He llegado a una conclusión: de una manera u otra, todos somos movidos por un sentimiento en particular y si no somos movidos, somos paralizados por el miedo, es un poco fuerte hablar así, pero la realidad, más que agradar, incómoda, existen infinidades de miedos, pero hay uno en particular que nos devuelve a lo humano y ese es el miedo al rechazo.
Somos seres vivos pensantes, y desde la infancia buscamos ser aceptados, primero por nuestros padres, luego por nuestros compañeros y, a medida que vamos creciendo, cuando llegamos a la adultez, tenemos la necesidad de ser aceptados en nuestro entorno laboral o en las relaciones amorosas, la aprobación se convierte en un motor de acción, pero, esta viene acompañada de un temor a ser rechazado, el cual hace posible que nuestro vehículo se frene y no pueda arrancar.
No aprendemos a tenerle miedo al rechazo; él es parte de nuestra naturaleza social, pues nuestros antepasados, para sobrevivir, dependieron de sus capacidades para formar lazos y conexiones con otros; por ende, ser rechazados significa estar en aislamiento; en tiempos ancestrales, esto quería decir que la persona era abandonada a su suerte; tenemos herencia evolutiva y el aborrecimiento al rechazo es una respuesta a la lucha o la huida.
Cuando le hacemos frente a situaciones que pueden terminar en rechazo, solemos paralizarnos, ya sea un aumento salarial, la presentación de un proyecto importante, sugerir un cambio, invitar a salir a una persona que nos agrada, el miedo que emana de nosotros provoca parálisis por análisis, la mente se sutura de pensamientos negativos, se anticipa a hechos que aún no han ocurrido y crea escenarios que aparte de catastróficos, son preocupantes, ¿por qué a nuestro cerebro le sucede esto?, pues como seres emocionales nos imaginamos siendo rechazados, ridiculizados o ignorados por las personas que hacen parte de nuestro entorno, la anticipación alimenta el temor de actuar, este ejerce el trabajo de paralizante, y cuando se cree que nuestra presencia no es grata, deseada o adecuada, hay un refuerzo, y sí, es normal quedarse tieso, no es una broma aunque cuando muchos lo cuentan, nos reímos, a veces las personas quedan tiesos (paralizados) no por la impresión, sino por el miedo.
Saben, el rechazo no es un final devastador, forma parte de un proceso de crecimiento personal, nos brinda un vistazo a oportunidades que pasamos por alto, nos motiva a aprender e incluso a adaptarnos, les coloco un ejemplo el cual mi hija ha seguido, hoy en día la plataforma Wattpad está impulsando escritores, hay una señora colombiana que lleva muy buen hilo de escritura, la cual ha recibido muchas críticas, puede ser muy desalentador cuando todo es negativo, pero, las críticas son comentarios, y son esos los que nos muestran donde están las fallas, es sorprendente como esta señora se encargó de leer todos y cada uno de los comentarios, mejoro la escritura, perfeccionó su arte, tengo días observando su trabajo y aunque no escribe para todo tipo de audiencia, ha mejorado mucho como escritor, que quiero decir con esto, pues, que a veces el rechazo puede ser un buen maestro.
Aprender a superar el miedo implica cambiar de perspectiva, en vez de ver el rechazo como un reflejo de nuestro valor personal, comencemos a mirarla como la respuesta a nuestras acciones propuestas, dejemos de sobre #pensar y si lo vamos a hacer, seamos objetivos, en vez de: “no soy válido”, pensemos en: “no encajo aquí”. Para vencer al rechazo, debemos exponernos a lo que le tememos, es como dice mi antigua maestra de escuela si te da miedo hablar en público y debes hacer una presentación, practica primero frente al espejo, luego ve sumando de una en una persona, hasta llegar a un grupo considerable, cuando le hacemos frente a nuestros miedos, nos obligamos a confiar en nosotros y eso hace que crezcamos como personas y que el miedo se vuelva cada vez más pequeño.
Que recomiendo, aunque suelo abstenerme a ello; seamos autocompasivos, a todos nos pasa que en algún momento somos rechazados, pero eso no debe llevarnos a castigarnos, todo lo que tiene que pasar, pasará, eso no define quienes somos y mucho menos nuestro valor, siempre debemos estar acompañados de personas que nos valoren, que nos apoyen y que sin importar lo que pase, nosotros sabemos que podemos contar con ellos, porque el rechazo y la inseguridad se reducen de tamaño cuando ven que la persona cuenta con el apoyo incondicional, de familiares y amigos.
Recuerda, sentir miedo al rechazo es normal, a todos nos ha pasado; si este te paraliza, aprovecha el momento para conocerte y mejorar, cambia y lo hacemos entre todos, cambiemos nuestra forma de ver el rechazo, expongámonos al miedo, seamos amables, y recuerda que cada #no que recibimos es un empujón para aceptarnos y querernos tal cual somos.
P.D. Al sobrino le rechazaron la tesis; no quería subir la foto, pero su cara dice más de lo poco que dijo y lo mucho que se tragó.