Espero de todo corazón que hayan recibido un venturoso año nuevo a aquellos que lo hicieron con la mayor alegría y regocijo, a los que los abrigó la tristeza por cuestiones ocurridas en sus círculos familiares o profesionales, les envío un fuerte abrazo, tengo entendido que cuando unos ríen, otros lloran; no todos tenemos la misma suerte ni la misma fortuna; recibimos el año agradeciendo tanto lo bueno como lo malo; la vida son momentos y todos y cada uno de ellos, así no se quieran, hay que vivirlos, porque para eso estamos hechos.
Siempre digo que la vida es compleja, complicada, tiene sus trabas, pero tengo entendido que cada una de ellas sirve como lección en nuestras vidas; dicen los creyentes y mi madre lo repite una y mil veces: “Dios le da sus peores batallas a sus mejores guerreros”; yo diría que cada ser humano es como el vidrio: para forjarse y transformarse de algo rústico a algo hermoso, debe exponerse a situaciones dolorosas, resistir el fuego para que después de tanto daño pueda ser algo nuevo; es muy fácil hablar de temple, fortaleza y perseverancia, pero es muy difícil trabajar para llegar a ellas, al igual que en nuestras vidas hay circunstancias o momentos que nos llevan a caminar con emociones que, por más que tomemos agua, son difíciles de digerir o se vuelven tan pesadas y oscuras que no podemos cargar u observar la luz que tenemos en frente.
Dicen que cada cabeza es un mundo, nadie es igual a otro, aunque físicamente se parezcan, incluso los hijos de los mismos padres, a pesar de tener la misma educación no piensan ni sienten lo mismo, creo que este fue el año más angustioso de mi vida, se sintió como la rueda de la fortuna en la feria, subidas y bajadas y de repente se quedó todo en una quietud, con muchas interrogantes y pocas explicaciones, se puede decir que, en incertidumbre; mi hijo mayor y su esposa dicen que para juzgar o hablar de otra persona hay que vivir su vida, ponerse sus zapatos, caminar desde la incomodidad de sus zuelas, transitar por los pedregales, digerir tanto los sentimientos como las emociones que esa persona sintió, tanto las buenas como las malas y luego de que salgamos lastimados podemos, darnos el lujo de hablar de alguien, y es cuando comprendo por qué cada que se acerca el treinta y uno de diciembre la anfitriona de la cena navideña mi madre, no solo bendice la comida, sino a las familias de todos los que estamos sentados en la mesa y aprovecha de decirnos que nos ama, que este es su último año con nosotros, no sé, o tal vez si comprendo, pero, hago caso omiso cuando los veo a todos en la mesa comiendo y a mí no me pasa ni el primer bocado.
Mi madre sentada tranquila en la mesa, nos invitó a todos a comer, primer año viejo donde faltaban muchas personas en nuestra mesa, pero, los que estamos somos los que decidimos quedarnos, o movernos para estar con ella, mientras todos hablaban mi madre los observaba y yo tratando de que de tanto masticar ya al fin pudiera tragar y no; mis hermanas dicen que ya es costumbre de mamá hacer eso a final de año, este es su último año, el siguiente nosotros debemos seguir con la costumbre que ellas nos inculcó y no dejar morir la tradición familiar, mientras que mi pecho se sentía oprimido, faltaba el aire y saben, salta mi nuera quien nos acompañó mas no comió por su problema digestivo: ¡come Jo, porque ese temor no se va de la noche a la mañana!, la angustia se instala como una visita no deseada, invade tu mente, ¡qué cosa más horrible no se lo deseo a nadie!, crea mil escenarios, bueno lo de mil es una hipérbole, pero, crea tantos escenarios catastróficos que el estómago se anuda de tantas realidades que aún no ocurren y que quizás no van a suceder, es difícil vivir en un estado de alerta constante, mis respetos a las personas que padecen esta condición.
Como si no basta con una emoción, después de recibir el año entre risas y lágrimas, cuando fuimos a dormir, no hubo sueño, me alivia saber que no fui el único al cual el insomnio lo visitó, la sensación de presión aumentaba tras cada pensamiento, y de la nada me sentía agitado, con muchas dudas, inseguro, agobiado, como si en ese momento en el que cerrara los ojos todo iba a cambiar, todo iba a acabarse, mi hermano dice que esa sensación se llama zozobra, él no durmió porque se sentía mal por no venir a pasar el que sería la última Noche Vieja de mi madre, he aquí un error del ser humano y el cerebro, nos adelantamos a sucesos que aún no ocurren, y en vez de calmar nuestras mentes, le damos giro a la cinta para que siga avanzando.
Embargan emociones difíciles de controlar, no crítico, ni juzgo cada una de las lecciones que impone nuestra madre sobre nosotros, pues, a pesar de estar casados y tener nuestros propios hijos, aun mis hermanos y yo dependemos de mamá para cierta toma de decisiones, no es que no sepamos como hacer las cosas, sino que necesitamos de sus palabras para saber que no estamos equivocados, y el simple hecho de pensar que mañana nos pueda faltar, nos hace dudar de si tenemos la capacidad de seguir haciendo las cosas bien, ¿miedo?, sí, tenemos tanto miedo a equivocarnos como a perder el pilar más importante que nos une como familia.
Emociones tan negativas, me enseñan que aún seguimos siendo humano, aunque a veces hablamos y nos comportamos como robots, al compartir, los mismos sentimientos, las mismas emociones, aunque con intensidades diferentes, nos dice que el ser humano está conectado con otros y con su entorno, la angustia y la zozobra, no son irreales no son palabras, hay miles de personas en el mundo que las están padeciendo, tienen luchas similares o más complicadas comparadas con las de nosotros; el hecho de conectar, de sentir empatía funciona como una curita a una herida que sabemos le tomara tiempo sanar, pero, no debemos olvidar que somos humanos y vivimos en sociedad, y no sabemos a pesar de las prácticas vivir aislados o solos, siempre buscamos de los demás, sin importar los problemas.
El ser humano todos los días #aprende algo nuevo, alguien nos da una lección o nos deja una enseñanza, y sin importar el mal trago de estos últimos días, aprendí, porque siempre aprendo algo, el colmo es que me toca después de viejo, pero, lo quiero compartir con ustedes.
Valoren los momentos de paz, los momentos de felicidad, cuando se sientan en zozobra recuerden que ella nos empuja a prepararnos y adaptarnos a lo incierto, si no llegásemos a sentir indignados tengamos presentes que ese sentimiento es el que nos motiva a luchar por algo correcto o justo, sentir ansiedad es normal somos humanos y estamos llenos de emociones, y justo son esas emociones las que nos empujan a encontrar nuestra fuerza para continuar y abrazar nuestro espíritu.
#Comprendo, que es normal tener miedo, y con miedo nos sentamos en la mesa, mi madre con su sabiduría silenciosa y su carga de bendiciones, nos enseña que el regalo más frágil que tenemos y nos da la vida es el tiempo, llevamos ocho años viviendo en la angustia de un futuro sin ella, una sensación que nos oprime el pecho, pero mientras esté, aprovecharé cada minuto con ella, como le dije ayer a mis hermanas hoy hago mantra, porque la mejor forma de rendirle homenaje a mi madre en vida es aprender a caminar mis propios zapatos, honro su dedicación por enseñarnos, por educarnos, por estar siempre presente a pesar de sus dolores, pero sobre todo, honro su gran dedicación por mantener viva la unión familiar, sé que la zozobra pasará, lo que no pasará, es el amor y los valores que ha sembrado en cada uno de nosotros, ese será nuestro mapa que nos guiará en los caminos oscuros.