¡Pueblo chico, infierno grande!
Más que un enunciado o acto de advertencia, es una forma de entender que toda decisión, causa o acción conlleva una consecuencia, ya sea negativa o positiva; debemos entender que, sin importar nuestra edad, somos responsables de nuestros actos.
La vida puede que sea injusta cuando somos adolescentes, que no se comprendan las cosas, que es más fácil esquivar los problemas cuando se los achacamos a otros; casi nunca pensamos con los sesos, pensamos con las vísceras, olvidamos que cada decisión que tomamos, por minúscula que sea, puede afectar nuestra estabilidad como la estabilidad de las personas que nos rodean; debemos ser un poco más conscientes, de nuestros actos y a qué nos conllevan, puesto que los resultados los podemos observar a corto o largo plazo, sin importar cuando, siempre van a estar presentes.
De forma anónima quiero compartir con ustedes, un caso que parecía que no iba a salir de la sala de emergencia, una chica es ingresada a altas horas de la noche con cortes en las muñecas un intento más que obvio, de acabar con su vida, es atendida por los médicos de emergencia suturada y dejada en sala de espera, un mal rato para el personal médico y un mal rato para los padres cuando funcionarios de la seguridad comienzan con las interrogaciones, las horas pasaban y el ambiente se iba colocando más y más tenso, hasta que la chica por fin despertó, al verse en el hospital y observar a sus padres, echó a llorar, pregunto a los médicos que salió mal, porque aún estaba viva, estos respondieron que fue fácil, seguía viva porque intento cortarse las venas y en vez de hacerlo en sentido vertical lo hizo en horizontal, no a lo largo de la muñeca al brazo, sino a lo ancho, en pocos segundos paso del llanto a la interrogante y posteriormente a la rabia, cuando entran los funcionarios, y le explican que necesitan tomar sus declaraciones, del por qué intento suicidarse, su cara era toda una encrucijada, veía a todos lados y de repente solo dijo, que se había cortado las venas porque la profesora de inglés no la dejaba respirar, todo era culpa de la profesora que la tenía oprimida.
Fuertes declaraciones llevaron a la policía a la dirección del liceo, en la cual tanto la directora como la profesora fueron llamadas a explicar la situación con la joven; la docente podía acarrear con consecuencias graves ante las acusaciones de la joven, pero se le pasó por alto algo: la profesora estuvo ausente un lapso escolar, no conocía a ninguno de los estudiantes de la sección y el trabajo asignado era en grupos de cuatro personas.
¡Saquen ustedes sus conclusiones!
Saben, las #decisiones individuales o colectivas, tienen consecuencias inesperadas, esta chica atrapada en los problemas familiares, en un dolor profundo, en la ansiedad y la desesperación, buscó a alguien a quien echarle la culpa de sus actos, alguien más para justificar su sufrimiento; el punto es reconocer que la responsabilidad de nuestras emociones o decisiones recae en nosotros mismos, el culpar a otras personas, en este caso a la profesora, refleja una carente capacidad de asumir la carga de las propias elecciones.
La adolescencia es fugaz, es normal sentir que la presión social pueda mas que las ganas de hacer las cosas, los deberes académicos ahogan por la cantidad y la presión, las emociones se saturan, buscar a quien culpar por nuestros actos puede ser un mecanismo de defensa, una forma de evitar hacerle frente a las consecuencias de nuestros actos o a la carga emocional de nuestros padres, debemos enseñarles a nuestros hijos, que echarle la culpa a alguien más, aunque se arregle el mal entendido, no resuelve los conflictos ni sana las heridas que no se pueden ver. El contexto educativo y los docentes juegan un papel importante no solo en la formación académica de nuestros hijos; cuando el docente se ausenta por un periodo, puede ser alarmante porque, aunque no lo creamos, ellos suelen llenar vacíos que en casa a veces no se llenan lo suficiente, ya sea de atención o apoyo, obvio esto no perdona el acto cometido por la joven.
Ayudemos a la juventud, enseñémosle que sus sentimientos son válidos y que vivir con madurez implica reconocer el impacto real de sus acciones.