En nuestra comunidad estamos conmemorando y reflexionando todo lo que se pueda sobre el hecho de ser mujer. Sobre esa vulnerabilidad que está detrás de todas las fortalezas que nos mantienen a flote y sobre esas veces que la contención llega para que el muro de preocupaciones y miedos no se desborde.
El ser mujer ha sido y muy probablemente será tema de conversación por mucho tiempo. Y es que pareciera que ahora es cuando el ser humano va aprendiendo a reconocer lo que ser hombre significa y, por ende, lo que es ser mujer también. Y digo aprendiendo porque quiero creer que, después de tanta vida, después de tantos errores, por fin, se aclare un poco la situación y la humanidad entera se equilibre y se enfoque en lo que tiene que ser.
¿Y qué tiene que ser? Pues, a mi parecer, la comprensión de que somos energía. Tanto hombres como mujeres somos energía. Enfocadas de diferentes formas, sí, energías con diferentes funciones, sí, pero energías que en equilibrio y armonía pueden lograr infinidad de cosas.
Ambas formas de energía están dotadas de grandes capacidades. La mujer ya ha demostrado a lo largo de los años las maravillosas cualidades que posee. El hombre también. Aun cuando muchos hombres han hecho demasiado daño, existen infinidad de ellos que han sido nuestro pilar y han hecho, y hacen, cosas increíbles.
En mis casi 46 años, he observado y he experimentado diferentes manifestaciones en las que las mujeres han sido realmente crueles y viceversa. ¿En qué se basan esos comportamientos? Pudiera decir que en la crianza, pero es que también he visto a personas que, según los estándares, han sido muy bien criados y sus comportamientos demuestran maldad, insolencia, violencia, descuido y otras formas desagradables del ser. Sin distinción de sexo, el ser humano puede llegar a ser bastante desagradable.
Y en mis casi 46 años, también he tenido la dicha de observar la belleza humana, manifestada tanto en hombres como en mujeres. Es a esas muestras de amor, de fortaleza, de belleza, de creación, de entrega a lo que me aferro y lo que deseo rescatar y mantener en el tiempo. Me llegó a la mente la frase "Los buenos somos más". Y es que, entre hombres y mujeres, estamos muchos buenos (me incluyo; tengo la certeza de que puedo hacerlo).
Entonces, ahora que les he contado todo esto, creo que puedo responder a la pregunta que con entusiasmo nos invitan a responder en esta iniciativa de celebración:
¿Qué y quiénes la sostienen, la acompañan? ¿Cuál es su red de soporte, de apoyo? ¿Cómo mantiene su rol sin perderse en el reto diario de estar allí para lo que salga?
Comprendiendo que las mujeres somos una energía creadora muy importante y que poseemos grandes y valiosas cualidades, puedo decir que nuestro pilar, red de soporte, de apoyo y lo que nos mantiene enfocadas en ese avance cotidiano a través del camino llamado vida, es el hombre. El hombre, que es energía creadora muy importante, que posee grandes y valiosas cualidades para acompañarnos y mutuamente mantenernos en sano equilibrio.
Gracias a esos hombres que nos dan su mano y que terminan de complementar la energía que somos, es que somos como somos (¿me explico?).
Reconocernos mujeres, con la dicha de coincidir en esta vida con buenos hombres, es un gran acontecimiento. Yo me reconozco afortunada, por estar rodeada de hombres que complementan mi equilibrio y que así como el Yin y el Yang, fluimos como energías poderosas.
Ambos llegamos a sentir miedo, preocupación, vulnerabilidad, y es en ese apoyo mutuo que conseguimos lograr el bienestar de sentirnos acompañados y poder avanzar. La representación de esa otra fuente de poder que nos equilibra puede estar en nuestro padre, hermanos, primos, tíos, esposo, novio, amigo, etc. El encuentro de ambas energías siempre estará presente.
Feliz semana de la mujer.