En la comunidad de Holos & Lotus, hemos ido conversando acerca de los diferentes enfoques que abarcan la consciencia y el ser conscientes. Son temas muy interesantes y enriquecedores para nuestro bienestar.
Para continuar en esa línea de reflexión, en esta etapa nos invitan a cavilar acerca de La Conciencia Cósmica, ese estado mental que nos lleva más allá de lo obvio y de lo que podemos mirar y tocar. Ese reconocimiento de que no somos solamente carne y huesos y que la vida no transcurre solo por inercia. La conciencia cósmica implica entender que existen fenómenos de energía que nos mueven y al cual pertenecemos, dándolos la potestad de crear y de cambiar. De recibir y entregar. De crecer y de avanzar. Reconocer que somos energía y que formamos parte de un inmenso todo. Yo lo llamo despertar.
El despertar de mi consciencia:
Cuando estaba pequeña, estudié en una escuela católica, donde me enseñaron a creer en Dios, en la Virgen y en muchos Santos. Además, me explicaban que Dios está en los cielos y en mi corazón, que es omnipresente.
Yo no entendía esa omnipresencia, pero sí me creí que Dios estaba en el cielo.
Hasta hace mucho tiempo después y gracias a la lectura de muchos libros y escuchando diferentes audios, aprendí a reconocer la energía que soy, de dónde vengo y hacia dónde puedo ir si me lo planteo.
Logré comprender la omnipresencia. Es decir, que entendí, que existe una gran energía de la que todos formamos parte. Existe un nivel de conciencia que nos permite reconocer, desde el punto de vista espiritual, que no estamos solos en el universo y que al mismo tiempo formamos parte de esa energía que conforma al universo.
El núcleo de esa energía, es como un imán que nos atrae y nos mantiene unidos. Estamos constantemente en contacto. La vida es una forma de experimentar. Siendo la energía que somos, tenemos la facultad para recrear situaciones y sentir que las vivimos. A ese núcleo de energía todopoderosa, le llamamos Dios, Jehovah, Alá, Universo, Adonai y otros nombres más, que utilizan diferentes culturas para identificar esa energía, de la que todos formamos parte. De ahí la frase: Hechos a imagen y semejanza. Formamos parte de esa energía, somos esa energía.
Entonces básicamente tener consciencia cósmica es experimentar ese nivel de conexión con la energía suprema. Es reconocer las vibraciones que la representan. Aprender a detectar señales. Aprender a comunicarse con esa energía y manifestar la realidad que queremos vivir.
Trabajar la conciencia cósmica:
Lo primero es reconocer que existe una energía cósmica todopoderosa, de la que formamos parte. Lo segundo es trabajar en nuestro ser y superar egos, miedos y creencias para aprender a percibir señales y poder conectarnos con ese universo de conexión divina.
Desde mi experiencia personal, puedo compartir que comencé reconociéndome como parte de la energía. Y reconociendo a mi alrededor todo lo que ella conformaba.
A través de la meditación aprendí a conectarme con mi YO y con mi intensión de vida. Las oraciones para comunicarme con Dios Padre, que está dentro de mí y no solamente en el cielo, han formado parte de mi despertar espiritual. Y también las diferentes técnicas que muchas culturas utilizan para comunicarse con la energía de Dios. De esas técnicas puedo nombrar, el Hohoponopono, la ley de atracción, la ley de asunción y los códigos sagrados.
Son técnicas que, junto al agradecimiento, me han ayudado a experimentar, diferentes manifestaciones positivas en mi vida y me han ayudado a despertar, a sentirme en un nivel de conciencia más elevado, donde reconozco que hay una energía que mueve y transmuta. No lo doy todo por hecho o vivo la vida en modo automático. Al despertar, reconocí en mi conciencia cósmica que puedo transformar mi realidad a través de la modificación de mis pensamientos y aplicando la gratitud.
Mi conciencia cósmica y la resolución de mis problemas:
Antes de saber que, a través de mis creencias y mis pensamientos, puedo alterar mi realidad. Le atribuía mis problemas al resto del mundo. Luego aprendí a reconocer que yo soy la creadora de mi realidad. Que si siempre pienso que soy pobre, siempre seré pobre, porque así lo creerá mi subconsciente y la energía del universo obrará para que así sea. Pero si, al contrario, me considero merecedora, feliz y abundante, así lo creerá y confirmará mi subconsciente y será otro el panorama que me pinte el universo.
Al ser energía y formar parte de la energía creadora (Dios) también puedo crear y es a través de mis pensamientos que lo puedo hacer. De manera que trabajo en reconocer y utilizar los pensamientos positivos y creativos para darle forma a mi futura realidad. Al principio me quejaba, me angustiaba y me dejaba llevar por pensamientos de no merecimiento y de que no podía con esto o con aquello.
Ahora me repito como un mantra, afirmaciones donde me reconozco poderosa, capaz, protegida, abundante y con mucha suerte. Son muchas, pero muchas las experiencias donde he vivido situaciones que comienzan con panoramas angustiantes y que luego se transforman en beneficiosas. La energía de la que provenimos es buena y siempre quiere que estemos bien. Dios es bueno.