¡Hola! un gusto saludarlos nuevamente, es un placer estar aquí para compartir estas reflexiones con todos ustedes.
Como saben, me apasiona utilizar este espacio para conectar a través de historias, pensamientos y esas vivencias cotidianas que nos definen, hoy traigo un tema que nos toca a todos de cerca: esos momentos en los que la ira toma el control y perdemos de vista quiénes somos en realidad.
Imagina que tu mente es como una casa perfectamente iluminada, la razón es esa luz que te permite caminar con seguridad, ver los obstáculos en el pasillo y saber exactamente dónde estás parada. Mientras las luces están encendidas, puedes elegir tus palabras, medir tus pasos y mantener el equilibrio.
Sin embargo, todos llevamos dentro una carga de energía eléctrica llamada Instinto. A veces, esa carga se sobrecalimenta, en este caso por la rabia y no entendemos cuando no podemos controlarla.
De repente, ocurre lo inevitable: un cortocircuito, la electricidad falla y las luces de la razón se apagan de golpe , en ese microsegundo, te quedas a oscuras, ya no ves a la persona que amas frente a ti, solo ves al objetivo que debes destruir o derribar y sientes el calor del cortocircuito quemándote por dentro.
Pero en una casa a oscuras, solo logras tropezar y romper lo que más quieres, hoy vamos a descubrir qué sucede cuando el sistema se sobrecarga y por qué, cuando perdemos la luz, terminamos bebiendo el veneno que nos deja más sedientos que al principio.
A nadie le gusta admitir que, de vez en cuando, el monstruo nos gana. Preferimos decir: "Es que me sacaron de mis casillas" o "Es que yo soy de carácter fuerte". Mentiras. Son solo envoltorios elegantes para ocultar una verdad mucho más cruda: que a veces, cuando nos sentimos expuestos queremos medirnos en quien da el golpe más fuerte para causar mayor daño.
Imagina que estás en medio del océano, bajo un sol que te quema la piel., tienes tanta sed que sintes en la garganta esa sensación donde la humedad desaparece por completo y las paredes de tu garganta se vuelven rugosas y ásperas. Cuando intentas tragar, no hay suavidad; sientes que los tejidos se pegan entre sí, como si tuvieran pegamento seco o estuvieran llenos de arena fina. una necesidad desesperada de tener alivio y ahí justo al frente tienes el agua, rodeándote, infinita. Entonces, decides beber.
Al principio, el agua fría en tu boca se siente como un triunfo, sientes que estás tomando el control, que finalmente le estás dando a tu cuerpo lo que pide. Pero a los pocos segundos, ocurre la tragedia: la sal empieza a secarte las células, la garganta se te cierra más que antes y la sed se multiplica. Mientras más bebes para calmarte, más te deshidratas. Mientras más buscas alivio en el agua salada, más rápido te matas.
Es de noche y hay un silencio tenso, de esos que pesan más que los gritos. Estás discutiendo con tu esposo, otra vez por lo mismo. Sientes que no te escucha, que minimiza lo que sientes o que, simplemente, se queda callado mientras tú intentas explicar tu dolor.
Ahí es cuando la sed se vuelve insoportable. Sientes la sequedad áspera subiéndote por el cuello, te arde la garganta de tanto intentar explicarte sin éxito y sientes que te estás asfixiando en esa habitación necesitas, desesperadamente, algo que lo haga reaccionar, algo que le quite esa calma que tanto te irrita.
Tienes el "mar" de la ira a tus pies, luego miras a tu esposo y, de repente, tu mente —esa parte que ahora busca sobrevivir y no amar— te entrega el arma perfecta. Recuerdas ese complejo que él te confesó una noche, o ese fracaso que tanto le dolió, o esa inseguridad que solo tú conoces porque él confió en ti.
Y decides beber. Abres la boca y disparas:
"Por eso nunca logras nada de lo que te propones. Por eso hasta tu propia familia se alejó de ti. No eres el hombre que pretendes ser, eres una decepción."
En el segundo en que las palabras salen, sientes un frío eléctrico,se llama el alivio del agua salada. Ves cómo su rostro cambia, cómo sus ojos se apagan o se llena de rabia, Por un instante, sientes que "ganaste". Tu sed de ser escuchada se disfraza de poder porque lograste "darle en el blanco", sientes que el fuego en tu garganta se apagó porque por fin le dolió a él más que a ti.
Pasa media hora, él se fue a la habitación y se acostó dándote la espalda. El silencio ahora no es tenso, es un abismo, ahí es donde la sal empieza a quemar, la garganta, que hace un momento se sentía "fresca" por el desahogo, ahora es puro papel de lija, al intentar "saciarte" hiriéndolo donde más le duele, lo único que hiciste fue intoxicar el agua que ambos beben.
Bebiste el mar pensando que humillarlo te daría alivio, pero ahora tienes el alma seca, el corazón amargo y te das cuenta de una verdad aterradora: Para darle en el blanco a él, tuviste que traicionar la confianza de la mujer que él amaba. Ahora están los dos náufragos, muriendo de sed en una casa que solía ser un refugio.
[Consejos para evitar que el fuego en tu interior arda y se expanda]:
Debemos aprender a reacionar antes de que el fuego arda, para que ocurra una discusión se necesitan dos personas, tu debes ser un pacificador y no un encendedor:
✓Cuando alguien te hable con gritos, sarcasmo o agresividad, tú decides conscientemente bajar el volumen de tu voz y usar palabras pausadas y amables. El resultado será un desarme inmediato. La ira ajena necesita "combustible" para crecer; si tú no devuelves el grito, la otra persona se queda sin base para pelear , te sentirás en control de la situación en lugar de ser una víctima de las circunstancias.
✓Ante una provocación, respira y cuenta hasta diez, antes de abrir la boca tómate el tiempo para escuchar todo lo que el otro tiene que decir sin interrumpir, aunque sientas que no tiene razón. Obtendras como resultado más claridad mental. Al no reaccionar impulsivamente, evitas el "secuestro emocional" del cerebro, cuando finalmente hables, dirás algo inteligente y coherente, evitando la culpa que viene después de haber dicho algo hiriente.
✓Reconoce que no todas las batallas merecen ser peleadas, porque hay momentos donde lo más sabio no es ganar la discusión, sino retirarse para calmarse, el resultado será obtener respeto propio y ajeno. La gente empezará a verte como una persona con dominio propio y autoridad, algo positivo a largo plazo es que tus relaciones se vuelven más profundas y menos conflictivas, porque los demás sabrán que contigo se puede razonar.
✓Antes de explotar, pregúntate: "¿Por qué esta persona actúa así? ¿Tendrá un mal día? ¿Estará sufriendo?". Trata de ver más allá de la ofensa, como resultado obtendrás paz interior. Cuando dejas de tomarte todo como un ataque personal, la ira pierde su fuerza, ya que dejas de ser "fácil de provocar", lo cual te da una libertad emocional increíble.
Poner en práctica estos consejos te lleva de una vida de constantes "incendios" emocionales, a una vida de estabilidad, claro eso no significa que nunca más sentirás enojo, sino que ahora tú tienes el extintor en la mano y sabes cómo usarlo antes de que la primera chispa se convierta en un desastre.
la verdadera fuerza no está en quién grita más fuerte, sino en quién tiene la capacidad de no reaccionar impulsivamente