El día de hoy, tocaremos un tema difícil de digerir, difícil en el hecho de que esta emoción despierta sentimientos negativos y en oportunidades menos pensadas, emociones y sentimientos nunca antes presenciados, el dolor se despierta, pero, para nadie es mentira que todos hemos experimentado la decepción, ya fuera por una relación que no fue como esperábamos, nuestras planificaciones de proyecto a corto o largo plazo no cumplieron los objetivos pautados, o equis problema, y es en ese punto donde no solo la tristeza osa a abrazarnos, sino que el vacío nos invade.
La decepción cuando yo la experimente era un hueco en el pecho y el estómago, hacía que se abrirá un agujero desde la zona abdominal hasta la garganta, de esos que les aseguro que ni la comida rellena, es normal sentir desilusión, todos, no la experimentamos igual, a cada persona, la decepción la embarga con sentimientos diferentes, pero algo sí sé, a todos nos lastima, nos cambia e incluso nos cierra temporalmente a un nuevo inicio.
El problema digestivo, los dolores de cabeza, el malestar físico, todo se vuelve más fuertes e incluso más insoportable cuando la decepción golpea con todas sus fuerzas, la autoestima decae, volviéndonos inseguros e incluso incapaces, nos puede embargar la ansiedad o la depresión si le damos poder y fuerza; de tomar la decepción de manera positiva con un optimismo consciente, decepcionarnos tiene sus ventajas porque aprendemos a adaptarnos a las circunstancias, reevaluamos nuestro trabajo y restablecemos nuestras metas, lo que nos lleva a trazarnos objetivos más reales y a observar de forma delimitada donde todo salió bien y donde fallamos.
Vocifero sobre la decepción porque a veces, esta nos visita, y saben, no es por culpa de un tercero o un objeto ajeno a nosotros, a veces nos decepcionamos de nosotros mismos, de las personas que comparten con uno el día a día, ese sentimiento que a veces no tiene explicación es el que embarga a mi hija y a las cuatro personas que están trabajando con ella en proyecto, su trabajo va en traspié, y tuvieron la osadía de culpar al tutor, yendo varias veces a las asesorías, se fijaron que siempre había un error, una falla, un déficit, y solo hasta hace dos días al verse llorando de decepción se dieron cuenta, que todo su problema no era de quien leía sino de los cinco que se sentaban y en vez de deliberar, debatir y discutir, comprendieron que pasaban más tiempo peleando entre ellos, que aportando soluciones a su objeto de estudio.
A veces creemos que los que caminan con nosotros no pueden llegar a decepcionarnos, y si lo hacen, pero a veces no es culpa de ellos, sino de la estima que nosotros sembramos en ellos, y en el caso de estos cinco mi hija fallo, por pensar que guiándose de otro proyecto e incluso preguntando en vez de afrontar al tutor, lograría salir invicta en el trabajo, se equivocó, lloró, y como le dije el lunes, y lo repito ahora: — ¡solo de ti depende que vas a hacer, pero si hoy no haces algo, mañana no vengas llorando!
Este sentimiento es difícil de afrontar no lo voy a negar, y no es que te apures para sobrellevarlo, es que lo experimentes, lo sientas, reflexiones, no te estanques en él, pero, sácale provecho, casi la mayoría de los aprendizajes son significativos, el dolor físico pasa, a veces entristece recordar lo sucedido, el consejo es poner mente positiva, es fácil decirlo y difícil hacerlo, no obstante, qué hermosas son las enseñanzas de la vida, porque una cosa es lo que uno aprende a nivel educativo y otra las lecciones de la vida, esto nos ayuda a conocernos como personas, e incluso valorar la vida.
Permítete sentir, la vida es como la torre de caídas en el parque de diversiones, ahorita estás abajo, luego arriba y nuevamente abajo, y así como te das la oportunidad mediante la adrenalina de sentir esas emociones y las mariposas o mejor dicho el estómago revuelto, date la oportunidad de sentir la decepción, porque ese es el inicio de tu crecimiento como persona.