, me sorprende cada vez que nos propone un tema para conversar, y es que, posee una gran habilidad para descubrir en nosotros la necesidad de crecer, de aprender, y creo que es por eso que es tan atinado a la hora de invitarnos a conversar.
Nos invita a observarnos y a observar, para reconocer de qué color será nuestra Navidad. Parece sencillo, pero si lo analizamos bien, podemos darnos cuenta de que hacer este ejercicio, nos ayuda a reconocer en qué frecuencia está vibrando nuestro subconsciente, de acuerdo a las emociones que estamos experimentando.
Yo siento que mi subconsciente se está pintando de azul:
El azul representa para muchas culturas, la frescura de la tranquilidad, de la paz y de la confianza. Y así me siento en estos momentos de mi vida. Estoy experimentando la tranquilidad y la confianza de que todo está bien. Y no es que no existan situaciones a mi alrededor que me angustian, pero me siento bien aferrándome a la creencia de que debo dejar que todo fluya y que sea Dios Padre quien con su Mano Divina nos cubra con su amor y nos permita seguir avanzando.
Para mí, el color de la salud es el verde, y el color de la fluidez y la riqueza es el amarillo; entonces, viendo que de la mezcla del azul y del amarillo surge el verde, me digo a mí misma: "Bueno mi subconsciente está azul y si dejo que todo fluya, tengo amarillo, y ambos resultarán en el verde de la salud"
Me siento saludable y en eso ha contribuido mucho el consumo de Kéfir, unos probióticos muy saludables que me presentó mi mamá y que aportan muchísimos beneficios, pero eso es tema para otra publicación. El punto es que me siento saludable, pero quiero ver saludables a quienes amo también. Mi esposo está mejorando mucho con su tensión arterial, gracias a Dios, sin embargo, me preocupa la salud de mi hermana, por problemas de cálculos en los riñones, lo está pasando muy mal y amerita cirugía, eso me tiene muy pendiente.
Entonces esta Navidad, siento que el color que predomina en mí y a mi alrededor es el azul, y gratamente puedo observar que, al dejar fluir, todo se mezcla para que en el próximo año, todo se pinte de verde sanidad.
Casualmente, ayer estuve pintando las paredes de la cocina y son de un color azul pastel. Por ahí vienen los cambios también.
Me siento tranquila, en paz, esperando con fe los resultados positivos del actuar de Dios. Mientras tanto, sigo avanzando. Pintando por aquí y por allá. Decorando. Cantando, disfrutando y preparándome para celebrar unas hermosas navidades bañadas de azul.
Ver a mis hijos sanos y felices, colorea aún más esa sensación de que mi Navidad es azul. Verlos tranquilos y emocionados por las navidades me entusiasma. Esta Navidad es de ellos y todas las que vienen. Así que en eso me enfoco para disfrutarlos y bañarme en ese azul.