Otra semana más que se va; supongo que soy la única persona que ve que el mes de enero se está como alargando, o tal vez al fin me están pegando los años, un mes de tener que ir a pie de un lugar a otro y rogándole a Dios que el mecánico se mejore porque sin el carro no me puedo desplazar tan lejos y la caminata, aunque es excelente para la salud, me está afectando los pies, en fin, creo que hoy no quiero saber de mis problemas por un rato.
En una de las caminatas nocturnas para llegar a casa, y digo nocturna porque después de las seis de la tarde en este pueblo para poder desplazarse solo hay dos opciones una seria en moto taxi, pero, a mi señora no le gusta, la otra opción es en el carrito de Fernando, un ratico a pies y otro andando; vamos nosotros hace unos días caminando muy tranquilos y en una esquina se nos adelantan dos personas, de esas que no saben hablar para ellos, sino que hablan para que las escuche Raymundo y todo el mundo, no las juzgo porque hubo un tema de su conversación el cual hizo que mi señora y yo nos miráramos fijamente.
Esa conversación que no nos incumbía me hizo recordar a mis hijos, con su afán de crecer rápido, hemos sido testigos de los crecimientos tanto personales como el de las personas que nos rodean, se crece no solo en la parte física, también en la emocional e intelectual, eso me hace recordar mis años de adolescencia cuando reinaba el mal proceder de nuestros padres en compararnos con nuestros compañeros de clases que según ellos eran perfectos y en nosotros creaba inseguridad; la competencia actual por presumir quien es el mejor de la clase, el que tiene objetos caros, el mejor vestido o el mas conocido habla de la persona en sí, y a veces se crece, pero, se carece de confianza en uno mismo, crecer duele y atrae dudas.
Crecer aparte de ser una palabra es un acto, y este está acompañado de la sanación, estos dos procesos me recuerdan a mi niñez, a muchos niños que pasaron por eso, a patrones de patrones, del cual hasta yo hice uso de ello cuando les decía a los más pequeños esas frases que creemos que sirven de algo: —“Sé fuerte” o “no llores”, como si el simple acto de ejecutarlo fuera una forma de hacerse grande, y una forma de demostrarnos a nosotros que esos dos actos marcan su temple, que no son vulnerables o débiles, siempre se nos olvida, que la valentía radica en enfrentar nuestras heridas, y si toca llorar debemos hacerlo.
El crecimiento y la sanación ameritan de tiempo y paciencia, en esta sociedad tan acelerada, olvidamos que algunas cosas no pueden apresurarse, la única que nos enseña de tiempo y paciencia es la naturaleza porque tiene la sabiduría de llevar la calma y cambiar de estación a su debido tiempo, porque solo el tiempo lento y constante nos muestra las lecciones que nos trae cada día y la belleza en el entorno, para todo hay que tener paciencia, el crecimiento personal, el físico y el emocional requieren de mucha dedicación y espera.
Crecer duele, sanar, duele aún más, aunque entre los dos se forja la persona que cada quien está destinado a ser, hago análisis y cuando hablo de crecer no me inclino solo en lo físico, sino del crecimiento de nuestro interior ese que deja marcas en el alma, marcas que se vuelven cicatrices que solo nosotros podemos sentir al pasar los dedos o al recordar.
Si bien hubo alguien que se sintiera identificado con el punto de vista anterior, hay que tener presente que para crecer debemos ser pacientes y dejar que el tiempo tome su curso y no nuestra prisa, las cosas valiosas requieren tiempo para desarrollarse, dejemos de exigirnos, juzgarnos o forzarnos cruelmente, fallar es parte del ciclo, y sin importar cuantas veces hallamos fallado debemos ser autocompasivos, porque las dificultades y el dolor son parte del proceso para crecer, cuando nos enfocamos en querernos en ser amables con nosotros mismos, creamos nuestro espacio único para sanar y crecer
Crecer y #sanar, sanar y #crecer, sin importar el orden no son un acto en solitario, cuando tenemos personas que nos aman y nos valoran por quienes somos, nos apoyan sin importar lo loco que sean nuestras ideas, lo incoherente de nuestras palabras y la gallardía para ir por nuestros sueños, nos acompañan a soñar, a volar si así viene al caso, son ellos en los que podemos encontrar más que un consuelo, son un motor que hacen posible que nuestra motivación nunca se acabe, porque al momento de crecer y sanar somos nosotros contra nosotros para hacernos mejores, pero en el proceso de forje, son las personas que nos acompañan los que nos ayudan a ver, valorar y abrazar nuestras experiencias nuestro crecimiento, nuestra aceptación agradeciendo por ser y sobre todo por estar.