En la vida, continuamente nos encontramos con la necesidad de dar y recibir, en el contexto de las relaciones humanas, el término de "#dar" algo puede manifestarse de diversas maneras: amor, tiempo, atención; a pesar de esto, hay una forma de regalo a la que pocas veces se le hace referencia, pero que puede tener el mismo significado: la ausencia.
"Te regalo mi ausencia"
Puede sonar extraño, pero en realidad es un acto cargado de significado y reflexión, cuando nos referimos a la ausencia, no solo nos concentramos en lo físico, también en lo emocional, aquello que impactó no solo en nuestras vidas sino también en nuestras relaciones, a veces necesitamos alejarnos, ya sea para que las personas crezcan, porque nosotros junto a ellos no dejamos que ellos sean quienes deben ser, para regalarnos un espacio, porque necesitamos respirar o sanar viejas heridas.
La ausencia sirve para crecer como individuos de manera integral y poder reflexionar sobre nuestros actos.
Veamos este punto de la realidad que alguna vez nos embargó por ser, seres humanos, siempre tenemos un amigo el cual con nosotros es inseparable, compartimos todo desde los gustos musicales hasta las ideas más locas, pero, con el tiempo uno de los dos comienza a sentirse anulado o fuera de contexto, pues se ha encargado de agradar al otro y siente que se ha perdido en el intento, así que deciden tomarse un tiempo, ese tiempo no es una insolencia a su amistad, sino una manera de cuidarse cada uno y de reencontrar su propia identidad, un respiro que beneficia a ambos, ¿qué puede ocurrir después de esta corta separación?, que la amistad continue como si nada, que la mente se aclare y que los ánimos sean más llevaderos.
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La ausencia en el ámbito laboral es muy beneficiosa; nos sirve para darnos cuenta de que tomar un descanso nos ayuda a conectar con la familia, pero también nos motiva a desconectarnos de ella para comprender su vida y sus prioridades, la ausencia enseña a las personas a ser independientes, a reconectar con oportunidades que mejoren su desarrollo profesional de forma significativa. Si nos vamos por el lado romántico, darse tiempo es liberarse de la rutina monótona; cuando se toma la decisión de ausentarse, se dan un tiempo para valorar realmente a la pareja, la distancia puede ayudar a reavivar la pasión y el amor o simplemente darle punto y final a esa relación.
Regalar ausencia no es fácil, genera sentimientos de culpa o miedo a ser olvidados, es normal sentir temor por la distancia, que nuestros seres queridos nos echen de menos o nos olviden por completo; lo bueno de regalar ausencia es que permite que nos encontremos como personas, que aprendamos a valorar lo que tenemos y apreciemos profundamente las conexiones que hemos formado.
La ausencia es un acto de amor, es saber dar espacio a los demás y al hacerlo, les brindamos la oportunidad de crecer y desarrollarse sin presión de nuestra presencia constante; desprenderse no quiere decir que dejemos de preocuparnos o que nos desinteresemos por los demás, más bien respetamos la autonomía de cada quien, en tal sentido, la ausencia es un regalo que fomenta la autoexploración y el #autoconocimiento, tanto para quienes se ausentan como para quienes permanecen.
Lo aprendido en esta experiencia es importante, a veces hace falta detenerse un momento y analizar qué es lo que realmente queremos o necesitamos, esta acción de reflexionar nos sirve para entender qué valoramos de verdad en nuestro entorno, el simple hecho de ausentarse permite reordenar prioridades y poner límites, lo que permite que nuestros vínculos sean sanos y justos. Al dejar que otros experimenten nuestra ausencia, les permite valorar nuestra presencia, les digo esto porque, el ser humano no valora lo que tienen hasta que lo pierde, tomemos la ausencia como una dinámica, que sea para fortalecer lazos, que al ausentarnos nuestros seres queridos sepan que estamos bien, que el tiempo de separación sirva para recordar los momentos compartidos y todo lo construido.
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