¿Se puede decir que, después de los cincuenta, pegan los años o pega la nostalgia?
Lo que pegue o no, sirve para detenernos y mirar atrás, creo que no soy la única persona que fui engañada, de cierto modo, cuando éramos niños, el mundo parecía un lugar maravilloso y fantástico, lleno de magia e incluso posibilidades, pasábamos horas viendo las formas de las nubes, jugando en la calle con los amigos, “preocupándonos”, aunque no sabíamos que era esa palabra, por llegar a tiempo para ver las caricaturas en un televisor que si no tenía servicio de cable a duras penas una antena que había que mover para mejorar la señal, los problemas eran algo lejano, casi irreales, pero, en cuanto fuimos creciendo, esa visión que teníamos de niño se fue desvaneciendo, y nos íbamos adentrando en un mundo un tanto absurdo.
Quizás sea yo, pero, tarde o temprano descubrimos la realidad, como esa de si trabajamos duro y somos buenas personas seremos recompensados, no obstante, cuando llegamos a adultos, chocamos con una realidad en la que por más que nos esforcemos, el esfuerzo no lleva al éxito, quizás sea suerte o destino, pero, hay personas que dedican su vida a estudiar y trabajar para enfrentarse en un futuro no muy lejano al desempleo, y esto no se debe a carencia de capacidades, lo que nos enseñaron comparándolo con la realidad que se vive día a día aparte de desconcertante suele ser desalentadora.
Cuando niños pensábamos que de adultos la libertad sería fascinante y muchos nos dimos de bruces, impactamos tan duros que cuando analizamos todo estamos abarrotados de responsabilidades, la vida de los adultos se presenta como un sinfín de responsabilidades, muchas aparecen de la nada; cuando niños nos preocupaba si tendríamos tiempo para jugar, comer ese postre delicioso de la abuela antes de que llegara la noche, de salir con los amigos al río, pero, la niñez dio paso a la adultez, y esas preocupaciones absurdas pasan a preocupaciones complejas, hay que pagar facturas, no dejar que se venzan, madrugar para ir a trabajos estresantes, tener que mantener relaciones profesionales con personas que en la calle ni te saludan.
De niños a adultos ocurren cambios, mi amiga paso años desde muy pequeña metida en danzas, horas dedicadas a perfeccionar el baile, con los pies magullados, el cuerpo adoloridos, pero apretando en sus manos un sueño, al ir creciendo y perder esa carita risueña y angelical, no logro avanzar en la industria, abandono su sueño de infancia por ser secretaria en una empresa dejando atrás su sueño; este es la muestra de un sacrificio común, pero, el mismo que nos lleva a cuestionar la lógica en la toma de decisiones de nuestra vida.
Parte de los absurdos están en las expectativas sociales, de niños nos enseñan a soñar en grande, a mi me lo hicieron y yo lo hice con mis hijos, el eslogan de "Puedes ser lo que quieras", muy famosa de la muñeca Barbie, sin embargo, se nos olvida algo muy importante, al crecer, nos encontramos rodeados de un sinfín de normas y expectativas que a menudo son injustas, y las redes sociales nos muestran parte de esa cruel realidad, cuando observamos imágenes de personas viajando por el mundo, viviendo en casas perfectas y disfrutando de relaciones ideales, y no es que sea malo, pero idealizamos un futuro muy difícil de alcanzar y cuando no logramos alcanzar todos nuestros objetivos, hacemos comparaciones constantes y editamos nuestra realidad.
El mundo es absurdo, y a veces nuestras vidas también lo son, y debemos tener en cuenta que en la vida aún hay espacio para la resiliencia y la adaptación, nos prepararon para soñar en grande y que todo lo que nos propongamos se puede hacer realidad, no obstante, no nos enseñaron a enfrentarnos a las desilusiones, y cuando le hacemos frente aprendemos a encontrar nuevas formas de felicidad y satisfacción, al final de los últimos años, mi amiga se preparó, estudio, se capacitó, e incluso no deja de prepararse ya no es una simple secretaria, es jefa de recursos humanos, se dio de bruces, pero le sirvió, con esto no les digo que dejen de soñar, sino que cuando sus sueños se vuelven inalcanzables es momento de trabajar en la realidad, quien quita que aunque no sea tu sueño, termine gustándote tu trabajo y de vez en cuando en un tiempo libre seguir bailando, cantando, pintando o sea cual sea tu sueño de pequeño volverlo un pasatiempo de adulto, tengan algo presente nunca es tarde para perseguir nuestros sueños, y lo que no se pudo en la adolescencia, quizás se pueda en la adultez.