🔖 Hoy quiero compartir algo que me pasó en este dia tan marcante y con cambios inimaginables 8 de julio de 2025. Una experiencia que me tocó el alma y que transformé en una historia. Porque a veces, cuando sentimos que algo se rompe… en realidad estamos floreciendo distinto. Espero que te inspire si alguna vez sentiste lo mismo.
8 de julio de 2025.
Hoy me pasó algo que no esperaba. Algo tan simple y pequeño para el mundo… pero que a mí me apretó el pecho como si me hubieran sacado el aire.
Llevaba días sembrando con cuidado. Soy madre, mujer, y también creadora. Había encontrado en un rincón digital una tierra fértil para escribir con el alma, compartir lo que aprendí en mis días difíciles, y acompañar a otras con palabras que nacen del amor y del deseo de florecer juntas.
Mis publicaciones iban bien. Algunas tocaban corazones. Otras pasaban desapercibidas, pero todas llevaban mi sello, mi intención, y esa fuerza silenciosa que tenemos las mujeres cuando empezamos a creer en nosotras mismas.
Hasta que…
hoy, como una ráfaga de viento que uno no ve venir, me llegó un aviso.
Un mensaje que, aunque escrito con cierta cortesía, me cuestionaba.
¿Eres tú la autora? ¿La imagen es tuya? ¿Puedes comprobarlo?
No era un castigo.
Pero dolió.
No por lo que decía exactamente, sino por cómo me hizo sentir: como si de pronto todo lo que venía construyendo con tanto amor no fuera suficiente. Sentí que tambaleaba mi reputación, que quizás mis textos dejarían de llegar a quienes los necesitaban. Sentí miedo, culpa, angustia… incluso ganas de detenerme.
Y entonces, como muchas veces nos pasa en la vida, tuve que elegir.
Podía rendirme.
O podía transformar esa caída en una semilla.
Así que lloré un poco. Me quedé en silencio otro tanto. Y después… me escuché. Me di cuenta de que esto también es parte del camino. Que cuando el viento sopla fuerte y te tira una flor, no significa que has fallado. Significa que te están empujando a echar raíces más profundas, a buscar nuevos jardines donde seguir floreciendo.
Ese pequeño sacudón me llevó a explorar plataformas que había dejado de lado.
Volví a mi cuenta de Facebook con otros ojos, pensando en todas esas mujeres que quizás necesitan leer lo que tengo para decir.
Miré Instagram como quien mira un nuevo lienzo.
Me abrí a otras ideas, a nuevas formas de compartir lo que arde en mi pecho y quiere ser luz para alguien más.
Porque entendí que nadie detiene a una mujer que crea desde el alma. Que incluso cuando algo nos hiere o confunde, si seguimos firmes en lo que creemos y lo que ofrecemos, encontramos caminos que antes no veíamos.
Hoy me dolió.
Pero también hoy florecí diferente.
Florecí más fuerte.
Florecí sabiendo que lo mío no depende de una aprobación, sino de una convicción: la de seguir sembrando con amor, autenticidad y fe.
Y si tú, que me estás leyendo, alguna vez sentís que el mundo te cuestiona cuando solo estás tratando de hacer lo mejor que podés, te dejo este recordatorio:
No estás sola.
No te estás equivocando.
Solo estás creciendo.
A veces el viento no viene a arrancarte.
Viene a mostrarte que puedes enraizarte en otros suelos, más amplios, más valientes, más tuyos.
Busqué una imagen de una rosa blanca floreciendo entre rocas.
La imagen no es de mi autoría, la tomé de Unsplash, una plataforma de fotografías libres de uso.
La elegí porque transmite exactamente lo que sentí: cómo algo delicado puede florecer en medio de lo difícil. A veces, lo más frágil también es lo más fuerte