¡Hola amigos de #holos-lotus! Esta iniciativa me hizo pensar mucho. En primera instancia la oportunidad de hablar sobre nuestros duendes personales, esos comportamientos indeseados y a veces involuntarios, me pareció excelente y enseguida me comprometí a participar. Luego me asaltó la duda: es que mi duende personal no es el despiste.
puso delante de nosotros un tema que he trabajado mucho en el plano personal, pero del que hablo poco o nada. Muchas veces cuando digo que mi duende personal es la ira, las personas se llevan una idea muy equivocada, así que la mayor parte del tiempo prefiero no decirlo y así me evito las explicaciones largas e incómodas. Lo primero es, por lo tanto, aclarar que no soy un tipo violento ni iracundo, soy solo una persona consciente del daño que este sentimiento involuntario causa, a nivel físico y también espiritual.
Ni tengo arranques de ira, ni golpeo a nadie, ni tiro objetos, nada de eso. Soy alguien que, bajo la influencia de algunas ideas budistas (no soy religioso) aspira a mantener una mente en calma, fresca e inquisitiva. El problema es que la ira es parte de nuestra genética, de nuestros reflejos ancestrales, de la materia misma que nos compone y para desmontarla se requiere de un esfuerzo consciente, estructurado y correctamente dirigido. Es necesario notar que dicho esfuerzo puede ser más o menos difícil, más o menos espontáneo, más o menos natural según la persona.
Tengo dos ejemplos para ilustrar mi posición, el primero es el Servicio Militar Activo, una etapa en que la arbitrariedad se convierte en regla y los oficiales manipulan conscientemente a los soldados para obtener una respuesta iracunda que sepan y puedan manejar.
Aclaración importante: no soy ni he sido militar, en mi país es obligatorio para todos los hombres saludables de cuerpo y mente, cumplir con uno o dos años de Servicio Militar.
Durante esta etapa los oficiales y sargentos provocan concienzudamente la ira en sus subordinados, para luego encauzarla, pretenden fomentar hábitos y costumbres de obediencia ciega que permitan superar la arbitrariedad usando la ira como motor impulsor. En resumen: ellos provocan, tu reaccionas, ellos casitgan, tu terminas enfocándote en la dirección estrecha en la que te dirigen.
Yo entendí la trampa bien rápido y empecé a pensar con la cabeza bien fría, buscando el camino de menor resistencia, pero ellos necesitaban otra cosa así que se enfocaron en mi dirección. Muchas veces tuve que fingir una actitud determinada más acorde con sus expectativas, solo para evitar problemas, incluso cuando por dentro estaba en calma casi total.
Reza el protagonista de una película de artes marciales: una mente enojada es una mente estrecha. Me perdonarán la cursilería, pero hice de esta frase mi brújula y eso me permitió evitar el destino de algunos otros, que cayendo en la provocación terminaron enfrentando sanciones serias como la revocación de sus carreras universitarias.
Fue por esta etapa que entré en contacto con el budismo, la parte religiosa nunca me interesó pero algunas ideas y reglas de comportamiento se quedaron conmigo. Cada momento de enojo es una ocasión de aprendizaje, de entendimiento, de crecimiento, porque cada situación de ira es una de incomprensión e insuficiencia que debo superar mediante el autoconocimiento y el conocimiento de mi entorno
¿Qué me molesta? ¿Por qué? ¿Que puedo hacer al respecto? ¿Soluciona este sentimiento las causas profundas de la situación? ¿Cuál es la respuesta más racional y efectiva? ¿Sintiéndome de esta manera mi respuesta será mejor o peor?
Más tarde, por avatares de la vida terminé trabajando en transporte público de pasajeros, como responsable de las tres estadísticas mas explosivas y peligrosas de todas: combustible, kilómetros recorridos y recaudación. Digo que eran estadísticas peligrosas por el ambiente generalizado de corrupción que reinaba: el único freno al robo descarado eran los documentos e informes que yo elaboraba, que ponían alguna frontera al fenómeno.
Resulta que los números hablan y después de unos meses era imposible no tener ideas claras sobre quiénes (y cómo) robaban combustible o dinero. Después de algunos meses de análisis, comparación e inferencia estadística sobre los datos primarios sabía a las claras dónde estaban los problemas y cómo se llamaban, justo lo que mis jefes no querían ni necesitaban.
Fui cuestionado por todo. Por informes redactados por otras personas, por deformaciones de la estadística después de entregada, por aproximaciones rutinarias de los sitemas de venta de combustible. Un día entendí que mis documentos digitales podían "desaparecer" de la computadora sin más, y comencé a mantener varias copias en varios lugares y dispositivos diferentes. Cuando mi jefa se dió cuenta le subió la presión arterial y todo. Claro está: por una causa completamente no relacionada, si entienden lo que digo.
Un día, en una reunión particularmente tormentosa, llena de cuestionamientos a mi trabajo por informes entregados por otras personas yo me encontré sin entender nada. ¿Cómo podía ser que las amenazas no tan veladas fueran para mí si el problema no era mío? La ira subía como la marea, lenta pero implacable. Cuando iba a dar una mala respuesta en el justo tono que estaban empleando conmigo fue que me di cuenta: me estaban provocando.
Querían un error, un desliz, algo para cargarme a mí la culpa y un estallido público de ira sería una de las mejores justificaciones, ya que errores en mi trabajo no había. Empecé a buscar una forma de zafarme de todo aquello y fue fácil, habían cometido varias violaciones legales con mi contrato, cosas serias y litigables en tribunales de justicia laboral.
