Su hijo de 19 años recién cumplidos falleció a causa de una rara enfermedad que le fue diagnosticada hace unos seis meses, más o menos. Desconozco el nombre de la enfermedad; solo sé que el funcionamiento de sus músculos fue cediendo poco a poco hasta causarle la muerte. Sus padres, desde el momento de los primeros síntomas, estuvieron atentos y enfocados en buscar el tratamiento adecuado. Cuidaron de su hijo hasta el último instante. Pero lamentablemente falleció.
Buen día, amigos y amigas, hoy quiero utilizar este espacio para reflexionar y tratar de comprender lo que mi mente no logra entender.
Mi mente y mi corazón no han parado de tratar de analizar los designios de Dios, los recovecos de la vida y el ¿por qué? de todo. Me concentro en el agradecimiento y en decirme a mí misma que: Dios Padre tiene la última palabra y sus obras son perfectas y siempre tienen un motivo y un porqué.
Sin embargo, no dejo de sentir mucha pena y tristeza. Así como en el poema de "Los hijos infinitos" me conecto con esa madre y mi instinto materno la acompaña inmensamente en su dolor. No puedo evitar preguntarme ¿qué se puede hacer en momentos así, para aliviar a una madre? A ambos padres les queda la resignación y la espera de un consuelo que quizás nunca llegue.
A mí y a los que les conocemos, nos queda una sensación de impotencia. El deseo de tener una varita mágica para cambiar el destino de lo sucedido. Darle otra oportunidad a este joven o quizás ¿entender que ya todo estaba escrito?
Hoy desperté agradeciendo, como lo hago todos los días, pero sintiendo una extraña sensación en mi pecho. No dejo de pensar en el dolor de esos padres. Y pido a Dios que proteja y sane a todos los niños del mundo, a todos los hijos del mundo. Que se cumpla el deseo de todos los padres de llegar a viejitos y sean sus hijos quienes los despidan y no al contrario.
Cuando se tiene un hijo, todos los hijos del mundo se convierten en nuestros. Nos preocupamos e involucramos en las cosas que les suceden porque, esa magia de traerlos al mundo, nos hace vulnerables ante el dolor de cualquier padre.
La vida tiene tantas cosas hermosas y tantas cosas tristes a la vez.
El bienestar de los hijos es nuetsra fortaleza. Verlos sanos y felices nos reconforta. Por eso cuando el hijo de nuestro prójimo no está bien, nosotros tampoco lo estamos. ¿Cómo se llama esa sensación? o ¿es un sentimiento? ¿Es empatía?
Andrés Eloy y sus palabras... creo que siempre me acompañan.
"No te duermas niño, que dormir es feo, todo, todo, todo, se te pone negro"
Este es un extracto del poema: Giraluna duerme al niño. Un poema que cobra significado una vez que te conviertes en padre.