VERSION EN ESPAÑOL.
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🙏Hoy salgo a la calle y, mirando el comportamiento de las personas, de veras que, de cierta manera, me sorprendió, porque me di cuenta de que días como hoy se podrían considerar "días normales".
🙏Por ejemplo, noté que la gente estaba reunida en pequeños grupos diseminados por toda la geografía del entorno urbano, tanto en las aceras, los mercados como en los bancos. De cierta manera, eso viene siendo normal. Pero me percaté de que las conversaciones eran animadas y los interlocutores realizaban acciones y gestos típicos de intercambios donde las partes se conectan.
🙏¡Qué sucedió hoy, y que sé que ha pasado otras veces en que no he observado el fenómeno!
🙏De pronto, me vino la idea de que hoy es un día normal, o era un día normal en otros tiempos, pero para la mayoría es anormal (no en un estado psíquico), pues se vive la carencia del fluido eléctrico y eso lleva a que pronto se quiebre toda la rutina de otra cuestión que, producto del desarrollo tecnológico, se tiene como "normal".
¡Ahh, qué bonito! me dije.
🙏Pero también se me ocurrió que realmente hoy es un día terrenal. Un día en que el apagón energético y, por consiguiente, la desconexión del internet ponen en reposo forzoso a nuestros teléfonos celulares y nos conectan con la otra realidad, la que hemos apartado a un lado por la conectomanía que nos ha atado increíblemente al hiperespacio de la red de redes, donde hemos quedado atrapados como en un moderno laberinto del que el hilo de Ariadna que nos posibilita salir de vez en cuando es la caída accidental o programada de las "conexiones".
🙏Hoy noté que las personas en esos pequeños grupos de conversadores hacen los toques naturales en los humanos a sus interlocutores como costumbre de llamar más la atención sobre lo que expresan y que gesticulaban con los brazos abiertos, con la espontaneidad de quien tiene las manos libres. El desarrollo esclaviza y aleja de lo natural; por ejemplo, cuando fue inventada la primera forma de calzado, el hombre comenzó a separarse de la naturaleza. Cuando domesticó y tomó a un animal como medio de transporte, comenzó a alterar el ritmo apacible del tiempo.
🙏Pero creo que nada ha separado tanto al humano del otro en el plano físico como la telefonía móvil, asociada al paradigma de nueva era, a Internet.
🙏No hay que hacer estudios sociológicos para demostrar que, gracias a Internet, se verifica aquel dicho popular de que: cuanto más cerca, más lejos, y cuanto más lejos, más cerca. A veces estamos más cerca de alguien que está a grandes distancias que de quien tenemos apenas a unos centímetros de nosotros.
🙏En días como hoy, en que el desarrollo se quiebra con solo accionar un botón o una palanca, el hombre hace un viaje de retorno a su estado primitivo porque se queda sin lo que lo conecta a la fuente artificial. Así como también, hace tiempo perdió lo que lo conecta a la fuente originaria, o se la fueron eliminando, creando fuentes intermediarias
.
🙏Y no vengo aquí a criticar o poner en tela de juicio ese espacio virtual creado por el hombre, y que, como toda creación, tiene de todo; ni es bueno ni malo. Solo es. Lo demás depende del uso que le dé cada cual. Solo hago un comentario sobre la percepción de algo que me admiró y me originó este comentario.
🙏La conectomanía tiene un efecto instantáneo sobre cosas que el desarrollo tecnológico dejó atrás en el mundo de las tradiciones. He visto también, en noches de apagones energéticos, a los niños volver a algunos juegos tradicionales que no necesitan nada más allá de ellos mismos para divertirse.
🙏Vecinos conversan animadamente desde portales y balcones. Otros, entre los que me incluyo, se reencuentran con la noche y las estrellas, o con algún cuarto de los cuatro que hasta ahora tiene la Luna. Todo, más allá de inconformidades y altas cuotas de estrés por el caos y las vicisitudes que se crean por la dependencia de ese desarrollo que tanto confort nos brinda, hasta que algo lo frena o lo paraliza, vuelve a su estado primitivo. Hasta que, en fracciones de segundos, el interruptor o la palanca desmantela, con el mínimo esfuerzo, la casa de campaña de las alternativas tradicionales.
🙏Basta solo un "¡llegó!" y el primer instinto es apurarnos en pos del móvil, comprobar si "bajó" la conexión, y no importa la hora del día o de la noche; abandonamos el estado terrenal transitorio para internarnos en el ciberespacio, que es donde transcurre la mayor parte de nuestras vidas modernas, o por lo menos de lo que mayor porcentaje estamos pendientes por diferentes razones.
Cada cual. tiene la suya. .
🙏La conectomanía ha creado, por un lado, el efecto robot en un raro híbrido entre robot y "Sonvi" en las calles, hogares, transporte y espacios públicos, y, por otro lado, la impresión de que estamos en la calle comiendo tabletas de maní o paleticas de helado mientras hablamos, caminando o estacionados.
🙏La buena noticia es que ahora aquí en Cuba tenemos garantizados bastantes "días terrenales" con la megacrisis energética por la que está atravesando el país, así que tenemos bastante tiempo para darnos vueltas a los inicios o para reconectar con nuestras tradiciones y esencias espirituales, aunque ya muchos están saturados de esos apacibles días y añoran el caos del desarrollo.
🙏Gracias por la compañía.