En plena discusión y con toda la calma del mundo utilicé mi metal de voz para hacerme escuchar por encima de la batahola. Dije tres cosas a voz en cuello:
1️⃣ - renuncio,
2️⃣ - como están violando los términos de mi contrato no me pueden retener, mañana vengo a firmar los papeles,
3️⃣ - y lo importante de todo, conservo copia fiel de toda mi estadística según fue recibida por la instancia superior.
Dí la espalda y salí de la oficina sin esperar respuesta. Al otro día efectivamente fui a firmar la renuncia y nadie me dirigió tan siquiera la palabra.
No dejarme llevar por la provocación fue una de las mejores decisiones de mi vida, andando el tiempo hubo investigaciones y cargos legales contra varias personas de aquel lugar. Lo curioso de todo es que mi nombre no salió jamás a relucir ni nadie me preguntó nada, ni siquiera la policía.
Es por eso que digo que mi duende personal es la ira. Las mejores decisiones las he tomado siempre con la cabeza fría, las peores cuando me dejo llevar por la negatividad del momento. El enojo es el obstáculo más tonto de todos, el que peores consecuencias trae, uno que conviene superar bien rápido porque cada segundo de ira es un segundo perdido en el camino hacia las soluciones. Una mente enojada es una mente estrecha.
😤 🙃 😉 ENGLISH VERSION 😤 🙃 😉
Hello friends of #holos-lotus! This initiative got me thinking a lot. At first, the opportunity to talk about our personal "goblins", those unwanted, sometimes involuntary behaviors, seemed excellent and I immediately committed to participating. But then doubt crept in: my personal goblin isn’t forgetfulness.
brought up a topic I’ve worked on deeply in my personal life but rarely discuss. Often, when I say my personal goblin is anger, people get the wrong idea, so most of the time I prefer not to mention it to avoid long, uncomfortable explanations. First, let me clarify: I’m not a violent or hot-tempered person. I’m just someone aware of the harm this involuntary feeling causes, both physically and spiritually.
I don’t have outbursts, hit people, or throw objects, none of that. I’m someone who, influenced by some Buddhist ideas (though I’m not religious), strives to maintain a calm, clear, and inquisitive mind. The problem is that anger is part of our genetics, our ancestral reflexes, the very fabric of our being. Dismantling it requires conscious, structured, and properly directed effort. Note that this effort can be more or less difficult, spontaneous, or natural depending on the person.
I’ll give two examples to illustrate my point. The first is Active Military Service, a stage where arbitrariness becomes the rule, and officers deliberately manipulate soldiers to provoke an angry reaction they can control.
Important clarification: I am not and have never been a willing part of the military. In my country, all able-bodied and mentally fit men are required to complete one or two years of military service.
During this time, officers and sergeants meticulously provoke anger in their subordinates, then channel it. Their goal is to instill habits of blind obedience, using anger as fuel to overcome arbitrariness. In short: they provoke, you react, they punish, and you end up focusing narrowly on the direction they push you.
I quickly saw the trap and started thinking with a cool head, looking for the path of least resistance. But they wanted something else, so they zeroed in on me. Often, I had to fake an attitude that matched their expectations just to avoid trouble, even when I was almost completely calm inside.
As the protagonist of a martial arts movie says: "An angry mind is a narrow mind." Forgive the cheesiness, but I made this phrase my compass. It helped me avoid the fate of others who, falling for provocation, faced serious consequences like losing their university placements.
This stage introduced me to Buddhism. The religious aspect never interested me, but some ideas and behavioral rules stayed with me. Every moment of anger is a chance to learn, understand, and grow, because each angry situation stems from misunderstanding or inadequacy, which I must overcome through self-awareness and understanding my environment.
What bothers me? Why? What can I do about it? Does this feeling solve the root cause? What’s the most rational and effective response? Will my reaction be better or worse if I let this feeling take over?
Later, life led me to work in public transportation, handling the three most explosive and dangerous statistics: fuel, mileage, and revenue. These were "dangerous" because of the rampant corruption, the only barrier to outright theft was the reports I prepared, which set some limits.
Numbers don’t lie. After a few months, it was impossible not to see who was stealing fuel or money (and how). Through analysis and statistical inference, I knew exactly where the problems were and their names, precisely what my bosses didn’t want or need.
I was questioned for everything: reports written by others, statistical distortions after submission, routine fuel system approximations. One day, I realized my digital files could "disappear" from the computer, so I started keeping multiple copies in different places. When my boss noticed, her blood pressure spiked, for a completely unrelated reason if, you catch my drift.
During a particularly stormy meeting, filled with not-so-veiled accusations about reports I hadn’t written, I was baffled. Why was I being threatened when the problem wasn’t mine? Anger rose like a tide, slow but relentless. Just as I was about to respond sharply, I realized: they were provoking me.
They wanted a mistake, a slip-up, something to pin on me. A public outburst of anger would be the perfect excuse, since my work had no errors. I looked for an escape and found it easily: they’d violated several legal terms in my contract, serious grounds for labor court.
Amid the chaos, I calmly raised my voice to full power to make myself heard and declared three things outloud:
1️⃣ - I quit.
2️⃣ - Since you’re violating my contract, you can’t hold me. I’ll sign the papers tomorrow.
3️⃣ - Most importantly, I have exact copies of all my statistics as received by upper management.
I turned my back and left without waiting for a response. The next day, I signed my resignation, no one said a word to me.
Not giving in to provocation was one of the best decisions of my life. Later, investigations and legal charges were filed against several people there. Strangely, my name never came up, not even the police asked me anything.
That’s why I say my personal goblin is anger. My best decisions were made with a cool head; my worst, when I let negativity take over. Anger is the dumbest obstacle with the worst consequences, one to overcome quickly, because every second spent angry is a second lost on the path to solutions. An angry mind is a narrow mind.
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