Tengo una especie de regla no escrita respecto a las plantas, y es que tienen que sobrevivirme, o sea adaptarse a mí, si no lo logran desisto de ellas, y si lo logran es señal de que nos llevaremos bien. Mi horario y mi personalidad no me permiten estar pendiente todo el tiempo de mis plantas, como mi madre con las suyas, pero eso no quiere decir que no me importen y no las disfrute.
He tenido plantas que si no las riego un día casi se mueren, pero yo no estoy dispuesto a cambiar mi vida por ellas, a estar al pendiente de regarlas diario para que se encuentren bien. Se va a escuchar extraño y hasta cruel, pero tengo cosas más importante que estarme preocupando por el riego diario de una planta.
Algunas de esas plantas han sobrevivido, y hemos creado historia juntos, otras no lo lograron y ahora son historia. Nunca me lamento por ellas, porque a pesar de lo mucho que me gustaban, era algo que no iba a funcionar, como lo prueban las veces que he intentado mantener con vida plantas de la familia de las suculentas, y en todas ellas he fracasado, sencillamente no se me dan.
En contraste, y curiosamente, hay plantas a las que les va mejor conmigo que con mi madre, que se esmera siempre en su cuidado. Hay plantas para todos, y las plantas con las que se lleva bien mi madre, y con las que me llevo bien yo, por lo general son distintas.
Ella ama las plantas con flores, y yo amo las plantas raras, las que son diferentes (por lo general sin flores). Yo amo los cactus, mientras que para ella no tienen mucho chiste. Yo las cuido lo mínimo, lo necesario, y las dejo ser, mientras que ellas las cuida todo el tiempo, y las poda y las hace a su modo.
Más allá del cuidado de las plantas, esto revela mucho de nuestras personalidades. Yo, como ente raro que soy (en el buen sentido de la palabra) me gusta que me acepten como soy, y que no quieran cambiarme, y práctico lo mismo, acercándome solo a aquellos, de manera consciente o inconsciente, que también lo hacen, y manteniendo mi distancia de quienes no.
Tampoco me gusta forzar las cosas, las amistades que se van a dar, se van a dar, y las que no, no. Suena extraño, pero no es un juego de palabras, es real. Hay plantas y amistades que por más que las riegues nunca se van a dar, y hay otras que con poco riego, prosperan. Yo prefiero las amistades de 'poco riego', lo que no significa que no les dedique tiempo, sino que son fuertes, a pesar del tiempo y la distancia.
Y en contraparte evito aquellas que son de alto mantenimiento, aquellas que si no les dedicas mucho tiempo te lo echan en cara y se alejan de ti. Y podemos sumar a esto las relaciones de pareja. Yo sencillamente no puedo estar con alguien que considere que estar en pareja es hacer todo juntos y estar juntos todo el tiempo. Para mi estar en pareja es tener mi propio mundo, ella el suyo, y juntos construir un tercero que habitamos los dos, pero en el que no tenemos que estar siempre.
Otro paralelismo lo podemos hallar en la aceptación de la realidad. Si una planta o amistad se me muere, me duele, pero la dejo ir. Si a pesar del tiempo que pude dedicarle no fue, pues no hay más que pueda hacer al respecto. Mientras que otras personas lo vuelven a intentar una y otra vez (como yo con las suculentas), para, en la mayoría de la casos, fracasar de nuevo. Aquí coincido con Naval Ravikant que dice ""No me interesa nada que sea insostenible o difícil de mantener, incluyendo las relaciones".
Esto que comparto no aplica para todo mundo. Si tu eres de quienes riegan sus plantas todos los días, y por naturaleza estas siempre al pendiente de todo mundo, y eso te funciona y eres feliz, pues adelante, me da gusto por ti, pero no todos somos iguales, y la manera en que nos relacionamos con los demás tampoco. Existen diferentes temperamentos y perfiles de personalidad, y ninguno es mejor que otro, simplemente son distintos.
Yo simplemente prefiero las cosas de esta manera por quien soy, por como me gusta relacionarme con los demás, y porque siempre he sido más de valorar el fondo que la forma. Tengo a amigos que veo de manera muy espaciada pero que en realidad aprecio y me aprecian, y cuando nos vemos es como si no nos hubiéramos separado nunca, es algo muy satisfactorio.
Mientras que hay gente que se frecuentan mucho, siendo casi 'uña y carne', para luego de repente enemistarse por una tontería. La fuerza de la relación no está en la frecuencia, sino en la sinceridad, en la franqueza, en la honestidad y el respeto mutuo que las partes se profesan.
Las amistades puede ser más frágiles que las plantas, y a veces basta no regarlas solo un día para descubrirlo. La diferencia con las plantas es que estas nunca se va a poner a hablar mal de ti, o apuñalarte por la espalda, si acaso te hará sangrar un poco con sus espinas, si no tienes cuidado, pero nada más.
Cuida de tus plantas y tus amistades, como cuidarías de ti mismo, y estarás bien, y no olvides quitar las malas hierbas para que se vuelvan fuertes con el tiempo, y te den alegrías en vez de tristezas. De momento les doy las gracias por leerme, que ya me toca regar mis plantas y quedar con algunos amigos con los que desde finales de año pasado no he logrado coincidir. Hasta la próxima.
©bonzopoe, 2026.
Nota: Todas las imágenes contenidas en esta publicación fueron generadas con Midjourney.
Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.