En la comunidad estamos reflexionando y compartiendo nuestras visiones, aprendizajes y aportes, acerca de la Conciencia Colectiva. Es un tema con bastante tela para cortar, por eso nos invitan a seguir abordando este tema a través de diferentes publicaciones.
En esta oportunidad quiero conversar acerca de lo que decimos, de aquellas palabras que salen de nuestra boca y viajan hasta el subconsciente de quien nos escucha, incluso nosotros mismos.
Es bien sabido que la palabra tiene un poder impresionante en nuestras creencias y comportamientos. Algunas religiones dicen que la palabra decreta, otros dicen que lo que decimos tarde o temprano se cumple. "La lengua es castigo del cuerpo" reza una frase.
Lo que decimos tiene un valor importante, sobre todo si va dirigido a otros.
Lo que decimos, sí importa:
Las palabras que dirigimos a los demás en determinada situación, pueden ayudar o dañar. Si a un niño se le dice constantemente que no es hábil, que es lento, que no entiende, su comportamiento se centrará en esas afirmaciones y definitivamente su subconsciente se creerá cada una de esas palabras. Las palabras de ánimo y de aliento, fortalecen el autoestima y ayudan a fomentar la seguridad en sí mismo. Entonces hablar a un niño con frases edificantes, es una forma de ayudarle a su desarrollo psicológico y mental.
De igual forma ocurre en cualquier ámbito de nuestras vidas. La forma en la que le hablamos a nuestra pareja, las palabras que decimos a nuestra familia, el discurso diario que tengamos hacia nuestros compañeros de trabajo o empleados de nuestra empresa. Cada palabra es importante para crear un ambiente de armonía y para conectarnos con los demás, además de contribuir al bienestar emocional de los que nos escuchan.
Trabajar en lo que decimos:
Revisar nuestra forma de hablar y de dirigirnos a los demás, es importante para aprender a relacionarnos en armonía e influir de manera positiva en las emociones, autoestima y salud mental de quienes nos escuchan. Si al analizar tus oraciones al hablar, descubres y reconoces que estás siendo ofensivo, limitante, desconsiderado e irrespetuoso, tu deber, es recapacitar y trabajar en ti, esas situaciones que te hacen dirigirte a otros de esa manera.
Podemos esforzarnos por comunicarnos sin ofender, juzgar o atacar. Es cuestión de transformar esas palabras y crear frases edificantes, por ejemplo:
"No sirves para hacer esto" se puede cambiar por "Estás aprendiendo, pronto lo harás mejor"
"Haces todo mal" por " Tienes habilidades y podrás realizar esto"
"Siempre te equivocas" por "Es normal cometer errores, sigue intentando"
!"Tu idea es estúpida, eso no funcionará"! por "No estoy de acuerdo con esa idea porque..." o "Probemos tu idea y veamos si puede funcionar"
Trabajar nuestra empatía y respeto hacia los demás, puede ayudarnos en gran medida a lograr conversaciones donde prevalezcan el bienestar y la armonía. Evitar juzgar al otro, nos ayudará muchísimo a no lastimar. Generalmente las personas a causa de los ejemplos y creencias sociales, creemos que existe un "Deber ser" que depende de los valores y principios que tengamos, serán bien acogidos o no. Entonces tendemos a juzgar el comportamiento ajeno, sin saber en qué medida estamos lastimando o influyendo en la personalidad del otro.
Validar las emociones de quiénes nos rodean, nos ayudará a comprender sus comportamientos y por ende nos facilitará encontrar las palabras adecuadas para hablarles, sin juzgar, lastimar o denigrar.
Mientras nos enfoquemos en vivir en bienestar con nosotros mismos y con quienes nos rodean, el camino, siempre será cómodo. Sigamos sembrando conciencia.