Vivimos con la sensación de que, si no estamos "en línea", no estamos en el mundo. El icono verde se ha convertido en una especie de cordón umbilical con la realidad, el trabajo y las relaciones.
Por eso, cuando el miércoles pasado después de un inconveniente técnico con mi WhatsApp esperaba sentir ansiedad y de hecho sí la experimenté. Pero además de eso, empecé a sentir otras cosas y por lo que, al ver que no podía resolver de inmediato ese percance, decidí cristalizar algo que venía rondando en mi cabeza desde hacía algunas semanas: desconectarme por completo durante uno a más días de esta aplicación. Así que dejé de intentar reactivarlo. Empezó allí mi camino a la liberación; sí, porque eso fue lo que viví: libertad, descanso, paz, relajación; experiencia que se prolongó por cuatro días seguidos.
Al principio, el impulso reflejo está ahí. Buscas el teléfono en el bolsillo o en la mesa ante cualquier silencio o pausa en el día. La costumbre es fuerte. Como dije al inicio: vivimos con la sensación de que si no estamos "en línea", no podemos vivir. Es más, que si no usamos WhatsApp ¡no existimos! olvidando que fue apenas en 2009 que nació esta aplicación, y en mi caso, la mi primera cuenta la creé en 2016, es decir de mis 42 años de vida, llevo usándola unos 10 años, aproximadamente. Pude vivir 32 años sin ella, ¿Qué me hace pensar que no puedo hacerlo ahora?
En fin, lo cierto es que una vez que superas esa inercia, ocurre algo fascinante: el tiempo se expande. Eso fue lo que me pasó.
El reencuentro con el "yo" productivo
Lo primero que noté fue una claridad mental que hacía tiempo no experimentaba. Sin el bombardeo constante de notificaciones, grupos y urgencias ajenas, mi atención dejó de estar fragmentada. Logré terminar tareas que venía postergando, y no por falta de tiempo, precisamente, sino por falta de enfoque y compromiso.
La verdadera productividad, la real, la efectiva, no es hacer muchas cosas a la vez, sino tener la capacidad de sumergirse en una sola actividad con presencia y concentración absoluta. En estos días, pude leer, escribir, reflexionar, diseñar con un sentido de propósito que el ruido digital suele opacar. Descubrí que gran parte de mi "cansancio" diario no venía del trabajo en sí, sino de la interrupción constante.
La humanidad detrás de la desconexión
Más allá de los logros profesionales, lo más valioso fue el reencuentro conmigo mismo. Estar desconectado me obligó a estar en silencio (al menos la ausencia de ruido de esa aplicación) y al estar en silencio pude escuchar mis propios pensamientos sin el filtro de la opinión ajena o la distracción inmediata. Hay una vulnerabilidad necesaria en el silencio; te obliga a preguntarte qué haces por elección y qué haces por inercia o, como dicen, en piloto automático.
A veces, nos da miedo no responder un mensaje al instante porque pensamos que el mundo se detendrá o que nuestra relevancia profesional disminuirá. O que alguien se va a ofender o sentir aludido. Pero reitero lo que mencioné líneas atrás: WhatsaApp es un medio de comunicación relativamente joven, señores ¡antes las comunicaciones eran lentas, no existía esa inmediatez invasiva y casi antinatural que hoy nos permite el internet! Y además, la otra realidad es que, aunque tú no respondas el mundo sigue girando, sigue su curso, los demás siguen su vida, pero tú empiezas a girar a un ritmo más sano. Entre varias cosas, pude disfrutar de conversaciones cara a cara sin mirar una pantalla sobre la mesa, y redescubrí el placer de estar presente, simplemente estando.
Estar fuera de WhatsApp no fue un castigo o una tragedia, más bien fue un mantenimiento necesario. Me permitió recordar algo que escuché en esta entrevista y es que la herramienta debe estar a nuestro servicio, y no nosotros al servicio de la herramienta.
Regreso con la mente un poco más clara, el enfoque renovado y la convicción de que, de vez en cuando, el mejor mensaje que podemos enviar es el de nuestra propia ausencia para poder encontrarnos de nuevo.
¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste el lujo de no estar disponible?
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