a exagerar lo negativo y a minimizar lo positivo. Cuando vivíamos en la sabana africana exagerar un sutil movimiento de la maleza podía ser la diferencia entre sobrevivir o morir ese día.
De la misma manera mucho de lo que criticamos al sexo opuesto o al propio, son construcciones sociales que no siempre es fácil sostener, porque ello implica luchar contra nuestra propia naturaleza, con cosas que tenemos grabadas en nuestro ADN después de miles de años de condicionamiento, generación tras generación.
Por ejemplo, una mujer por más independiente y empoderada que sea por lo general va a buscar a un hombre que le brinde protección, o con quien se sienta segura, porque históricamente el hombre ha jugado ese rol en su relación con las mujeres, y si bien ahora ese rol no es tan indispensable como antes, los genes no lo saben y no hay manera de "explicárselo" en unas cuantas décadas.
Tal vez con el paso de los años la cosa cambie y esta ya no sea la constante, pero hoy no lo es. Por eso hay tantas mujeres exitosas en lo profesional que están solas, o batallan mucho para encontrar la pareja ideal, porque buscan alguien a la par o por encima de ellas (en el buen sentido de la palabra), mientras que en el caso de los hombres es lo contrario, al buscar alguien a quien "proteger", un condicionamiento biológico del que no pueden escapar tampoco, el estar con una mujer que sientan que no los necesita les juega en contra, pero no tienen problemas en estar con alguien en su nivel o "inferior".
Ahora que los temas de género están a la orden del día, nuestras ambiciones de equidad e igualdad no pocas veces chocan con lo que está programado en nuestros genes, y de ahí surge más de un corto circuito. No siempre es que seamos machistas, hembristas, o cualquier otro término similar, es que socialmente queremos vivir de una manera diferente a la de antes, lo que está perfectamente bien, pero llevarlo a la práctica no es tan sencillo, y no depende solo de desearlo.
Es como si de repente todos quisiéramos volar en vez de caminar, porque consideramos que ahora eso es lo correcto. Pero no por haber decidido que ahora debemos volar vamos a poder hacerlo tan fácilmente, sino que habrá que buscar la forma, y al principio será complicado y frustrante, pero poco a poco podremos encontrar la manera de lograrlo.
En cuestiones de género nos pasa igual, y estamos en ese principio en que no tenemos del todo claro como lograr lo que parece ser un consenso social que nos lleva a una nueva época en las relaciones entre hombres y mujeres, pero hay que tener paciencia, que las cosas no cambian de la noche a la mañana, y no podemos ignorar los imponderables ni las problemáticas que conlleva un cambio de tal magnitud.
Creo que vivimos en una época en que todo cambia mucho más rápido que antes, y no podemos seguirle el paso a los cambios, y pensamos que entenderlos, racionalizarlos, es suficiente para interiorizarlos, pero eso no es tan sencillo.
Existe algo que se llama memoria muscular, y que nos facilita mucho las cosas en la vida, y de lo que solo reparamos en circunstancias muy concretas, porque es algo que ponemos en práctica sin pensarlo siquiera, de manera automática. Por ejemplo cuando subimos escaleras, como todos los escalones suelen tener el mismo peralte, no tenemos que preocuparnos porque tanto tenemos que levantar el pie, pero cuando te topas con unas escaleras mal diseñadas la historia es distinta.
Si los escalones son muy altos, es probable que te tropieces, porque la memoria muscular hará que levantes en automático hasta cierta altura el pie, y no es suficiente para escalones más peraltados. Y al contrario, si los escalones son más bajos, vas a subir más el pie, y al apoyarlo en el siguiente escalón lo harás como si pisotearas algo, porque lo levantaste más de lo necesario.
En ambos casos, aunque tu veas que los escalones son más altos o más bajos, no será suficiente para romper la inercia natural de la memoria muscular, y por más que te lo propongas será muy difícil nulificarla o ajustarla a la nueva altura que estas enfrentando en ese momento.
Creo que así como la memoria muscular hay una especie de memoria social y/o cultural que lleva tiempo modificar, y que no basta con entender los cambios que queremos lograr para que estos sucedan, y que tendremos que darnos muchos tropezones antes de que nuestro comportamiento se ajuste y corresponda a estos.
Pero dado que vivimos en la era de la inmediatez, queremos que los cambios se den enseguida, y eso sencillamente no es posible. Nuestros objetivos y metas pueden ser los correctos, pero la naturaleza humana no es como una computadora a la que le cambias el software y listo, somos mucho más lentos que la tecnología que nos rodea, y si lo aceptamos creo que podemos empezar a evitar muchos de los conflictos que vivimos hoy en día.
Nos faltan humildad, empatía y tolerancia en la sociedad actual, y sin importar si los demás la practican o no, prediquemos con el ejemplo. Entender más las cosas nos ayuda a manejar mejor nuestra relación con la gran cantidad de cambios que experimentamos hoy día, y a ser menos duros con nosotros mismos y con los demás, y creo que esa es ganancia suficiente para intentarlo, ¿no creen?
©bonzopoe, 2022.
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