Qué tal, querida comunidad de , espero que todos se encuentren muy bien .
Hace algunos meses atrás, les comentaba en una publicación anterior sobre una incertidumbre que vivía mi esposa en ese momento. Por instantes, ella llegó a sentir que nuestro hijo no la amaba, una sensación dura, silenciosa y profundamente humana, especialmente para una madre que entrega todo de sí. Como contexto rápido, nuestro hijo en ese entonces estaba cerca de cumplir los 3 años de edad, y cuando escribí aquella publicación, nos encontrábamos en pleno proceso de aprendizaje como padres primerizos.
Lo cierto es que hoy la situación ha cambiado muchísimo, pero para bien, y quería tomarme el tiempo de compartirlo con ustedes. Nuestro nene, a medida que ha ido creciendo, también ha ido comprendiendo mejor el mundo que lo rodea. Ahora puede comunicarse con más claridad, expresar lo que siente, moverse con mayor seguridad y velocidad. Podría decirse que ya no es un bebé, sino un niño pequeño, y aunque suene obvio, el cambio es enorme. No es lo mismo cargar a un bebé que acompañar a un niño que empieza a construir su propia personalidad.
El día a día con sus abuelos, quienes lo cuidan mientras nosotros trabajamos, no ha cambiado demasiado en esencia. Sigue siendo un entorno lleno de amor y paciencia. Sin embargo, sí han cambiado las dinámicas: ahora demanda mucho más salir al parque, ir de paseo, explorar espacios nuevos. Para él, quedarse en casa o jugar solo en el patio ya no es suficiente, y eso, lejos de preocuparnos, nos parece perfecto. En nuestro caso, hemos hecho todo lo posible por limitar el acceso a pantallas, salvo situaciones muy puntuales, así que su energía y curiosidad buscan naturalmente el movimiento y la exploración.
Aunque ahora entiende más cosas, se divierte con sus abuelos y comparte momentos hermosos con ellos, ya distingue claramente quiénes son sus padres y quiénes son sus abuelos. Nos llama por nuestros roles: abuelo y abuela para ellos, mamá y papá para nosotros. Eso no ha cambiado. Lo que sí sigue ocurriendo, y nos causa gracia, es que cuando lo regañamos, corre a buscar a sus abuelos para que “nos regañen” a nosotros. Lo bonito de todo esto es que ellos siempre nos dan nuestro lugar como padres y no se prestan para alcahuetear al nieto, algo que valoramos muchísimo.
Llegar a casa después del trabajo hoy se siente distinto, especialmente para mi esposa. Antes, cuando ella llegaba, nuestro nene me buscaba primero a mí. Ahora, lo primero que hace es gritar “¡mamáaaa!” y correr directo a sus brazos. Luego viene conmigo, claro, pero ese primer gesto lo ha cambiado todo. Y cuando nos toca salir a trabajar y nos dice con esa vocecita triste “no te vayas mami, no te vayas papi”, se nos parte el alma. Duele, sí, pero también entendemos que es parte de la vida y del crecimiento, aunque cueste.
Para nosotros, este cambio representa un hito importante. Y como ya había compartido esta experiencia antes aquí en la comunidad, quise tomarme la oportunidad de actualizar el estado de esta historia. Si no leíste la publicación anterior, igual la comparto para que puedas tener el contexto completo.
Gracias por leer, feliz fin de semana mi gente, y que la pasen muy bien.