🙏Texto original de mi autoría.
Todos los derechos reservados. ©.
ENGLISCH VERSIÓN
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Hoy salgo a la calle y, mirando el comportamiento de las personas, de veras que, de cierta manera, me sorprendí, porque me di cuenta de que días como hoy se podrían considerar "días normales".
Por ejemplo, noté que la gente estaba reunida en pequeños grupos diseminados por toda la geografía del entorno urbano, tanto en las aceras, los mercados como en los bancos. De cierta manera, eso viene siendo normal. Pero me percaté de que las conversaciones eran animadas y los interlocutores realizaban acciones y gestos típicos de intercambios donde las partes se conectan.
¡Qué sucedió hoy, y qué sé que ha pasado otras veces en que no he observado el fenómeno!
De pronto, me vino la idea de que hoy es un día normal, o era un día normal en otros tiempos, pero para la mayoría es anormal (no en un estado psíquico), pues se vive la carencia del fluido eléctrico y eso lleva a que pronto se quiete toda la rutina de otra cuestión que, producto del desarrollo tecnológico, se tiene como "normal".
¡Ahh, qué bonito! me dije.
Pero también se me ocurrió que realmente hoy es un día terrenal. Un día en que el apagón energético y, por consiguiente, la desconexión de internet ponen en reposo forzoso a nuestros teléfonos celulares y nos conectan con la otra realidad, la que hemos apartado a un lado por la conectomanía que nos ha atado increíblemente al hiperespacio de la red de redes, donde hemos quedado atrapados como en un moderno laberinto del que el hilo de Ariadna que nos posibilita salir de vez en cuando es la caída accidental o programada de las "conexiones".
Hoy noté que las personas en pequeños esos grupos de conversadores hacen los toques naturales en los humanos a sus interlocutores como costumbre de llamar más la atención sobre lo que expresan y que gesticulaban con los brazos abiertos, con la espontaneidad de quien tiene las manos libres. El desarrollo esclaviza y aleja de lo natural; por ejemplo, cuando fue inventada la primera forma de calzado, el hombre comenzó a separarse de la naturaleza. Cuando domesticó y tomó un animal como medio de transporte, comenzó a alterar el ritmo apacible del tiempo.
Pero creo que nada ha separado tanto al humano del otro en el plano físico como la telefonía móvil, asociado al paradigma de nueva era, a Internet.
No hay que hacer estudios sociológicos para demostrar que, gracias a Internet, se verifica aquel dicho popular de que: cuanto más cerca, más lejos, y cuanto más lejos, más cerca. A veces estamos más cerca de alguien que está a grandes distancias que de quien tenemos apenas a unos centímetros de nosotros.
En días como hoy, en que el desarrollo se quiebra con solo accionar un botón o una palanca, el hombre hace un viaje de retorno a su estado primitivo porque se queda sin lo que lo conecta a la fuente artificial. Así como también, hace tiempo perdido lo que lo conecta a la fuente originaria, o se la fueron eliminando, creando fuentes intermediarias.
Y no vengo aquí a criticar o poner en tela de juicio ese espacio virtual creado por el hombre, y que, como toda creación, tiene de todo; ni es bueno ni malo. Solo es. Lo demás depende del uso que le dé cada cual. Solo hago un comentario sobre la percepción de algo que me admiró y me originó este comentario.
La conectomanía tiene un efecto instantáneo sobre cosas que el desarrollo tecnológico dejó atrás en el mundo de las tradiciones. He visto también, en noches de apagones energéticos, a los niños volver a algunos juegos tradicionales que no necesitan nada más allá de ellos mismos para divertirse.
Vecinos conversan animadamente desde portales y balcones. Otros, entre los que me incluyen, se reencuentran con la noche y las estrellas, o con algún cuarto de los cuatro que hasta ahora tiene la Luna. Todo, más allá de inconformidades y altas cuotas de estrés por el caos y las vicisitudes que se crean por la dependencia de ese desarrollo que tanto confort nos brinda, hasta que algo lo frena o lo paraliza, vuelve a su estado primitivo. Hasta que, en fracciones de segundos, el interruptor o la palanca desmantela, con el mínimo esfuerzo, la casa de campaña de las alternativas tradicionales.
Basta solo un "¡llegó!" y el primer instinto es apurarnos en pos del móvil, comprobar si "bajó" la conexión, y no importa la hora del día o de la noche; abandonamos el estado terrestre transitorio para internarnos en el ciberespacio, que es donde transcurre la mayor parte de nuestras vidas modernas, o por lo menos de lo que mayor porcentaje estamos pendientes por diferentes razones.
Cada cual. tiene la suya. .
La conectomanía ha creado, por un lado, el efecto robot en un raro híbrido entre robot y "Sonvi" en las calles, hogares, transporte y espacios públicos, y, por otro lado, la impresión de que estamos en la calle comiendo tabletas de maní o paleticas de helado mientras hablamos, caminando o estacionados.
La buena noticia es que ahora aquí en Cuba tenemos garantizados bastantes "días terrenales" con la megacrisis energética por la que está atravesando el país, así que tenemos bastante tiempo para darnos vueltas a los inicios o para reconectar con nuestras tradiciones y esencias espirituales, aunque ya muchos están saturados de esos apacibles días y añoran el caos del desarrollo.
Gracias por la compañía.
Texto original de mi autoría.
Todos los derechos reservados. ©.

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