Me detengo a observar todo lo que he aprendido…
y me doy cuenta de algo hermoso:
no soy la misma que comenzó este camino.
Mis palabras han cambiado.
Mi forma de expresarme, también.
Y aunque el crecimiento puede ser silencioso, invisible para muchos,
dentro de mí florecen nuevas raíces.
En estos últimos meses, decidí apostar por mí.
No solo en lo personal, sino en lo creativo, en lo espiritual y también en lo digital.
Porque sí, la tecnología ,tan criticada a veces, puede ser también una aliada poderosa cuando la usamos con intención.
Gracias a este espacio que lo descubrí hace un mes he aprendido a escribir mejor,
a nombrar lo que siento, a entender cómo conectar con otros desde la palabra.
Y también he descubierto herramientas que me ayudan a dar forma a mis ideas:
desde una imagen que refleja una emoción,
hasta la posibilidad de usar nuevas expresiones que nunca había considerado.
Cada texto que publico lleva mi alma.
Y aunque muchas veces es difícil —porque te exponés, porque te juzgan,
porque tenés que demostrar una y otra vez que lo que hacés es real y auténtico
yo sigo adelante.
¿Sabés por qué?
Porque este es mi jardín.
Y estoy aprendiendo a cuidarlo, a nutrirlo, a confiar en él.
🌼 No soy experta.
🌼 No tengo estudios avanzados en literatura.
🌼 Pero tengo algo que nadie puede darme ni quitarme:
el deseo profundo de progresar y compartir lo que soy.
A veces duele. No voy a mentir.
Hay días donde me siento desanimada, como si todo el esfuerzo no valiera la pena.
Como si el sistema me dijera una y otra vez que no es suficiente.
Que debo justificar cada paso, cada palabra, cada imagen…
Y eso puede ser desgastante.
Hace muchos años atrás , antes de que mataran a mi mamita gané dos concursos de escritura , había que escribir un cuento, una historia , con personajes y todo lo que quisiéramos... recuerdo que escribí la cruda realidad de lo que estaba viviendo , el temor que sentía de ver a mamita herida y todo los demás .
Claro los personajes fueron inventados y ciertas circunstancias, meses después ese cuento se volvía realidad cuando en la prensa salia que habían matado a una madre con 6 tiros en Uruguay.
Pero algo en mí se niega a abandonar.
Porque esto también es parte de mi camino de sanación.
De confianza.
De fe.
Y sé que otras mujeres como yo —madres, soñadoras, trabajadoras—
también están buscando su espacio.
Su voz.
Su luz.
Entonces me vuelvo a sentar frente a la pantalla,
y escribo.
Aunque me tiemblen las manos.
Aunque no tenga claro si me van a creer o apoyar.
Porque yo sí me creo.
Porque yo sí me apoyo.
Y porque cada palabra que nace de mi alma tiene valor.
Hoy agradezco poder usar la tecnología con conciencia.
Poder aprender con humildad.
Poder equivocarme, borrar y volver a escribir.
Poder florecer a través de este lenguaje moderno que, cuando se usa con el corazón,
puede sanar, inspirar y transformar.
Este es mi proceso.
No es perfecto, pero es mío.
Lo honro, lo respeto y sigo avanzando paso a paso.
Porque escribir es una forma de respirar más hondo.
Y compartir lo que escribo es una forma de amar más fuerte.
Gracias por leerme, por acompañarme.
Gracias por permitir que este espacio también sea una semilla de esperanza.
Para vos, para mí, y para todas las que estamos floreciendo a nuestra manera.
El texto es de mi completa autoría, la historia es mía basada en lo que me sucedió hace algunos años atrás
Y la imágen si es con IA para describir mejor lo que trato de transmitir a través de mis palabras.
—🌹🌹