El abrazo de siempre para mis amigos de @Holos-Lutus. Yo creo que la utilidad está muy relacionada con el crecimiento personal. Se me ocurrió hablar de este tema porque escuché a mi vecina decir: "estoy aburrida".
La noción de "ser útil" puede parecer anticuada o incluso exagerada ante el deseo de todos de vivir cómodamente con el mínimo esfuerzo. Sin embargo, nunca ha sido tan oportuno rescatar este valor, pues la utilidad hacia los demás no solo construye tejido personal y social, sino que se erige como uno de los motores más poderosos para el desarrollo interior.
Ser útil significa, en esencia, poner nuestras capacidades, tiempo o recursos al servicio de una necesidad propia o ajena, de manera que el tiempo se optimice y esa utilidad se convierta en ganancia económica y emocional.
Por muy ostentosa y categórica que se escuche, yo siempre tengo algo que hacer; por ello, los momentos de descanso me son más placenteros. Mis horas transcurren en el orden de mi hogar y el de mi madre, mi trabajo en Patrimonio, la escritura, los pasteles, la subasta de arte, leer, interactuar en redes y otros detalles más de orden familiar.
Lejos de ser una pérdida, este acto genera un círculo virtuoso. Cuando ayudamos, nuestro cerebro activa circuitos de recompensa y hormonas asociadas al placer y la conexión emocional. Este acto de utilidad evita el estrés, combate la depresión y nos llena de un sentido de propósito difícil de alcanzar con logros meramente materiales. Así, el crecimiento personal florece: aprendemos a enfrentar problemas nuestros y ajenos, desarrollamos empatía al ponernos en el lugar de otros y podemos vivir de nuestro esfuerzo.
El sentido de la utilidad también se inculca en la familia. Siempre que veo a mi hermano William, con discapacidad intelectual, terminar su empleo y luego de descansar, continúa con sus pequeñas piezas de madera.
A veces descubrimos habilidades que ignorábamos. La utilidad nos saca del ostracismo y nos enfrenta a una realidad más amplia, madurando nuestra perspectiva.
A nivel social, la oportunidad de ser útil es aún más evidente. Comunidades donde predominan la cooperación y el apoyo mutuo son más resistentes frente a crisis, pandemias o desastres naturales.
Una sociedad de personas útiles es una sociedad que gasta menos y prospera colectivamente. Además, cuando cada miembro siente que puede contribuir, se reducen las tasas de exclusión y marginalidad, porque nadie sobra.
Sin embargo, vivimos en una cultura que a menudo mide el valor de una persona por su producción económica o su estatus. Ser útil no requiere grandes gestos heroicos ni riquezas. Un niño que ordena sus juguetes y aprende de su familia alivia la carga de sus padres.
Las personas que se enfocan en el bienestar propio y ajeno, sin caer en el sacrificio estoico, reportan niveles más altos de satisfacción vital. Ser útil, por tanto, no es un acto de caridad unidireccional, sino una transacción donde todos ganan.
Al servir, no solo mejoramos el entorno: nos construimos a nosotros mismos como personas más plenas, conectadas y verdaderamente exitosas. Al final, crecer personalmente y edificar una sociedad mejor son dos caras de la misma moneda. Y esa moneda se llama utilidad compartida.
Gracias por visitar mi blog. Soy crítica de arte, investigadora social y amante de la cocina. Te invito a conocer más de mí, de mi país y de mis letras. Texto y fotos de mi propiedad.
Being Useful: A Path to Personal and Social Growth
The usual hug to my friends at @Holos-Lutus. I believe that usefulness is closely related to personal growth. I thought of talking about this topic because I heard my neighbor say, "I'm bored."
The notion of "being useful" may seem old-fashioned or even exaggerated given everyone's desire to live comfortably with minimal effort. However, it has never been more timely to rescue this value, because usefulness toward others not only builds personal and social fabric but also stands as one of the most powerful engines for inner development.
Being useful essentially means putting our abilities, time, or resources at the service of our own or another's need, so that time is optimized and that usefulness turns into economic and emotional gain.
As ostentatious and categorical as it may sound, I always have something to do; therefore, my moments of rest are more pleasurable for me. My hours go by taking care of my home and my mother's, my job at Patrimonio, writing, baking cakes, art auctions, reading, interacting on social media, and other small family matters.
Far from being a loss, this act generates a virtuous circle. When we help, our brain activates reward circuits and hormones associated with pleasure and emotional connection. This act of usefulness prevents stress, fights depression, and fills us with a sense of purpose that is hard to achieve with merely material accomplishments. Thus, personal growth flourishes: we learn to face our own problems and those of others, we develop empathy by putting ourselves in someone else's shoes, and we can live off our own effort.
The sense of usefulness is also instilled in the family. Whenever I see my brother William, who has an intellectual disability, finish his job and then, after resting, continue with his small pieces of wood.
Sometimes we discover abilities we didn't know we had. Usefulness takes us out of ostracism and confronts us with a broader reality, maturing our perspective.
On a social level, the opportunity to be useful is even more evident. Communities where cooperation and mutual support prevail are more resilient in the face of crises, pandemics, or natural disasters.
A society of useful people is a society that spends less and prospers collectively. Moreover, when each member feels they can contribute, rates of exclusion and marginalization decrease, because no one is left over.
However, we live in a culture that often measures a person's worth by their economic output or status. Being useful does not require great heroic gestures or wealth. A child who tidies up their toys and learns from their family lightens their parents' burden.
People who focus on their own and others' well-being, without falling into stoic sacrifice, report higher levels of life satisfaction. Being useful, therefore, is not a one-way act of charity, but a transaction where everyone wins.
By serving, we not only improve our environment: we build ourselves as more complete, connected, and truly successful people. In the end, growing personally and building a better society are two sides of the same coin. And that coin is called shared usefulness.
Thank you for visiting my blog. I am an art critic, social researcher, and cooking lover. I invite you to learn more about me, my country, and my words. Text and photos are my own.