Todos los días de nuestra vida, son días de enseñanza, días en los que nos toca aprender algo nuevo, o reforzar lo aprendido, días que, aunque queramos tener todo bajo control, la realidad es que uno se equivoca, y a veces sucumbimos en la culpa y otras cosas, en las que ni siquiera se nos pasa por la cabeza el arrepentimiento, y no porque no sea importante, solo que no esperábamos ver más de lo que el error nos mostró, hay experiencias que a veces son dolorosas, y me permito indagar en mis decisiones y las reacciones que mis elecciones generan en los demás, y sostengo que para ninguno de nosotros es una mentira, que en momentos de debilidad tomamos decisiones impulsivas, que no solo nos afecta a nosotros, sino que también afecta a los que nos rodean, a pesar de la decepción que sentí hacia otros no experimenté, remordimiento por mi elección.
Hay momentos o días en los que sucumbes, en los que te das cuenta, que por mucho cariño o mucho amor que le tengas a una persona, es momento de soltar, e izar el vuelo, ya las discusiones no llevan a ningún lado sino a la incomodidad y el enojo, cortar relaciones con las personas, sin importar el problema que haya ocurrido es lo mejor, cierras una puerta para abrir un espacio a la reflexión; cortar vínculos es doloroso, pero, en este momento de quiebre, a pesar de lo drástico que fue todo, falto remordimiento, falto culpa, pero en esa falta lo único que pude experimentar fue descanso, paz, primera vez en tanto tiempo que me sentí liberado.
El arrepentimiento puede que sea una forma de aferrarse a lo que no funciona, esta nos enseña a lamentarnos por nuestras decisiones, a tal punto de buscar la aceptación externa y sentirnos culpables por lo que hemos hecho, pero, hay momentos en los que los errores se convierten en oportunidades y descubrimos que tenemos límites y expectativas para con los demás, reflexionar sirve, ayuda a ver que a veces no nos decepcionamos de las personas, sino de las relaciones que tenemos con ellas, por eso no debemos depositar expectativas desproporcionadas en los demás, pues no todos tienen la obligación de actuar según nuestros principios y valores; cada persona es un mundo en sí, poseen sus propias creencias, luchas, debilidades y motivaciones; y sí, las relaciones humanas son sustancialmente complejas.
Interconectamos con los demás apoyándonos en nuestras propias experiencias y expectativas, a tal punto que olvidamos que cada individuo lleva consigo su propio equipaje emocional. La decepción que a veces experimentamos, no solo se basa en los sentimientos que vienen de los demás, sino en nuestra capacidad de no aceptar que las personas son diferentes a nosotros, erre y no solo por esperar algo de la otra persona, sino por la falta de empatía y comprensión hacia ella, sin importar mi edad siempre aprendo, y a veces los errores pueden ser #maestros muy valiosos, autoconocernos es complicado y el camino para llegar a él, es sumamente doloroso, pero es esencial en nuestro crecimiento como personas, tengo claro, que hay que valorar la autenticidad de los demás y no idealizarlos, aceptemos que los demás no pueden actuar según nuestras expectativas o necesidades.
Saben, creo que todos llegamos a este punto, a veces arrepentirse no es necesario, es más necesario y valioso aprender de nuestros errores y permitirnos crecer a partir de ellos, la #vida son momentos, nuestra mayor experiencia es ser honestos con nosotros mismos y con los demás, nuestros errores nos invitan a construir y trabajar en nosotros como seres conscientes, encargados de construir un futuro significativo.
Hay días en los que nos equivocamos, y no nos arrepentimos, días donde el verdadero crecimiento personal reside en nuestra habilidad para aceptar los desperfectos, los nuestros y los de los demás, y si no nos pudimos arrepentir, tengamos presente que lo importante es vivir con intención, valorar el presente y construir conexiones auténticas que enriquezcan nuestras vidas.