







"¡Hola a todos! 👋 Quiero contarles que, inspirada por la reflexión que escribió sobre la mujer, me animé a compartir un poco sobre mi propia visión y camino.
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He titulado mi relato 'Donde reposa el viento: Llamadas para sostener', un espacio donde hablo de la mujer que sostiene con propósito, sin necesidad de competir, siendo el cimiento de su hogar y sus proyectos. ¡Espero que les guste! ✨"
La Mujer que Sostiene (sust.): Aquella que reconoce su diseño único como puerto y motor; no busca el lugar del otro porque sabe que el suyo es el punto de partida y de retorno de todo lo que permanece.
A veces, en la pausa necesaria de la tarde, me quedo mirando mis manos. No son manos de hierro, ni pretenden serlo, son manos que conocen el cansancio, que han sentido el frío de la duda y el calor del esfuerzo. Pero son manos que han aprendido un oficio sagrado que no se enseña en ninguna escuela: el oficio de ser cimiento.
Durante mucho tiempo, nos han hecho creer que la fuerza es solo aquello que empuja, que choca, que grita o que conquista territorios. Nos dijeron que para ser valiosas debemos entrar en esa competencia feroz, usando una armadura que nos queda pesada y nos apaga la luz. Pero hoy, hablando desde el fondo de mi alma, entiendo que hay una fuerza mucho más poderosa y silenciosa. Es la fuerza de la que está hecha la raíz, esa que nadie ve, pero que decide si el árbol sigue en pie o se rinde ante la tormenta.
Cuando hablo de sostener, no hablo de una carga pesada que me dobla la espalda. Hablo de una capacidad divina de ser el "pegamento" emocional y espiritual de mi mundo.
A mis hijos no solo les sostengo el cuerpo mientras crecen; les sostengo los miedos cuando el mundo parece demasiado grande para ellos. Yo soy ese puerto seguro donde pueden encallar sus tormentas escolares y sus primeras penas de amor, tengo esa capacidad de escucharlos , aconsejarlos y callar cuando es necesario, en cambio a mi esposo, no lo cargo como si fuera un peso; lo sostengo siendo su contrapeso. En sus días de batalla, yo soy su paz; en sus momentos de duda, yo soy la visión que él ha perdido. Sostener a mi pareja es ser esa mano en su espalda que no empuja, sino que afirma: "Aquí estoy, y aquí estamos a salvo".
Nuestros proyectos en conjunto no caminan solo por la estrategia o el dinero. Caminan porque hay una fe que los sostiene. Yo soy la encargada de mantener la llama encendida cuando el viento de la incertidumbre sopla fuerte. Sostengo la visión del "mañana" cuando el "hoy" se ve oscuro.
Si tú me ves hoy entera, no es porque yo sea de piedra. Es porque he descubierto que para poder sostener a mi familia en lo emocional, lo físico y lo espiritual, primero tengo que dejar que Dios me sostenga a mí.
Hay momentos en que me encierro en el silencio y la soledad de los días y le digo: "Señor, mis manos son pequeñas y el mundo de los míos es muy grande". " Yo no puedo con todo esto " , " me siento agotada" , Y es ahí, en ese altar secreto, donde Él me reconstruye. Él sostiene mis emociones cuando estoy a punto de quebrarme por el estrés; Él sostiene mi salud cuando el cuerpo me pide tregua; Él sostiene mi fe cuando los proyectos parecen estancados, el sostiene mis miedos y me abraza tan fuerte que va uniendo mis pedazos.
Yo no soy el origen de la fuerza, soy el canal. Sostengo a mi familia porque Dios me abraza y me ayuda a avanzar, me presta Su fortaleza cuando mis brazos y mis pies se sienten cansados ¿ Quien dice que las mujeres no tenemos miedo ? Tenemos el doble de miedo, lo que sucede es que en mi caso, Él es la roca sobre la que yo me apoyo para que los míos puedan apoyarse en mí.
A ti, mujer, que a veces sientes que el peso es demasiado: no necesitas una armadura. Necesitas reconocer tu diseño. Fuiste creada con una arquitectura de amor capaz de dar forma al caos. No compitas por ser igual a lo que no eres; brilla desde esa sutileza que es, en realidad, tu mayor poder.
A ti, hombre, que caminas al lado de una mujer: reconoce ese latido invisible. A veces, la mayor fortaleza de tu casa no es el techo que tú provees, sino el suelo que ella sostiene para que tus pies no resbalen.
Sostener no es un sacrificio que nos anula, es una misión que nos trasciende. Es entender que si yo estoy firme en Dios, mi hogar tiene un refugio inamovible. Esta es mi historia, este es mi latido, y hoy elijo honrar la sagrada bendición de ser el sostén de mi mundo y de los míos...
"Me despido con la certeza de que cada una de nuestras acciones, por pequeñas que parezcan, son las que sostienen el mundo de quienes amamos. Gracias por leerme y por permitirme compartir este pedazo de mi alma con ustedes. ¡Bendiciones!"
Todas las fotografías presentadas en esta publicación son de mi propiedad, capturadas con mi teléfono tecno 30