Al leer tu publicación y lo que ha vivido el familiar de tu amiga, me trasladé a los días en que llegó mi hermano Enrique a mi casa en Maracay. El hombre había sufrido una caída y se había fracturado la cadera, el hombro y un brazo. El impacto nos hizo descubrir que padecía una enfermedad que le consumía los huesos. No podía levantarse; no podía bañarse ni asearse por sí mismo. Allí estuve yo, al pie del cañón.
Pero lo terrible fue cuando me tocó llevarlo al Ambulatorio del Norte para un chequeo con una traumatóloga de apellido García. Lo trasladamos en un vehículo particular que costó conseguir; en esos momentos de angustia los amigos desaparecen y, en aquellos días, ningún familiar estaba cerca. Llevarlo sentado le producía un dolor intenso. En el ambulatorio, pasaron horas antes de que llegara la doctora.
Lo positivo fue que los vigilantes se mostraron receptivos y ayudaron a bajarlo del carro y movilizarlo en silla de ruedas. Sin embargo, el trato de las enfermeras mientras esperábamos fue horrible, y no solo con mi hermano, sino con varios pacientes. Eso fue en un turno de la mañana. No entiendo por qué algunos empleados públicos desatan tal furia contra el ciudadano; si no les gusta su trabajo, deberían renunciar.
En otra oportunidad fui a CORPOSALUD, en Las Delicias, a solicitar una ambulancia para trasladarlo al Hospital Central, pues había contactado a un médico que nos ayudaría con todos los exámenes. La respuesta fue lapidaria: "si no hay dólares, no hay ambulancia". Un servicio que se supone gratuito. Tuve que ingeniármelas y pagar una ambulancia privada; no iba a pagarle al gobierno por un servicio que es un derecho.
En el Hospital Central nos atendieron bien; desde el camillero hasta los médicos fueron excelentes. Pero la falta de insumos y de personal convertía la espera en un infierno, y lo peor era tener que volver varios días seguidos.
Lamentablemente, mi hermano falleció el 6 de junio de 2020. Me queda el mal sabor de los espacios de salud pública. Tiempo después, una amiga médico especialista en salud pública me confesó que, en su gran mayoría, quienes están en los centros no están aptos; que los buenos se fueron del país y que el personal administrativo y de enfermería suele ser colocado por compadrazgo, con un conocimiento escaso sobre medicina y atención al paciente. No son todos, pero estoy seguro de que abundan porque lo viví.
Leer tu texto me revolvió la rabia; no por ti, hermano querido, sino por lo que nos ha tocado resistir en estos más de 20 años de maldad.
Un fuerte abrazo desde este lado del planeta.
!ALIVE
RE: Sensibilidad | Sensitivity