Hola, estimados amigos!
Espero estén pasando una excelente semana, junto a los suyos y en salud. Estoy muy contenta de estar nuevamente entre ustedes para compartir mis reflexiones y pensamientos. Hoy quiero hablarles de lo fuerte que podríamos ser aún sintiéndonos débiles...
(Lao Tse)
A la mayoría de nosotros nos han enseñado a admirar al "Mejor guerrero", al impetuoso, al que luce como que si el viento no pudiera despeinarle. El hombre duro que gana todas y cada una de las batallas que le toca pelear y que tiene en su haber un récord de victorias. Por otro lado hemos aprendido a ver con cierto rechazo a aquel que demuestra debilidad, que toma los retos y sin importar cuánto le cueste, vemos con desdén ese esfuerzo y lo subestimamos porque consideramos que le falta la actitud arrolladora del héroe y en ciertos casos nos atrevemos a suponer y a afirmar acerca de esa actitud "tan negativa".
Hemos sido, de alguna manera, los grandes jueces cuando se trata de juzgar la fortaleza del otro. Sin embargo, necesitamos recordar que:
"Cada uno, como individuo, tiene su propia forma de pelear las batallas que ha elegido y que las ganará, si ha de hacerlo, dentro del tiempo que le tome aunque para ello, muchas veces, la estrategia sea no pelear"
Puede que esto sea, ante los ojos de los demás, una demostración de debilidad o puede que sea una demostración de fortaleza interna.
Hace unas noches, mi esposo estaba viendo boxeo, peleas viejas por internet y algo que llamó mi atención en ese momento fue el hombre que tenían contra las cuerdas. Mi esposo me dijo que él era el campeón mundial y que luchaba por mantener el cinturón en su poder. Yo esbocé una risa y le dije, me parece que ese cinturón cambió de dueño esa noche y él solo me respondió, "esa fue su estrategia".
El hombre, visiblemente mal herido, con sangre en el rostro, recibió golpes hasta que hubo un momento que fue como si le hubiesen apretado el switch de encendido y comenzó a contraatacar a su contrincante quien por haber estado golpeándolo sin piedad, ya no tenía fuerza en los brazos y no pudo responder. El hombre que momentos antes estaba acorralado, aparentemente derrotado, sacó su mejor golpe de derecha y ganó por knock out.
Cuando me encuentro haciendo alguna actividad y siento que no estoy teniendo el resultado que espero, recuerdo lo que en una ocasión escuché, "el agua usa el tiempo a su favor". Ella, gota a gota, va debilitando la estructura de la piedra hasta que dibuja surcos, hendiduras que, con el tiempo, horadan y hasta cambian la forma inicial de la piedra. Esto me recuerda que, la respuesta está en la constancia. La perseverancia en el tiempo libera buenos resultados, recordemos la moraleja que nos deja el cuento de "La tortuga y la liebre".
Pero hay algo que me ayuda más aún, mi fe. Soy cristiana, y desde muy temprano aprendí que cuando mis fuerzas ya no dan, porque siempre he sido muy porfiada y suelo intentar hasta que vea que no hay posibilidades, cuando siento que mi conocimiento y mi Yo interior está cansado de luchar e intentar, descanso en las manos de Dios quien asegura que, en mi debilidad su poder se perfecciona y encuentro fortaleza.