Mi salud se vio afectada con una neumonía que me paralizó en mi día a día y en mis quehaceres diarios. Estoy mucho mejor gracias a Dios, y deseando recuperar mi voz, esa voz que tanto amo y que modestia aparte suena muy bonita. La utilizo para comunicarme y para hablar todos los días y por ahora se encuentra fuera de servicio. Sé que volverá, está ahí, y pronto la seguiré disfrutando. Por ahora me regocijo en la escritura y en el regreso de la energía que brinda la salud.
En "Las cosas de Iris" , nos invita a reflexionar acerca de esas emociones o sentimientos, que nos hacen sentir posesivos sobre otras personas. Se trata de los celos. Ser celoso nunca ha sido bien visto, sobre todo porque quien padece de celos, casi siempre termina comportándose de forma negativa y queda evidenciado como un desesperado fuera de control.
Sé lo que es sentir celos. Es una sensación bastante desagradable que, por lo menos unas tres veces en mi vida, he sentido. Y digo que es desagradable, porque es una mezcla de miedos con incomodidad y enojo que te hace sentir descolocado.
Gracias a Dios, mi esposo nunca me ha dado motivos para sentirme así; sin embargo, alrededor de tres mujeres a lo largo de estos 26 años juntos (casi 27, el 12 de julio serán 27) se han "antojado" de él y lo han perseguido, por así decirlo. Me refiero que le enviaban mensajes con insistencia o lo invitaban a sus casas y le decían; repito textualmente: "Aprovechemos que estoy sola y mis hijos están en la escuela" Mi esposo siempre ha sido de una personalidad bastante transparente y me mostraba los mensajes. Lo hablamos y él les frenaba el comportamiento.
En esos momentos, aunque sabía que mi esposo estaba en contra de todo eso y se plantaba firme a mi lado, de igual forma no podía evitar sentirme molesta e incómoda y obviamente celosa. Agradezco el compromiso de mi esposo hacia mí, y la forma de demostrarme, siempre, siempre, que soy su prioridad. Su manera de tratarme me hace sentir tranquila y segura. Eso lo agradezco.
Una vez una amiga me dijo que, si mi esposo me celaba, era porque me quería, y me preguntó "¿Él no te cela?" Entonces me di cuenta de que nunca me había celado y pensé, que a lo mejor no le importaba mucho. Gran error, porque, por supuesto, que le importo y mucho. No es necesario que me esté vigilando y desconfiando de mí, para demostrarme que me quiere.
Por aquel entonces, un gran amigo se fue del país y chateábamos casi todos los días. Había sido mi compañero de trabajo y ahora estaba del otro lado del mundo en un lugar desconocido para él. Se sentía solo y yo era más o menos un ancla de amistad que lo mantenía conectado con su amada Venezuela. Mi amigo y yo teníamos un horario en el que nos conectábamos para chatear todos los días. Horas y horas de contarme cómo le iba por aquellos lares. Mi sorpresa más grande fue que un día mi esposo me dijo que, aunque sabía que él era mi amigo y que no había nada entre nosotros, se sentía incómodo y no le agradaba que pasáramos tanto tiempo hablando. Aquello me hizo sentir molesta y ofendida, porque sentí que había desconfianza.
Luego lo analicé con cabeza fría y comprendí que yo en su lugar también me habría sentido incómoda, así que lo hablé con mi amigo y decidimos distanciar un poco los chateos y comunicarnos lo necesario. Hoy en día, todavía somos muy buenos amigos, y ya no necesita tanta conexión con Venezuela, pues hizo nuevas amistades en aquel otro lado del charco. Cuando podemos conversamos y nos ponemos al día. Es un gran amigo.
Entonces los celos en mi caso, no se tratan de celos, sino quizás de establecer límites y comprender que hay cosas que son respetables y posesiones que, si son en consenso, son agradables de otorgar.
Las antenitas del Chapulín Colorado:
Al famoso Chapulín le vibran las antenitas cuando se avecina un problema. Yo siento que todos tenemos esas antenitas y que cuando alguien se acerca a rondar mucho a tu pareja, de alguna forma esas antenitas comienzan a vibrar, como para advertirte que hay un depredador o depredadora por ahí cerca. No se trata de ser un vigilante opresor, un desconfiado o un abusador. Se trata de no quedarte dormido en los laureles, mientras el depredador le respira en la nuca a su presa. Si la presa no se quiere dejar atrapar, es muy bueno y entonces tienes el permiso de reaccionar y espantar al atacante. Pero si la presa quiere ser atrapada, ahí no hay nada que hacer. Deja que se la lleve, porque esa presa quería ser cazada y punto. Tú te vas tranquilito y te dedicas a cuidarte mucho.