A veces me cuesta explicar por qué sigo escribiendo cada día.
Me levanto con emociones revueltas, entre esperanza y cansancio. Hago lo que tengo que hacer, sostengo lo cotidiano, y aún así encuentro un hueco para mí… para esto.
Para volver a mí.
Para darme esta oportunidad de florecer palabra a palabra.
Hace cinco días comencé este camino de 30 días para reconectar conmigo misma.
No es un reto superficial, ni una lista de tareas.
Es una forma de volver al centro en medio del ruido.
Es mi manera de recordarme que yo también merezco tiempo, amor y verdad.
En estos días vengo hablando con símbolos, porque es la única forma que encontré de decir cosas que no siempre sé cómo nombrar:
Día 1: La semilla 🌱 — ese deseo callado de comenzar algo nuevo
Día 2: La raíz 🪵 — lo invisible que me sostiene en silencio
Día 3: El ajo 🧄 — la limpieza interior, lo que ya no puede quedarse
Día 4: La tierra 🌍 — donde reposo, me hundo y me fortalezco
(Y su continuación: “Desde la tierra hacia el alma”)
Si aún no has leído las publicaciones anteriores de este desafío, te invito a pasar por mi página y recorrer este viaje desde la semilla. 🌱✨
Y hoy… hoy es Día 5
Y siento que algo en mí empieza a moverse.
Muy suavemente.
Casi imperceptible.
Como si una chispa se encendiera en medio de tanto agotamiento.
☀️ El calor que no se ve, pero se siente
Este día no comenzó con grandes revelaciones.
De hecho, me desperté sintiéndome igual.
Pero algo fue diferente.
Mientras hacía el desayuno, mientras ordenaba lo pendiente, algo en mi pecho latía distinto.
No era ansiedad.
Era como una tibieza interna.
Una energía suave. Una fuerza que me decía:
“Seguís acá. Aunque todo esté igual por fuera, vos estás cambiando por dentro.”
Y me di cuenta de que el calor no es solo una temperatura externa.
Es la activación del alma.
Es esa señal silenciosa que te dice que algo dentro de ti se está preparando para florecer… aunque todavía no se note.
🔥 Mujeres que se levantan cada día aunque nadie lo vea
Este texto es para vos.
Que hoy hiciste mil cosas y aún así sentís que no hiciste nada para vos.
Que te sostuviste por dentro mientras sonreías por fuera.
Que limpiaste la casa, atendiste, cocinaste, pensaste en todos…
Este fuego que estoy sintiendo en el pecho no es perfecto ni espectacular.
Es chiquito.
Es apenas un murmullo.
Pero es mío.
Y me recuerda que estoy viva.
Hoy no quiero exigirme más.
Solo quiero agradecer que sigo aquí.
Que algo dentro de mí me empuja a seguir escribiendo, a seguir creyendo, a seguir sembrando.
Gracias por acompañarme.
Gracias por leer con el alma.
Seguimos ....
Seguimos… con calor en el pecho y raíces en la tierra.
📸 Imagen tomada de Unsplash.com elegida para acompañar el sentir de este día.
Y si alguna mujer que me lee hoy está sintiendo lo mismo —ese calor tibio que no sabe a éxito pero sí a verdad—
Entonces ya no estoy sola.
Estamos volviendo.
Juntas.
Con fuego suave en el alma y palabras que nos sostienen.