Durante nuestra crianza y en la vida adulta, van pasando gran cantidad de personas que de alguna forma, dejan huella en nosotros. Ya sean familiares, amigos, conocidos, o simplemente porque estaban ahí en algún momento trascendental de nuestras vidas y su comportamiento quedó marcado en nuestros recuerdos.
Pero existe un grupo que, queriendo o no, inevitablemente dejará su huella en quienes estuvieron bajo su guía en determinado momento. Se trata de los maestros, esas personas que tienen la gran responsabilidad de educar, guiar y enseñar a muchos.
De eso se trata esta iniciativa que nos propone , de compartir ese recuerdo, esa huella, ese aprendizaje inolvidable que recibiste de algún maestro o maestra y que para ti sea, positivo o negativo, marcó huella en tu vida.
Maestros:
Disfruté cada etapa de mi vida escolar. Recuerdo con cariño a mis maestras de primaria, y aunque algunas tuvieran un estilo estricto en su forma de ser y de enseñar, a mi memoria vienen los momentos gratos y es con eso con lo que me quedo.
En primaria tuve la suerte de contar con maestras muy amigables. Recuerdo que incluso si alguna debía ausentarse por algún caso familiar, no sé, un permiso de maternidad, por ejemplo, nosotros sus alumnos nos entristecíamos porque no queríamos que nos cambiaran a la maestra, pero de inmediato nos encariñábamos con la siguiente que venía, ja, ja, ja.
Todavía recuerdo sus nombres y cuando las veo en algún sitio, no lo pienso dos veces para darles un caluroso abrazo. Casualmente, mi esposo y yo estudiamos en el mismo colegio, sin saberlo, y siempre coincidimos abrazando a nuestras maestras en común, ja, ja, ja, ja, ja.
En la etapa del liceo, fue como tener a los tíos y a las tías haciendo de profesores, pues mi papá y mi mamá fueron profesores en la institución donde estudié y muchos de sus colegas, compadres y amigos fueron años después mis docentes en el liceo. Entonces había ya, una herencia de amistad por ser la hija de sus amigos. De todos recibí un buen trato gracias a Dios.
Cuando fui yo, quien comenzó a trabajar como docente, mis antiguos profesores y amigos de mis padres, fueron quienes me recibieron con los brazos abiertos. Recuerdo la sensación tan cálida y extraña a la vez cuando me dijeron: "Bienvenida colega", me sentía orgullosa de ser ahora su colega, y al mismo tiempo, la responsabilidad me susurraba que debía cumplir o mejor dicho, enorgullecer a todo ese grupo grande de amigos profesores, ahora colegas que me recibían y me hacían seguir sintiendo como en casa.
En la universidad conocí también gran cantidad de personajes que dejaron bonitos recuerdos en mí. Algunos ya fallecieron, otros todavía tengo la dicha de poder saludarles con afecto.
Yo le tenía pavor a las matemáticas, y un par de buenos profesores me ayudaron a sobrellevar mi enemistad con los números. Luego se convirtieron también en mis colegas. Todavía les agradezco inmensamente su ayuda, en mi reconciliación con el hecho de sacar cuentas, medir y mucho más.
Mis grandes maestros:
Estoy agradecida por los aprendizajes recibidos de todos los docentes que pasaron por mi vida académica. Pero a quienes agradezco inmensamente, son a mis dos grandes maestros. Mi profesora de Castellano y Literatura (mi mamá) y mi profesor de Biología (mi papá) ellos, aparte de dejar un gran legado en mí como padres, también lo hicieron como maestros. Ya que fueron mis profesores desde el 1er año hasta el 5to año de bachillerato. Tuve la dicha junto a mis compañeros de clases de aprender a través de sus palabras y sus enseñanzas. No es porque sean mis padres, pero ver clases con ellos era un lujo, un disfrute inmenso y un regalo diario, porque, hay que ver lo bien que enseñaban su cátedra.
Quizás por eso, amo escribir y soy una lectora apasionada, aparte de que la biología y todo lo que tenga que ver con la ciencia de la vida, me fascina de pies a cabeza. Tuve buenos profesores, para enamorarme de esas dos áreas del conocimiento.
Gracias por visitarme, leer y comentar. Lo agradezco.