¡Saludos, comunidad de Holo Lotus! 🌱
Soy , y hoy quería compartir con ustedes este pequeño cuento que nació durante una meditación sobre las prisiones que a veces construimos y nos privan de todo lo bello que existe fuera.
El fardo invisible
Luciano caminaba encorvado.
Siempre.
“¿Dolor de espalda?”, le preguntaban.
“No. Es el fardo”, respondía.
Nadie veía nada sobre sus hombros.
Al principio lo llamó Escape.
Era apenas una mochila donde metía los cansancios, las vergüenzas, las horas que no quería recordar.
Con el tiempo creció.
Se volvió maleta, luego baúl, después un cuarto entero que arrastraba a todas partes.
Ya no cabía por las puertas.
Ya no cabía nadie más.
Un día su hermana pequeña le tomó la mano.
Luciano se detuvo, incómodo.
—“Aquí dentro no cabe nadie” —dijo, señalando el espacio invisible de su espalda.
Ella lo miró sin soltarle.
—“No quiero caber en tu fardo” —susurró.
—“Quiero caminar a tu lado.”
En ese instante algo se quebró dentro de él.
No fue el fardo lo que sintió más pesado.
Fue todo lo que había estado dejando fuera para poder seguir cargándolo:
las conversaciones sin prisa,
las risas que no pedían permiso,
los abrazos que no tenían que justificar nada,
las personas que seguían esperando al otro lado del peso.
Y entendió, por fin,
que la verdadera carga
no era lo que llevaba puesto encima,
sino lo que había apartado de sus brazos
para hacer lugar al fardo.
Las dependencias no se miden solo por lo que añadimos a nuestra vida,
sino por todo lo que desplazamos,
por todo lo que excluimos
para que quepa lo que creemos que nos salva.
La libertad no empieza cuando soltamos la carga.
Empieza cuando recordamos
qué —o quién—
llevaba años esperando
caminar a nuestro lado.
Si alguna vez sientes ese peso invisible, pregúntate no qué estás cargando…
sino qué estás dejando fuera de tus brazos para poder cargarlo.
Con gratitud inmensa por este espacio de consciencia,
🌿