He observado algo a lo largo de los años. Algunos hombres, cuando no tienen mucho dinero, demuestran mucha disciplina. Comen en casa, evitan salir siempre que pueden y se aseguran de tener una agenda apretada. Esto no se debe a que no puedan vivir como los demás. Es simplemente la forma en que demuestran su disciplina. Existe cierta estructura que inevitablemente se desarrolla debido a la limitación de sus recursos.
Sin embargo, en cuanto empiezan a ganar más dinero, se transforman en personas completamente diferentes. El hombre que solía pasar las tardes tranquilas en casa ahora prefiere pasar las noches en bares y restaurantes comiendo y bebiendo. Alguien que rara vez bebe alcohol, de repente, empieza a beber. Los fines de semana, que antes eran para que la familia pasara tiempo junta, ahora se convierten en un momento para asistir a eventos costosos al aire libre. Poco a poco, se encuentran haciendo cosas que antes evitaban.
Este cambio se debe a que ahora tienen dinero. Algunos hombres solo se portan bien porque no tienen suficiente dinero. Una vez que llega el dinero y su estatus cambia, también cambia su comportamiento. Empiezan a hacer lo que les hace sentir bien en ese momento. En ese momento, el disfrute se convierte en un hábito diario en lugar de un capricho ocasional. Al poco tiempo, sus cambios físicos empiezan a notarse: aumento de peso, barriga, cansancio constante y una pérdida general de equilibrio.
Un hombre disciplinado con poco dinero mejorará su vida discretamente cuando empiece a ganar más. Mejorará las cosas que importan y mantendrá el control de sí mismo. La mejora será visible en su hogar, sus hábitos y su estado de ánimo en general; no en cuánto puede gastar en cervezas y salidas nocturnas.
Pero un hombre que solo fue disciplinado porque estaba en la ruina empezará a vivir sin límites en cuanto vea dinero. Está convencido de que el disfrute debe ser visto y visible para los demás. Antes de darse cuenta, empieza a vivir de una manera que afecta a su salud, energía y objetivos a largo plazo.
Y muchos no notan estos cambios a tiempo. Un ingreso estable puede ocultar muchos hábitos poco saludables. Da una falsa sensación de seguridad, como si el dinero cubriera todas las consecuencias. Pero los resultados siempre se ven con el tiempo. No se puede recuperar la salud. No se puede recuperar la disciplina. No se puede recuperar el rumbo una vez que se abandona.
Un ingreso más alto no debería hacer que un hombre se pierda a sí mismo. Debería hacerlo más sabio, más intencional y más enfocado en construir una vida sólida. Si un hombre desea mejorar su vida, esto debería reflejarse en su carácter, sus hábitos y sus decisiones; no solo en cuánto gasta en entretenimiento.
La verdadera medida del crecimiento no es cuánto gana un hombre, sino cuánto autocontrol puede mantener cuando tiene opciones. El dinero te da libertad, pero la disciplina determina qué haces con esa libertad.
La cuestión aquí es que no es el dinero lo que destruye a los hombres, sino la falta de disciplina cuando llega el dinero.