Hay frases en la vida que parecen pequeñas y casi insignificantes para muchos, pero que encierran en ellas un universo emocionalmente filosófico como es entre tantas ellas “Deséame #Suerte”, suene sonar con ligereza, como si fuese algo usado para un ritual importante en el que la palabra nos llena de vida y emoción; sin embargo, esta palabra es una súplica silenciosa desde lo más interno de nuestro subconsciente, que reza profundamente “Estoy a punto de sumergirme en algo muy importante, que me reta y necesito sentir que no estoy solo”.

Deséame suerte, frase simple y profunda,
que encierra un universo de esperanza y duda,
una súplica que nace del alma y se expande,
cuando el riesgo llama y el miedo arde.
Entre la vulnerabilidad y la fe se balancea,
un pedido silencioso que al alma desea,
un manto invisible que calma la ansiedad,
un respaldo que impulsa con fuerza y verdad.
No es solo azar ni mera casualidad,
es el encuentro entre intención y realidad,
un acto de coraje en la incertidumbre,
donde el miedo cede y el alma se descubre.
Es también la voz que une y hace humano,
un puente de apoyo entre mano y mano,
reconociendo en el otro la misma necesidad,
de fuerza, esperanza y sincera verdad.

Desde el punto de vista emocional, esa palabra deséame suerte, revela esa mezcla de esperanza y vulnerabilidad, donde el que la expresa está reconociendo que por más preparado que se encuentre en un tema, la incertidumbre está latente en el individuo. Esta frase implica que la suerte o el azar debería estar de su lado “Como una luz esperanzadora al final del túnel” en dado caso que la habilidad y el conocimiento fallen, o como diría una frase conocida en nuestro país de una candidata política en una entrevista televisiva hace muchos años “échame una ayudadita”.


Desde el punto de vista psicológico podemos decir que puede entenderse como una estrategia pera regular nuestras emociones, ya que cuando verbalizamos la necesidad de suerte implícitamente podemos dar a entender un poco de ansiedad y expectativa sobre los resultados, reduciendo nuestra carga interna y compartiendo con toda la confianza, el simple hecho de que alguien nos demuestre ese apoyo con las palabras, “buena suerte, mucha suerte o cualquiera otra que nos cubra con ese manto invisible de suerte y poder, sobre esos resultados esperados, generando un efecto calmante y una sensación de respaldo que nos fortalece y da confianza.


Ahora, filosóficamente, la palabra deséame suerte nos recuerda que la vida no se vive en certezas, sino que cada paso en importante, por mas calculado que sea. La suerte, entonces no es solo azar: sino también es el reflejo de como el mundo nos da respuesta a nuestra intención, a nuestra energía y de esta misma manera a nuestra fe, aquí es donde nos damos cuenta del espacio donde lo racional se encuentra con lo imprevisible, ese momento es el momento de decir “deséame suerte”, entonces existe una paradoja muy interesante, la cual nos dice: “Aunque la suerte no la podemos controlar, se puede invocar”, ya que al pedir suerte reconocemos que no todo depende de nosotros, pero también afirmamos de esta manera que seguimos adelante y que el miedo no nos paraliza.



En síntesis él, deséame suerte, también comparte una dimensión social inmensa, es una frase que nos conecta, y que cuando la usamos formamos parte de la historia de esta misma, aunque sea brevemente, donde esta frase nos hace ver que nuestra presencia es importante, nuestra energía, nuestro valor y acompañamiento holístico es sumamente importante en ese momento “Sería como decir: Te acompaño en un deseo”.

Esta frase en la actualidad ha demostrado la interdependencia del individuo ante el individualismo presente en muchas culturas, recordándonos que aunque todos caminemos un camino propio, existen momentos donde necesitamos que otros nos miren, nos escuchen y nos deseen lo mejor, donde nos digan: “Estoy aquí, Suerte Amigo” no por debilidad, sino por humanidad pura y sincera, creando un efecto espejo en nosotros mismos recordándonos que en algún momento de nuestra vida, hemos necesitado ese impulso simbólico, ese empujón invisible que nos da fuerzas para seguir adelante.

Muchos pueden decir “No es cuestión de suerte, es cuestión de preparación”, entonces entramos en una diatriba, ¿la suerte existe, o simplemente es preparación?, como dirían algunas personas “La suerte es para los que no se preparan”, pero esta visión reduccionista puede demostrar en algunos casos que pueden encontrarse en el guion de la vida, y simplemente la suerte no forma parte de un factor principal, pero si de un complemento. Entrando en el margen de lo imprevisto y lo incierto de las eventualidades que siempre están presentes.

Entonces: Deséame suerte, es para mí una frase con muchísimo poder. En todos los rincones del mundo, bien sea tomado como superstición, cortesía o como espiritualidad, lo interesante de esto es que la necesidad de apoyo, conexión, esperanza, nos recuerda que la condición propia de los humanos, se fundamenta en enfrentar lo incierto con valentía y compañía en algunos casos, es decir, “Estoy aquí, con miedos, esperanzas y ganas de lograr lo cometido, donde necesito tus buenos deseos aunque sea por un instante”.

Así que mis amigos, la próxima vez que una persona les diga: “Deséame Suerte”, no lo tomes a la ligera, escucha y estate atento, y si eres tú quien lo dice, déjame decirte que eres valiente, que reconoces tu coraje, tu vulnerabilidad y tu deseo por avanzar en la vida, porque al final la suerte no cambia el resultado, pero si cambia como nos sentimos al enfrentarlo y eso es lo que en realidad importa en la vida.
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There are phrases in life that seem small and almost insignificant to many, but that contain within them an emotionally philosophical universe, such as among many others “Wish me #Luck.” It may sound light, as if it were something used for an important ritual in which the word fills us with life and emotion; however, this word is a silent plea from the deepest part of our subconscious that deeply prays “I am about to dive into something very important, that challenges me, and I need to feel that I am not alone.”

So: “Wish me luck” is, for me, a phrase with tremendous power. In every corner of the world, whether taken as superstition, courtesy, or spirituality, the interesting thing is that the need for support, connection, and hope reminds us that the human condition is based on facing the uncertain with courage and sometimes companionship; that is, “I am here, with fears, hopes, and the desire to achieve what I set out to do, where I need your good wishes even if only for a moment.”

So, my friends, the next time a person tells you: “Wish me luck,” don’t take it lightly—listen and be attentive, and if you are the one who says it, let me tell you that you are brave, that you recognize your courage, your vulnerability, and your desire to move forward in life, because in the end luck does not change the result, but it does change how we feel facing it, and that is what really matters in life.
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