Una de las funciones principales del cerebro es soñar, y lo hace a nuestras espaldas durante las 4 a 8 horas que dormimos todos los días. A nuestras espaldas porque es muy difícil recordar lo que soñamos, y cuando lo logramos casi siempre es una versión parcial y/o alterada del sueño real, y ese recuerdo si no lo registramos, se va borrando de nuestra mente muy rápido.
Es como si estuviera almacenado en nuestra memoria ram, y al despertar nuestro cerebro lo borrara para dar espacio a funciones más importantes y prioritarias al ya estar despiertos. O si nos ponemos conspiranoicos, porque el cerebro no quiere, o no le conviene, por su bien, el nuestro, o el de ambos, que recordemos lo que soñamos.
Y le pongo una temporalidad de 4 a 8 horas porque, según toda la bibliografía existente, ese es el tiempo que debemos dormir diariamente, aunque en la realidad, ya sea porque no podemos darnos ese lujo, o porque nuestro metabolismo particular no lo necesita, por lo regular dormimos menos, salvo que seamos unos dormilones irremediables y/o empedernidos.
Algo que hacen mucho quienes gustan de escribir, es inspirarse en los sueños, y es común el tratar de atraparlos, registrarlos y volverlos literatura. Hay incontables anécdotas al respecto, y hay quienes han escrito libros a partir de esta premisa. Yo mismo he caído en esta práctica, y como le ha pasado a la mayoría, los resultados son muy variados, y no con poca frecuencia, frustrantes.
Tengo la teoría de que los buenos escritores, de alguna manera, creo que más inconsciente que consciente, logran romper esa barrera entre la vigilia y el sueño, y así acceder a esos mundos que habitamos cuando estamos dormidos. Es como si el switch entre el mundo real y lógico, y el de los sueños, menos atado a los convencionalismo y menos estructurado, al menos en apariencia, tuviera un fallo que usan a su favor.
En este sentido todos somos grandes escritores en potencia, solo tenemos que lograr lo mismo que ellos y cruzar el umbral, engañar a la matrix. Porque si hacen un poco de memoria, cuando despertamos a media noche, literalmente a medio sueño, a veces hacemos coraje porque estábamos soñando algo sensacional, y nos quedamos a medias, o nos sentimos aliviados porque estábamos en medio de una pesadilla digna de una película de terror.
No sé ustedes pero a mi cuando me pasa lo primero, trato de dormirme de nuevo rápidamente para tratar de retomar el sueño donde lo dejé, y casi nunca lo logro. Y en el segundo caso hago lo opuesto, y hasta me acuesto de nuevo con miedo de que, que a pesar de todos mis intentos, regrese a la pesadilla en que me encontraba.
Si pudiéramos pasar todos nuestros sueños a texto, más de uno de nosotros sería por lo menos Stephen King, pero para bien o para mal, eso no sucede, lo que no implica que tengamos que dejar de intentarlo. La terquedad rinde sus frutos, y los sueños son una excelente fuente de inspiración para quienes nos aferramos a poner una letra tras otra, tras otra, en esa necesidad-sueño de crear cosas sean dignas de ser leídas.
Así que en cierta forma todos somos escritores dormidos cuando estamos despiertos, y escritores despiertos cuando estamos dormidos, y puede que nunca podamos manipular a placer el muro que divide ambas realidades, pero podemos intentarlo y divertirnos en el proceso. Yo por lo pronto cuando escucho los mensaje de voz que he grabado medio dormido tratando de registrar algo que soñé que me pareció genial, lo hago.
Si logro entender lo que grabé en el mensaje, casi siempre resulta que la lógica de los sueños es tan única que lo que parece una gran idea en ellos en el mundo real no lo es tanto. Lo que me ha funcionado más es levantarme y ponerme a escribir, al menos parcialmente, lo que soñaba, y tratar de darle forma y sentido después, con resultados bastante mixtos, debo admitir.
Sea cual sea el caso, los sueños han sido, son, y serán siempre, una gran fuente de inspiración para los escritores, y si bien tal vez nunca logremos convertir nuestros sueños en novelas, si podemos soñarlas y vivirlas cada noche, y ser los protagonista de nuestra propia literatura única y personal. Hagámoslo, y disfrutemos de ese escritor maravilloso que somos mientras dormimos, y leamos esas historias increíbles que escribimos cada noche, que llamamos sueños.
©bonzopoe, 2025.
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